CIENCIA Y COMPORTAMIENTO

Toma de decisiones: 5 lecciones que los insectos nos podrían dar.

Hormigas, abejas, saltamontes, cucarachas y moscas demuestran que incluso organismos con cerebros diminutos pueden resolver problemas complejos. Sus estrategias ya inspiran sistemas de inteligencia artificial, logística y toma de decisiones humanas.

Los seres humanos solemos asociar la inteligencia con la capacidad de analizar, reflexionar y tomar decisiones de manera consciente. Sin embargo, algunas de las soluciones más eficientes para resolver problemas pueden encontrarse en criaturas con cerebros diminutos.

Un trabajo publicado por BBC Future analiza cinco mecanismos utilizados por distintos insectos y plantea qué podemos aprender de ellos.

Las hormigas son el primer ejemplo. Cuando buscan alimento, distintas integrantes de la colonia exploran diferentes caminos y dejan rastros de feromonas.

Los recorridos más eficientes son reforzados porque las hormigas que encuentran comida regresan más rápido y dejan señales más intensas. Con el tiempo, la colonia termina privilegiando el camino más corto y eficiente, sin necesidad de que exista un líder que coordine la operación.

Este principio incluso dio origen a los llamados algoritmos de optimización por colonia de hormigas, utilizados en áreas como transporte, logística, planificación ferroviaria y redes de comunicación.

Las abejas, en cambio, tienen un mecanismo que recuerda a un sistema democrático. Las exploradoras buscan posibles lugares para instalar una nueva colonia y, al regresar, transmiten sus evaluaciones mediante la denominada danza de meneo.

La intensidad de la danza proporciona información sobre la calidad del lugar y otras abejas pueden comprobar la propuesta. Cuando suficientes exploradoras coinciden en una alternativa, se alcanza un quórum y la colonia toma una decisión colectiva.

El tercer ejemplo son los saltamontes jóvenes. Investigaciones citadas por BBC muestran que algunos individuos pueden detener momentáneamente su marcha y permanecer neutrales.

Esa pausa puede facilitar que el grupo abandone una dirección determinada y cambie de rumbo. Un experimento con personas encontró un fenómeno similar: permitir la abstención ayudó a determinados grupos a alcanzar consensos con mayor facilidad.

Las cucarachas aportan otra enseñanza. Dentro de una misma población existen individuos más audaces y otros más cautelosos.

Las simulaciones estudiadas mostraron que una mayor diversidad de comportamientos puede acelerar las decisiones colectivas. Un grupo compuesto por individuos demasiado exploradores puede tener dificultades para establecerse, mientras que uno formado únicamente por individuos cautelosos puede instalarse rápidamente en un lugar inadecuado.

Finalmente aparecen las moscas de la fruta, capaces de integrar distintos tipos de información antes de decidir. Pueden valorar simultáneamente una recompensa, su calidad nutricional, el riesgo asociado y experiencias anteriores.

Incluso su estado interno puede modificar su comportamiento: frente a una situación ambigua, una mosca saludable puede mostrarse más dispuesta a explorar, mientras que una sometida a estrés puede volverse más cautelosa.

La conclusión es que la inteligencia no siempre necesita estar concentrada en un individuo ni depender de una autoridad central.

Puede surgir de interacciones simples, de la diversidad, de la posibilidad de cambiar de opinión y de la capacidad de combinar información.

Desde las hormigas hasta las moscas, estos pequeños animales ofrecen una sorprendente lección: para tomar mejores decisiones, a veces necesitamos menos control centralizado, más diversidad, espacio para la duda y capacidad para aprender de nuestras experiencias.