EVOLUCIÓN
Del zorro al elefante (Desarrollo): cómo los animales se transforman para sobrevivir al mundo humano.
La presión ejercida por las ciudades, el cambio climático, la contaminación, la caza y otras actividades humanas está provocando transformaciones sorprendentes en distintas especies. Algunas cambian su comportamiento; otras ya muestran modificaciones físicas y genéticas que pueden aparecer en apenas unas pocas generaciones.
Durante mucho tiempo se pensó que la evolución era un proceso extremadamente lento, que necesitaba miles o incluso millones de años para producir grandes transformaciones. Sin embargo, distintos estudios muestran que algunas especies están cambiando mucho más rápido de lo esperado.
La razón está, en buena medida, en la enorme presión que los seres humanos ejercen sobre el planeta.
Las ciudades, el ruido, la contaminación, el cambio climático, la modificación de los hábitats, la caza y hasta el uso de antibióticos están alterando las condiciones de supervivencia de numerosas especies.
Los animales que consiguen responder mejor tienen más posibilidades de sobrevivir y reproducirse.
A este fenómeno se lo conoce como evolución contemporánea.
LAGARTIJAS PREPARADAS PARA LA CIUDAD.
Un ejemplo sorprendente aparece en Puerto Rico, donde las lagartijas anolis que viven en zonas urbanas presentan diferencias respecto de las que habitan en los bosques.

Los ejemplares urbanos tienen extremidades más largas y una mayor cantidad de pequeñas estructuras en las plantas de sus patas. Estas características podrían ayudarles a desplazarse sobre superficies artificiales, como vidrio y metal.
Lo extraordinario es que estos cambios parecen haberse producido en períodos relativamente cortos.
Las ciudades pueden ser ambientes extremadamente hostiles para la fauna, pero algunas especies encuentran allí nuevas oportunidades.
Hay alimento disponible, determinados depredadores pueden ser menos abundantes y algunos animales incluso consiguen reproducirse más.
ZORROS, MAPACHES Y LIEBRES.
Los zorros rojos británicos son un ejemplo de adaptación urbana. Las poblaciones que viven en las ciudades pueden presentar tasas de reproducción superiores a las de sus congéneres rurales, en parte gracias a la abundancia de alimentos.

Los mapaches urbanos de Estados Unidos, conocidos popularmente como “pandas de la basura”, también muestran cambios físicos.
Investigaciones citadas en el artículo encontraron características compatibles con un proceso temprano de domesticación, como hocicos más cortos y menor agresividad hacia los seres humanos.
En Dinamarca, mientras tanto, las liebres urbanas parecen estar aumentando su tolerancia a las perturbaciones provocadas por las personas. Ese cambio podría estar relacionado tanto con modificaciones en la expresión de sus genes como con la selección natural de los ejemplares más tolerantes.
PRIMERO CAMBIA EL COMPORTAMIENTO.
Los científicos destacan que la evolución no necesariamente comienza con una transformación física.
Muchas veces, el primer paso es modificar el comportamiento.
Un animal que aprende a evitar un peligro, encontrar alimento en un lugar diferente o tolerar una nueva condición ambiental puede sobrevivir el tiempo suficiente para reproducirse. Si esa característica tiene una base heredable, generaciones posteriores podrían presentar cambios genéticos asociados a ella.
Un ejemplo llamativo aparece en los armadillos de Illinois, que fueron observados con mayor frecuencia cerca de las carreteras. El asfalto absorbe y conserva el calor del sol, algo especialmente importante durante los inviernos extremadamente fríos de la región.
Utilizar las carreteras para regular su temperatura puede ser, inicialmente, una estrategia de comportamiento. Con el tiempo, esa presión ambiental podría favorecer nuevas adaptaciones.
PÁJAROS QUE CAMBIAN SU CANTO.
La vida urbana también está modificando a las aves.
Muchas especies han aprendido a ajustar la frecuencia, el volumen y el ritmo de sus cantos para conseguir que sus señales puedan escucharse por encima del ruido del tráfico.

Uno de los casos más estudiados es el junco ojioscuro, una pequeña ave que comenzó a establecer poblaciones permanentes en campus universitarios de California.
Los investigadores observaron cambios sorprendentes. Los ejemplares urbanos se volvieron menos agresivos, modificaron sus patrones migratorios y comenzaron a reproducirse antes.
También llegaron a criar más polluelos y algunas poblaciones comenzaron a construir sus nidos en árboles y edificios en lugar de hacerlo en el suelo.
Incluso desarrollaron alas más pequeñas, una característica que podría estar relacionada con las exigencias de desplazarse entre edificios y otros obstáculos urbanos.
ELEFANTES SIN COLMILLOS.
Fuera de las ciudades también existen ejemplos extremos.
En determinadas poblaciones de elefantes africanos aumentó la proporción de ejemplares nacidos sin colmillos.
La explicación está directamente relacionada con la caza furtiva: los elefantes con grandes colmillos son objetivos especialmente buscados. Al eliminarse esos individuos, los ejemplares sin colmillos tienen mayores posibilidades de sobrevivir y reproducirse.
De esta manera, una característica que normalmente podría representar una desventaja se convierte en una ventaja evolutiva frente a una amenaza creada por los seres humanos.
Algo similar ocurre con algunos peces. La captura sistemática de los ejemplares más grandes puede favorecer la supervivencia y reproducción de los más pequeños, provocando una reducción del tamaño promedio de determinadas poblaciones.
Incluso existen peces capaces de desarrollar mecanismos físicos de protección. El Fundulus heteroclitus, una especie del Atlántico, está desarrollando una piel más gruesa que puede actuar como barrera frente a determinadas toxinas y contaminantes industriales.
NO TODOS PUEDEN ADAPTARSE.
Pero la evolución tiene un límite: el tiempo.
No todas las especies consiguen cambiar con la velocidad suficiente para enfrentar las nuevas condiciones ambientales.
Algunas pueden modificar rápidamente su comportamiento, mientras que otras carecen de la capacidad necesaria para hacerlo.
Y aunque exista variación genética dentro de una población, los cambios ambientales pueden producirse tan rápidamente que la selección natural no tiene tiempo suficiente para favorecer las características adecuadas.
La paradoja es que los seres humanos se han convertido en una de las mayores fuerzas evolutivas del planeta.
Estamos cambiando los ambientes a una velocidad extraordinaria y obligando a otras especies a responder.
Algunas lo consiguen.
Otras quedan atrás.
Y para muchas de ellas, la diferencia entre adaptarse y desaparecer podría depender de qué tan rápido puedan evolucionar frente a un mundo que cambia cada vez más rápido.