SALUD Y BIENESTAR

No todo el estrés es malo: qué es el eustrés y cómo puede mejorar nuestro rendimiento.

El estrés no siempre es perjudicial. La ciencia distingue entre el distrés, asociado a ansiedad y agotamiento, y el eustrés, una respuesta ante desafíos que puede aumentar la concentración, la motivación y el rendimiento. La diferencia está, en buena medida, en cómo interpretamos la situación y en si creemos tener recursos para afrontarla.

Cuando alguien dice “estoy estresado”, normalmente se refiere a una experiencia negativa: ansiedad, tensión, preocupación, agotamiento o dificultades para concentrarse.

Sin embargo, el estrés no es necesariamente malo.

A mediados de la década de 1970, el endocrinólogo húngaro Hans Selye introdujo el término eustrés para diferenciar el estrés que puede resultar beneficioso del denominado distrés, asociado a consecuencias negativas.

La diferencia puede observarse fácilmente en situaciones cotidianas.

No es lo mismo sentir presión antes de una competencia deportiva que afrontar una crisis económica o una situación que percibimos como incontrolable.

En determinadas circunstancias, esa activación puede convertirse en una fuente de energía.

EUSTRÉS CONTRA DISTRÉS.

La neurocientífica Anne Laure Le Cunff propone una comparación sencilla: Dr. Jekyll y Mr. Hyde.

El eustrés representaría el lado más positivo y controlado de la respuesta al estrés. El distrés, en cambio, aparece cuando interpretamos una situación como una amenaza que supera nuestra capacidad de respuesta.

Ante una amenaza percibida, se activa la amígdala, una estructura cerebral relacionada con la respuesta de alerta. El organismo libera hormonas como el cortisol y pueden aparecer aumento de la frecuencia cardíaca, respiración acelerada y tensión muscular.

Cuando esa activación se vuelve excesiva, puede dificultar la concentración y perjudicar nuestro desempeño.

En el eustrés, en cambio, la experiencia puede estar acompañada por entusiasmo, expectativa y motivación. La dopamina participa en los circuitos cerebrales de recompensa y puede favorecer la concentración y el impulso necesario para afrontar un desafío.

LA CLAVE ESTÁ EN CÓMO INTERPRETAMOS LO QUE NOS PASA.

Una de las ideas centrales es que la misma situación puede generar respuestas diferentes en distintas personas.

Una entrevista laboral puede ser vivida por alguien como una amenaza y por otra persona como una oportunidad para demostrar sus capacidades.

Lo mismo ocurre con un examen, una competencia deportiva, una presentación frente a otras personas o incluso un proyecto laboral exigente.

Un factor decisivo es la evaluación que hacemos de nuestros propios recursos.

Si consideramos que el desafío es exigente pero creemos contar con las herramientas necesarias para enfrentarlo, es más probable que lo percibamos como un desafío.

Si, por el contrario, pensamos que las demandas superan ampliamente nuestras capacidades, la situación puede transformarse en una amenaza.

EL EJEMPLO DE LOS DEPORTISTAS.

Un atleta puede experimentar una enorme presión antes de una competencia. Sin embargo, esa presión puede ayudarlo a alcanzar un nivel de rendimiento superior al que consigue durante un entrenamiento.

La adrenalina, la concentración y la activación fisiológica pueden funcionar a favor cuando la persona interpreta esas sensaciones como parte de la preparación para afrontar el desafío.

Por eso, no necesariamente se trata de eliminar los nervios, sino de aprender a interpretarlos.

¿SE PUEDE ENTRENAR LA FORMA DE RESPONDER?

Los especialistas sostienen que nuestra relación con el estrés no está completamente determinada.

La manera en que lo interpretamos está influida por nuestra educación, nuestras experiencias anteriores y el contexto en el que crecimos, pero también puede modificarse.

Una de las estrategias estudiadas es la educación sobre el estrés: comprender qué ocurre en el organismo y aprender que determinadas respuestas fisiológicas no significan necesariamente que estamos perdiendo el control.

También puede utilizarse la visualización.

Por ejemplo, antes de una entrevista laboral, una persona puede imaginarse entrando a la entrevista, sintiendo los nervios y la adrenalina, pero utilizando esa activación para hablar con seguridad, concentrarse y responder adecuadamente.

De esta manera, el cerebro puede comenzar a asociar las sensaciones propias del estrés con una experiencia de control y desempeño exitoso.

La investigación todavía busca determinar cuánto duran estos cambios y cuál es su impacto a largo plazo.

La enseñanza fundamental, sin embargo, es clara: no todo estrés debe ser visto como un enemigo.

Cuando un desafío es exigente pero sentimos que podemos afrontarlo, la activación puede convertirse en concentración, energía y motivación.

El problema aparece cuando la presión se vuelve excesiva, sostenida o sentimos que no tenemos recursos para manejarla.

Por eso, quizás la pregunta no sea solamente “¿cómo puedo evitar el estrés?”, sino también “¿cómo estoy interpretando lo que me está pasando y qué recursos tengo para enfrentarlo?”.