CUIDADOS
Los dolores del teletrabajo: cómo evitarlos y cuáles son los peores errores.
Los especialistas explican las causas detrás de las molestias físicas ocasionadas por la rutina del trabajo remoto y detallan las pautas fundamentales para prevenirlas. El análisis aborda desde la ergonomía en la vivienda hasta la importancia de sumar pausas activas para proteger la salud muscular.
Desempeñar las tareas laborales desde el hogar suele asociarse con la comodidad del ambiente cotidiano, pero el uso prolongado de mobiliario inadecuado y las malas posturas provocan afecciones progresivas que se consolidan con el paso del tiempo.
Diversos profesionales de la salud advierten que este tipo de dolencias tuvo un crecimiento sostenido a raíz de la masificación del trabajo a distancia, debido a la permanencia de hábitos perjudiciales durante jornadas extensas.
Las consultas más frecuentes comprenden molestias en la zona cervical, los hombros y la región lumbar, además de inflamaciones musculares y tendinitis en antebrazos o manos.
"El dolor es una consecuencia y, por ende, habría que buscar la causa y no enmascararlo con medicación", señalan los expertos, quienes cuestionan la costumbre de recurrir a analgésicos o relajantes musculares para acallar los síntomas sin atender el origen.
En ese sentido, los técnicos remarcan que el desencadenante no siempre es estrictamente muscular, sino que puede responder a factores externos como deficiencias en la visión o la audición, las cuales fuerzan a la persona a inclinarse de forma indebida hacia la pantalla.
Ante la presencia de incomodidades recurrentes, se aconseja no naturalizar el malestar tras la jornada y realizar en primera instancia una evaluación médica para descarta afecciones de mayor gravedad.
Posteriormente, cuando se confirma un origen postural, la recomendación apunta a iniciar un abordaje con fisioterapia para incorporar pautas de reeducación corporal y hábitos saludables.
En materia de ergonomía, la indicación prioritaria consiste en evitar jornadas de trabajo sobre la cama o el sillón, optando por una silla con respaldo que permita recostarse levemente entre 90° y 115° y garantice el apoyo plano de los pies sobre el suelo.
A su vez, la pantalla debe situarse a la altura de los ojos para mantener el cuello alineado, complementando el hábito con interrupciones cada 45 minutos para ponerse de pie y realizar estiramientos suaves.