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Adopción responsable (mascota): las claves para que un perro adoptado se sienta seguro en su primer día en el hogar.

La llegada a una nueva casa supone un cambio brusco para un animal que puede venir de un refugio, de la calle o de otro hogar. Durante las primeras 24 horas es importante reducir los estímulos, respetar sus tiempos y evitar situaciones que puedan aumentar su miedo o ansiedad.

Cada 23 de septiembre se conmemora el Día Mundial del Perro Adoptado, una fecha destinada a promover la adopción responsable y recordar la situación de miles de animales que esperan una familia.

Para quienes deciden incorporar un perro a su hogar, uno de los momentos más importantes comienza precisamente cuando termina la adopción: las primeras horas en el nuevo ambiente.

El animal se encuentra de repente con olores, sonidos, personas y espacios completamente desconocidos. Por ese motivo, durante las primeras horas puede permanecer escondido, dormir más de lo habitual, mostrarse inquieto o incluso comer menos.

Estas conductas pueden formar parte del proceso de adaptación y no necesariamente significan que exista un problema de comportamiento.

Antes de que llegue, lo recomendable es preparar un lugar tranquilo donde pueda descansar sin ser molestado.

Allí debería disponer de agua fresca, una cama o manta y algunos objetos que pueda identificar como propios.

La idea es que tenga un refugio al que pueda retirarse voluntariamente cuando necesite tranquilidad.

También es importante evitar una bienvenida multitudinaria. Aunque familiares y amigos tengan entusiasmo por conocer al nuevo integrante, demasiadas personas, ruidos y estímulos pueden aumentar el estrés.

Lo aconsejable es permitir que el perro explore progresivamente y que sea él quien determine cuándo quiere acercarse e interactuar.

Una de las principales recomendaciones durante las primeras horas es no obligarlo a comer, jugar ni recibir caricias.

Si el animal evita el contacto o permanece apartado, es preferible darle espacio. Tampoco conviene interpretar inmediatamente esa conducta como rechazo hacia sus nuevos cuidadores.

La adaptación puede requerir tiempo.

La alimentación también puede verse afectada. Un perro que acaba de atravesar un traslado puede comer menos durante las primeras horas.

En lugar de cambiarle inmediatamente la dieta o insistir para que coma, es preferible ofrecerle su alimento habitual, agua y mantener horarios previsibles.

La primera noche puede ser especialmente complicada. Algunos perros pueden llorar, caminar por la casa, despertarse varias veces o buscar la presencia de sus nuevos cuidadores.

La recomendación general es mantener la calma y establecer desde el comienzo una rutina que incluya momentos previsibles para comer, salir, descansar y dormir.

Durante esta etapa tampoco es conveniente llevarlo a lugares muy concurridos, organizar reuniones en la casa, bañarlo sin necesidad o exigirle que interactúe permanentemente.

Si existen otros animales en el hogar, las presentaciones deben realizarse de manera gradual y controlada, evitando enfrentamientos o situaciones que puedan generar miedo.

Otro aspecto fundamental es la seguridad física. Un perro recién llegado puede intentar escapar debido al miedo o la desorientación.

Por eso, durante los primeros días es necesario extremar las precauciones con puertas, ventanas, patios y accesos al exterior.

Las primeras 24 horas tampoco permiten conocer necesariamente la personalidad definitiva del animal.

Un perro que inicialmente se esconde puede volverse juguetón cuando adquiere confianza, mientras que otro que parece tranquilo puede comenzar a explorar después de varios días.

El proceso de adaptación no tiene un plazo idéntico para todos los animales.

La paciencia y la previsibilidad cumplen un papel central. Mantener horarios relativamente estables y ofrecer un ambiente tranquilo ayuda al perro a comprender que se encuentra en un lugar seguro.

Las organizaciones de bienestar animal también recomiendan utilizar métodos de refuerzo positivo y evitar castigos ante conductas relacionadas con el miedo.

Sin embargo, no todos los cambios pueden atribuirse al estrés de la adaptación.

Si aparecen vómitos repetidos, diarrea intensa, dificultad para respirar, decaimiento marcado, dolor evidente, sangrado, convulsiones u otros síntomas preocupantes, es necesario consultar rápidamente con un veterinario.

Adoptar un perro no termina cuando cruza la puerta de su nuevo hogar.

Ese momento marca el comienzo de un proceso en el que el animal necesita aprender dónde está, quiénes son las personas que lo rodean y qué puede esperar de ellas.

En muchos casos, ofrecerle espacio, tranquilidad y tiempo durante las primeras horas puede ser tan importante como cualquier otra demostración de afecto.