SALUD Y ALIMENTACIÓN

Paradoja alarmante (Italia): uno de los países de la dieta mediterránea tiene cada vez más niños obesos.

Históricamente este país es asociado con una alimentación basada en verduras, legumbres, pescado y aceite de oliva, enfrenta una de las tasas más elevadas de sobrepeso infantil de Europa. El problema es especialmente grave en el sur del país, donde la pobreza, los cambios en los hábitos alimentarios y el entorno urbano están agravando la situación.

El país europeo fue durante décadas uno de los grandes referentes mundiales de la dieta mediterránea.

Sin embargo, hoy enfrenta una paradoja: sus niños se encuentran entre los que registran mayores niveles de sobrepeso y obesidad de Europa.

El problema es especialmente grave en el sur.

En algunas zonas de Campania, más del 40% de los niños de 8 y 9 años tienen sobrepeso.

En Ponticelli, en las afueras de Nápoles, los médicos reciben cada vez más pacientes a edades tempranas.

Uno de ellos es Salvatore, un adolescente de 17 años que pesa 170 kilos y presenta serias dificultades para caminar.

Los riesgos impiden por ahora una cirugía para reducir el tamaño de su estómago, por lo que comenzó un tratamiento con medicamentos basados en GLP-1 para disminuir el apetito y favorecer una pérdida de peso previa a una eventual intervención.

LA DIETA MEDITERRÁNEA QUE CAMBIÓ

La alimentación tradicional italiana ya no es la misma.

El modelo popularizado desde la década de 1950 estaba basado en verduras, legumbres, frutas, cereales integrales, pescado y aceite de oliva.

Con el paso del tiempo, los ultraprocesados ganaron terreno y muchos platos tradicionales comenzaron a combinarse con frituras, embutidos y productos de alta densidad calórica.

El especialista Valter Longo resume irónicamente la dieta italiana moderna en cinco palabras: pizza, pasta, papas, proteínas y pan.

EL PROBLEMA NO ES SOLO LO QUE COMEN

Los especialistas advierten que la obesidad infantil no responde a un único alimento, sino a la acumulación cotidiana de hábitos: bebidas azucaradas, productos muy calóricos entre comidas, poca presencia de frutas y verduras y escasa conciencia sobre la cantidad total de calorías.

También existe una dificultad en la percepción familiar.

Francesca, de 10 años y 60 kilos, practica gimnasia y baile, y sus padres nunca habían considerado su peso como un problema.

Sin embargo, su dieta incluye pan con crema de chocolate, dulces, pasta y casi ninguna verdura.

POBREZA Y OBESIDAD

La situación también está atravesada por factores sociales.

Campania, Sicilia y Calabria, que concentran elevados niveles de obesidad infantil, presentan riesgos de pobreza superiores al 35%.

Una alimentación saludable depende también del precio, la disponibilidad de productos, los hábitos familiares y el acceso a espacios para hacer ejercicio.

Muchas escuelas italianas, instaladas en edificios antiguos, cuentan además con gimnasios insuficientes para desarrollar una actividad física adecuada.

UNA GENERACIÓN MÁS LEJANA DE LA DIETA MEDITERRÁNEA

Italia intenta revertir la tendencia mediante programas educativos.

En Campania, más de 17.000 estudiantes de 25 escuelas participarán en una iniciativa orientada a mejorar los hábitos alimentarios y aumentar la conciencia sobre la obesidad.

Sin embargo, los adolescentes reconocen que conocer la teoría no siempre alcanza.

Los ultraprocesados están ampliamente disponibles y algunos platos tradicionales también cambiaron: una pizza puede incorporar papas fritas, salchichas y otros alimentos fritos, elevando considerablemente su aporte calórico.

ITALIA CAMBIÓ LA FORMA DE ENTENDER LA OBESIDAD

En 2025, Italia se convirtió en el primer país en aprobar una ley nacional que reconoce la obesidad como una enfermedad crónica, progresiva y recurrente, incorporando factores biológicos, ambientales y sociales más allá de las decisiones individuales.

Campania también es escenario de investigaciones como la denominada “dieta que imita el ayuno”, aplicada en adolescentes con sobrepeso.

Mientras algunos especialistas estudian sus posibles beneficios metabólicos, otros advierten sobre los riesgos de estrategias demasiado restrictivas durante la adolescencia.

La paradoja es contundente: el país que ayudó a popularizar la dieta mediterránea enfrenta ahora una generación cada vez más alejada de ese modelo.

El desafío no pasa únicamente por convencer a los niños de comer mejor, sino por transformar el entorno que define qué comen, cuánto se mueven y qué consideran una alimentación normal.