CONTRASTE GENERACIONAL

“Generación sobria” enfrenta una nueva amenaza: medicamentos usados para poder socializar.

El menor interés por el alcohol entre los jóvenes coincide con una mayor exposición a medicamentos y sustancias experimentales difundidas por internet. Expertos advierten sobre dependencia, intoxicaciones y una falsa sensación de seguridad.

Durante décadas, el alcohol fue una de las principales herramientas utilizadas por los jóvenes para desinhibirse y relacionarse, pero una parte de la Generación Z está rechazando ese modelo y opta por no beber.

Ese cambio, sin embargo, está generando una nueva preocupación sanitaria.

Algunos jóvenes comenzaron a utilizar medicamentos bajo receta para controlar la ansiedad social y sentirse más cómodos en fiestas o reuniones.

La pregabalina y el propranolol aparecen entre las sustancias más mencionadas, aunque no están diseñadas para funcionar como sustitutos recreativos del alcohol y su uso debe responder a indicaciones médicas específicas.

En las redes sociales se ha instalado la idea de que determinados fármacos pueden ser una alternativa aparentemente más limpia y barata al alcohol, en parte porque no producen una resaca comparable.

Los especialistas advierten que ese razonamiento puede ocultar los efectos adversos y los riesgos asociados al consumo indebido.

La pregabalina puede producir dependencia, sobre todo cuando se utiliza en dosis elevadas para provocar intoxicación, y su interrupción tras un consumo frecuente también puede generar dificultades.

El propranolol, en tanto, puede alterar la presión arterial y la frecuencia cardíaca cuando se emplea incorrectamente o en cantidades superiores a las indicadas.

A esto se suma que parte de los medicamentos utilizados con fines recreativos se obtiene por internet y fuera de los canales autorizados, sin garantías sobre su composición o concentración.

Los especialistas también ponen el foco en la ansiedad social, ya que para algunos jóvenes el medicamento funciona como una especie de “llave” para poder relacionarse con los demás.

Ese mecanismo puede agravar el problema si la persona comienza a creer que solamente puede hablar, trabajar, estudiar o salir acompañada de una sustancia.

La pandemia de covid-19 también figura entre los factores que los investigadores analizan para explicar el aumento de las dificultades de interacción social entre los jóvenes.

El fenómeno demuestra que una generación que bebe menos no necesariamente está libre de los problemas vinculados con las sustancias.

Para los especialistas, la cuestión central es comprender por qué tantos jóvenes sienten que necesitan modificar químicamente su estado emocional para desenvolverse con normalidad, mientras las redes sociales difunden estas prácticas y los mercados ilegales facilitan el acceso a medicamentos potencialmente adictivos.