Operación MIRLO
Investigación Uruguaya: incautaron droga, armas y detuvieron a tres tripulantes de un velero.
Prefectura Nacional Naval originó el seguimiento que permitió interceptar la embarcación con 1.075 kilos de estupefacientes al sur de Madagascar; la cooperación con agencias extranjeras confirmó que el cargamento no salió desde territorio oriental.
La investigación que permitió interceptar un velero con más de una tonelada de droga en aguas del océano Índico tuvo su punto de partida en Uruguay, a partir de información de inteligencia procesada por la División Investigaciones de la Prefectura Nacional Naval.
El caso, desarrollado bajo la operación denominada “MIRLO”, terminó el 25 de junio con la incautación de 1.075 kilogramos de sustancia estupefaciente, armamento a bordo y la detención de tres tripulantes de una embarcación de bandera polaca al sur de Madagascar.
El procedimiento expuso la dimensión transnacional del narcotráfico marítimo y, al mismo tiempo, colocó a Uruguay en un rol estratégico dentro de la pesquisa. De acuerdo con la información oficial, la maniobra fue advertida en territorio nacional cuando surgieron datos que indicaban que “una organización criminal utilizaría un velero para el transporte internacional de sustancias estupefacientes”, en un esquema de largo alcance, con rutas oceánicas, conexiones entre países y mecanismos diseñados para eludir los controles tradicionales.
A partir de esa primera alerta, la Prefectura Nacional Naval desplegó tareas de seguimiento, análisis e intercambio de información. Ese trabajo permitió identificar la embarcación, reconstruir parte de su recorrido y proyectar la investigación hacia el plano internacional, donde comenzaron a intervenir agencias especializadas en crimen organizado, narcotráfico marítimo y operaciones coordinadas en altamar.
Uno de los elementos centrales de la investigación fue la precisión sobre el vínculo del velero con Uruguay. Si bien la embarcación había sido objeto de seguimiento e interés investigativo en el país, las actuaciones permitieron establecer que “la sustancia estupefaciente no sería embarcada ni cargada en territorio nacional”. De esa forma, quedó descartado que el velero hubiera sido contaminado durante su paso por Uruguay.
Esa aclaración resulta clave para comprender el alcance del caso: Uruguay no aparece como punto de salida de la droga, sino como origen de la investigación que permitió detectar una maniobra criminal de escala internacional. La diferencia no es menor.
El país no fue plataforma de carga, pero sí escenario de una alerta temprana que terminó activando una red de cooperación capaz de seguir el rastro de la embarcación hasta aguas próximas a Madagascar.
La información generada por la División Investigaciones fue compartida con organismos extranjeros y permitió que la operación tomara volumen internacional. En esa articulación participaron JIATF-S, la Administración para el Control de Drogas de Estados Unidos —DEA—, la Policía Federal de Brasil, la Prefectura Naval Argentina y el Centro de Análisis y Operaciones Marítimas – Narcóticos, conocido como MAOC-N.
El desenlace se produjo cuando la Armada francesa desplegó medios navales en aguas situadas al sur de Madagascar, interceptó el velero y concretó el secuestro de la droga. Durante el procedimiento fueron detenidos dos ciudadanos bolivianos y un brasileño, quienes viajaban como tripulantes de la embarcación.
Además, las autoridades incautaron armamento que era transportado a bordo, un dato que agrega gravedad al episodio y refuerza la hipótesis de una estructura criminal con capacidad logística y operativa.
Desde el punto de vista investigativo, el resultado fue atribuido a la “rápida detección de la organización criminal” por parte de la Prefectura Nacional Naval y al “ágil intercambio de información” entre los organismos involucrados. Esa combinación permitió que una sospecha inicial se transformara en una acción concreta a miles de kilómetros de las costas uruguayas.
Fuentes vinculadas al procedimiento destacaron que la operación fue posible por el trabajo de inteligencia realizado “tanto en territorio nacional como en el ámbito internacional”, una coordinación que permitió sostener el seguimiento de la embarcación hasta su interceptación final. En ese engranaje, Uruguay aportó el primer impulso investigativo, mientras que los organismos extranjeros contribuyeron a consolidar la trazabilidad operativa del velero.
La operación MIRLO también marca un antecedente institucional para la Prefectura Nacional Naval, ya que constituye la “primera investigación con resultados positivos” obtenida mediante el intercambio de información con organismos como el MAOC-N.
Ese elemento consolida una línea de trabajo cada vez más relevante: la cooperación internacional como herramienta para anticipar movimientos del narcotráfico marítimo antes de que las cargas lleguen a destino o se diluyan en circuitos oceánicos de difícil rastreo.
En la misma línea, la Prefectura subrayó que estos procedimientos son consecuencia de una “permanente labor de cooperación internacional” impulsada desde la División Investigaciones. La frase resume el sentido de una estrategia que ya no se limita a vigilar costas o puertos, sino que busca detectar patrones, enlazar información sensible y activar respuestas compartidas frente a redes criminales con alcance global.
El caso deja además una lectura regional. Las organizaciones criminales utilizan embarcaciones de mediano porte, banderas extranjeras, escalas móviles y trayectos extensos para eludir controles tradicionales. Frente a ese escenario, la investigación iniciada desde Uruguay demuestra que la inteligencia naval, cuando se cruza con canales internacionales ágiles, puede tener efectos operativos mucho más allá del territorio donde surge la primera señal de alerta.
La incautación de más de una tonelada de droga, el secuestro de armas y la detención de tres tripulantes colocan a la operación MIRLO entre los procedimientos marítimos de mayor impacto derivados de una pesquisa iniciada por autoridades uruguayas.
Para la Prefectura Nacional Naval, el resultado fortalece su papel como actor regional en investigaciones contra el crimen organizado transnacional y confirma que el seguimiento de rutas marítimas exige coordinación, precisión y respuesta rápida.
La investigación continuará ahora con el análisis de la trazabilidad del cargamento, los vínculos de los tripulantes, la estructura que organizó el traslado y los contactos internacionales que hicieron posible la maniobra.