HISTORIA Y PRESENTE

Día de la Bastilla (hoy): la Revolución que cambió Francia y dejó su huella en Uruguay.

Cada 14 de julio, la República Francesa celebra su fiesta nacional en recuerdo de la toma de la Bastilla, el hecho que dio inicio a la Revolución Francesa. Más de dos siglos después, los ideales de libertad, igualdad y soberanía popular que surgieron de aquel proceso continúan vigentes y también dejaron una profunda influencia en el pensamiento político que, años más tarde, acompañó la emancipación del Río de la Plata y la construcción institucional del actual Uruguay.

Pocas fechas modificaron tanto el rumbo de la historia como el 14 de julio de 1789.

Ese día, una multitud tomó la Bastilla, una fortaleza utilizada como prisión y convertida en el mayor símbolo del poder absoluto de la monarquía francesa.

Aquel episodio marcó el comienzo de la Revolución Francesa, un movimiento que transformó la organización política del país y terminó proyectando su influencia sobre buena parte del mundo.

Detrás de esa jornada existía un escenario de fuerte tensión.

Francia atravesaba una grave crisis económica, una pesada deuda estatal, el precio de los alimentos aumentaba de manera constante y la desigualdad social alimentaba el descontento de una población que soportaba la mayor carga impositiva, mientras la nobleza y el clero conservaban amplios privilegios.

La convocatoria a los Estados Generales, impulsada por el rey Luis XVI para intentar superar esa situación, derivó en la creación de la Asamblea Nacional y abrió el camino hacia una transformación que acabaría con el Antiguo Régimen.

Mientras esos acontecimientos sacudían París, el territorio que hoy ocupa Uruguay todavía integraba el Virreinato del Río de la Plata.

José Gervasio Artigas tenía apenas 25 años y aún faltaban varias décadas para que encabezara la Revolución Oriental.

Sin embargo, las nuevas corrientes de pensamiento comenzaban a expandirse lentamente desde Europa hacia América.

El nacimiento de una nueva era.

Aunque la Bastilla albergaba solamente siete prisioneros cuando fue tomada, su caída tuvo un significado mucho más profundo que el estrictamente militar.

Representó el derrumbe de un modelo basado en los privilegios heredados y el nacimiento de una nueva concepción del poder, en la que la soberanía dejaba de pertenecer exclusivamente al monarca para pasar a los ciudadanos.

Pocas semanas después, la Asamblea Nacional aprobó la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, considerada uno de los documentos políticos más influyentes de la historia.

Allí quedaron consagrados principios como la libertad individual, la igualdad ante la ley, la propiedad y la soberanía popular, pilares que posteriormente inspiraron constituciones en distintos países.

De ese mismo proceso también surgiría el lema "Libertad, Igualdad y Fraternidad", convertido con el tiempo en uno de los principales símbolos de la República Francesa y en una referencia para las democracias modernas.

Un legado que cruzó el Atlántico.

Las ideas revolucionarias no tardaron en atravesar el océano.

Junto con el pensamiento ilustrado y el antecedente de la independencia de Estados Unidos, comenzaron a circular entre militares, comerciantes, juristas e intelectuales del Río de la Plata.

Los historiadores coinciden en que esos principios contribuyeron a moldear el clima político que desembocó en los movimientos emancipadores de comienzos del siglo XIX.

Conceptos como la igualdad jurídica, la representación ciudadana, la división de poderes y la soberanía de los pueblos terminaron integrando la arquitectura institucional de los nuevos Estados americanos, entre ellos Uruguay.

Años después, el Código Napoleónico, heredero de buena parte de las transformaciones iniciadas por la Revolución Francesa, también ejercería una importante influencia sobre diversos sistemas jurídicos de América Latina.

Una celebración con doble significado

La fiesta nacional francesa no recuerda únicamente la toma de la Bastilla.

También conmemora la Fiesta de la Federación, celebrada el 14 de julio de 1790, cuando miles de ciudadanos se reunieron en París para simbolizar la reconciliación nacional y la unidad del país tras los primeros meses de la revolución.

La fecha fue instituida oficialmente como fiesta nacional en 1880 y, desde entonces, representa tanto el comienzo del proceso revolucionario como los valores republicanos que continúan identificando a Francia.

Una herencia que perdura.

Cada año, el 14 de julio se celebra con un desfile militar sobre los Campos Elíseos, exhibiciones aéreas, conciertos, actividades populares y el tradicional espectáculo de fuegos artificiales junto a la Torre Eiffel, seguido por millones de personas en todo el mundo.

Más de 235 años después, el legado de la Revolución Francesa mantiene plena vigencia.

Aquella transformación no solo modificó el destino de Francia, sino que redefinió la relación entre los ciudadanos y el poder, impulsó la expansión de los derechos civiles y sembró ideas que atravesaron continentes hasta influir en la construcción política de América.

Entre ellas, también dejaron su huella en el territorio que, décadas más tarde, se convertiría en la República Oriental del Uruguay.