LAZOS GUÍA
Día del Padre: trascender la celebración colocando en valor vínculos a través de su huella.
Hoy domingo 12 de julio se celebra una de las jornadas más significativas del calendario familiar. Más allá de los potenciales regalos y encuentros, la fecha invita a reconocer el rol de quienes acompañan, educan, contienen y transmiten valores, al tiempo que refleja la evolución de la paternidad y las distintas maneras de construir una familia, fuera de estereotipos.
Hay fechas que se explican por sí solas y otras que adquieren sentido a través de las historias de las personas.
El Día del Padre pertenece a ese segundo grupo.
Hoy domingo, miles de familias volverán a reunirse para compartir un almuerzo, una conversación o un abrazo largamente esperado.
Otros, mantendrán el contacto mediante una llamada o una videollamada porque la distancia los separa.
También habrá quienes dedicarán unos minutos al recuerdo de un padre que ya no está, pero cuya presencia continúa viva en las enseñanzas, los gestos y los valores que dejó.
Lejos de limitarse a una tradición o a una jornada comercial, la celebración invita a reflexionar sobre una figura que evolucionó junto con la sociedad.
Durante buena parte del siglo pasado, el padre era identificado principalmente como el sostén económico del hogar.
El paso del tiempo, los cambios culturales y una participación más activa en la vida familiar ampliaron ese papel.
Hoy más que nunca, se reconoce al padre que escucha, acompaña, participa en la crianza, comparte responsabilidades y construye vínculos desde la cercanía cotidiana.
Sin embargo, sería un error pensar que todas las historias son iguales.
La realidad demuestra que existen múltiples maneras de vivir este día.
Hay hombres que celebrarán por primera vez con un hijo en brazos y otros que lo harán rodeados de ellos, o de nietos y bisnietos.
También están quienes soñaron con ser padres y no pudieron concretarlo, así como aquellos que decidieron libremente no tener hijos y encontraron plenitud siguiendo otros proyectos de vida.
Todas esas experiencias forman parte de una sociedad diversa que merece ser mirada con respeto.

La paternidad tampoco siempre se expresa a través de un vínculo biológico.
Existen, por ejemplo, padrastros que asumieron la crianza con el mismo compromiso que un padre, abuelos que volvieron a ejercer ese rol con sus nietos, tutores que ofrecieron contención en momentos decisivos y referentes que, desde el deporte, la educación o la comunidad, marcaron positivamente la vida de niños y adolescentes.
En todos esos casos, el afecto y la responsabilidad terminaron siendo mucho más importantes que cualquier definición formal.
En los últimos años también comenzó a hacerse visible otra realidad.
Muchas personas encuentran en sus animales de compañía un vínculo cotidiano basado en el cuidado, la dedicación y la responsabilidad.
Sin equiparar esa experiencia a la paternidad, refleja cómo evolucionó el concepto de familia y cómo los lazos afectivos ocupan hoy un lugar central en la vida de millones de personas.
La historia de esta celebración se remonta a comienzos del siglo XX, cuando la estadounidense Sonora Smart Dodd promovió un homenaje inspirado en progenitor, un veterano de guerra que crió solo a sus hijos tras enviudar.
Aquella iniciativa se extendió con el tiempo a numerosos países, aunque cada uno adoptó fechas diferentes según sus costumbres.
En nuestro país, se celebra tradicionalmente el segundo domingo de julio y forma parte de una tradición profundamente arraigada.
La transformación de las familias también quedó reflejada en esta jornada.
Hoy conviven hogares integrados por ambos padres, familias monoparentales, ensambladas, adoptivas y muchas otras configuraciones que muestran una realidad mucho más amplia que la de generaciones anteriores.
Más allá de esas diferencias, hay un elemento que permanece inalterable: la importancia del cuidado, del respeto y del compromiso cotidiano.
Organismos internacionales como la Organización de las Naciones Unidas (ONU) y UNICEF sostienen que la participación activa de madres, padres y cuidadores resulta fundamental para el desarrollo integral de niños y adolescentes.
La presencia, el diálogo, la construcción de confianza y la corresponsabilidad en las tareas de cuidado contribuyen al bienestar emocional y fortalecen la convivencia familiar.
La fecha también tiene impacto fuera del ámbito doméstico.
Comercios, restaurantes y distintos sectores de servicios registran uno de los movimientos más importantes del invierno, impulsados por una celebración que cada año moviliza a miles de personas.
No obstante, los propios hábitos de consumo muestran una transformación: cada vez más familias priorizan compartir tiempo antes que concentrar el significado del día en un obsequio.
Quizás allí se encuentre la verdadera esencia del Día del Padre. No en el valor de un regalo ni en la magnitud de una celebración, sino en la posibilidad de reconocer a quienes estuvieron presentes cuando hizo falta una palabra de aliento, un consejo oportuno o un gesto de apoyo.
También en comprender que no existe una única forma de construir una familia ni un solo modo de dejar una huella.
Este domingo volverán a repetirse millones de escenas diferentes.
Algunas estarán llenas de risas; otras tendrán un lugar para la nostalgia; muchas se vivirán desde la distancia y otras desde el silencio.
Todas, sin embargo, compartirán un mismo mensaje: los vínculos más importantes no se sostienen por una fecha del calendario, sino por el tiempo dedicado, la confianza construida y el afecto sembrado a lo largo de los años.
Ese legado, más que cualquier obsequio, continúa siendo la herencia valiosa que un ser puede dejar en la vida de otro
Imágenes: Cadena del Mar