SOBRECARGA FUNCIONAL

Cuadrilla de reapariciones de OSE-UGD Maldonado: la trastienda de un servicio esencial que no se detiene; guardias extendidas, falta de personal y miles de usuarios

Con apenas 14 funcionarios para atender casi 54.000 servicios y un territorio que se extiende desde Laguna de los Cisnes hasta La Barra y Punta del Este, la cuadrilla de OSE-UGD Maldonado enfrenta jornadas extenuantes, guardias nocturnas, roturas de gran porte y una creciente incomprensión social, sosteniendo un servicio esencial que solo se nota cuando falta.

Detrás de cada reparación de caños o control de pérdidas de agua en Maldonado hay un equipo reducido que enfrenta jornadas extensas, reclamos constantes y una red que abastece a casi 54.000 servicios.

Se trata de la cuadrilla de reparaciones de OSE-UGD Maldonado, un grupo de 14 personas —incluidos supervisor y encargado— que cubre un territorio que va desde Laguna de los Cisnes hasta El Placer, el Puente de La Barra, Punta del Este y zonas aledañas al Hipódromo.

Según relataron desde el propio equipo operativo, la dinámica diaria dista mucho del horario administrativo. Las guardias comienzan a las 8 de la mañana y se extienden, muchas veces, hasta las 10 u 11 de la noche atendiendo reclamos. Y cuando ocurre una rotura nocturna, no hay opción: se sale a trabajar “sea la hora que sea”, especialmente si hay vecinos sin suministro.

En más de una oportunidad, los operarios han iniciado tareas a las dos de la madrugada y culminado recién al amanecer. En esos casos se otorga descanso al personal involucrado, pero esa medida —necesaria— también genera atrasos, porque implica contar con cuatro o cinco trabajadores menos al día siguiente en una estructura ya exigida al máximo.

La presión sobre la cuadrilla se incrementa por la magnitud del servicio: casi 54.000 conexiones para cubrir con apenas cuatro equipos operativos. “Dividís eso entre la gente que sale a la calle y te da una cifra imposible de abarcar”, explican. A eso se suma la complejidad de la temporada estival, cuando el tránsito hacia Punta del Este puede demorar más de una hora, la falta de lugares para estacionar retrasa los trabajos y las salidas nocturnas se vuelven aún más lentas.

El desgaste no es solo físico. Los trabajadores relatan situaciones frecuentes de incomprensión por parte de algunos vecinos. Desde reproches mientras esperan maquinaria para tapar una zanja ya reparada, hasta críticas por ver hidrantes abiertos durante las purgas. “La purga es necesaria para sacar aire y limpiar la cañería. Si no se hace, el agua sale sucia o con aire, y hasta se puede volver a romper el caño por contrapresión”, explican. Sin embargo, ese proceso técnico suele interpretarse erróneamente como “tirar agua”.

El año pasado, una falla en una válvula reductora provocó una jornada crítica: más de una decena de roturas de gran porte —caños de 75, 100, 175 y hasta 200 milímetros— y más de 20 horas continuas de trabajo para restablecer el sistema en distintos puntos del departamento, incluida una arteria principal.

Otro de los desafíos es la falta de personal capacitado. Parte de la mano de obra proviene de empresas tercerizadas, con trabajadores sin experiencia previa en redes de agua potable. “Hoy estaríamos necesitando al menos seis personas más, equipadas y con experiencia, además de un camión chico y maquinaria adecuada”, señalan desde la cuadrilla.

Pese a todo, el equipo sostiene el servicio y responde a los reclamos. “Una cosa es contarlo y otra es vivirlo”, resumen. En un contexto donde la crítica suele ser inmediata, los trabajadores insisten en un pedido simple: que antes de juzgar, se entienda cómo funciona un servicio esencial que, aun en silencio y a cualquier hora, garantiza que el agua llegue a los hogares de Maldonado.

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