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Túnel en Montevideo: ¿No era para el Robo del Siglo?

Tras la imputación judicial de once personas, la Fiscalía y la Policía continúan profundizando la investigación sobre la excavación clandestina detectada en Ciudad Vieja, mientras permanecen abiertas varias hipótesis sobre el objetivo final de la organización criminal. ¿Piedras preciosas? ¿Droga? ¿Dinero en efectivo sin origen legítimo?

El hallazgo del túnel en una vivienda ubicada en la calle Colón, en el barrio Ciudad Vieja de Montevideo, fue el resultado de líneas investigativas que se desarrollaron en forma paralela dentro de la Policía.

Por un lado, una denuncia vinculada a la existencia de una boca de venta de drogas en Neptunia, recibida en setiembre de 2025; por otro, una alerta emitida desde Inteligencia de Brasil en diciembre del pasado año, que advertía sobre un posible ataque a una institución financiera en Uruguay.

Ambas investigaciones avanzaron de manera independiente hasta que los allanamientos realizados en la finca de Ciudad Vieja derivaron en la detención de varias personas y en el descubrimiento del túnel subterráneo.

Al analizar su trazado, los investigadores advirtieron que la excavación podría dirigirse hacia una sucursal bancaria, lo que llevó a las autoridades a vincular ese dato con la advertencia proveniente de Brasil, consolidando esa hipótesis como la más probable en una primera etapa.

No obstante, los investigadores manejan otras líneas de trabajo que continúan abiertas.

Una de ellas plantea que la estructura subterránea podría haber sido utilizada para extraer hachís u otro tipo de estupefacientes a través del Puerto de Montevideo, teniendo en cuenta que la vivienda desde la cual se excavó el túnel se encuentra a unos 200 metros de esa zona portuaria. Esta posibilidad no ha sido descartada.

Otra hipótesis evaluada fue que el eventual objetivo del ataque estuviera dirigido al Banco Central del Uruguay.

A partir de esa sospecha, desde el Comando Policial se emitió una alerta interna a todas las unidades, se realizaron reuniones con gerentes y responsables de seguridad de distintas instituciones de intermediación financieras y se revisaron mapas de saneamiento y servicios subterráneos del área.

Las actuaciones permitieron establecer que existen más personas involucradas en la maniobra, aunque hasta el momento la Policía no ha logrado reunir la totalidad de los elementos probatorios necesarios para que la Fiscalía especializada en estupefacientes autorice nuevas detenciones.

En relación con los ciudadanos brasileños detenidos, también se analizó un eventual vínculo con el Primer Comando de la Capital (PCC). Sin embargo, fuentes oficiales entienden que esa información no se encuentra confirmada y que surgió a partir de publicaciones periodísticas en Brasil.

Lo que sí se considera acreditado es que se trata de un grupo organizado, con planificación, logística y un objetivo de alto impacto.

De Neptunia a Ciudad Vieja y del seguimiento al túnel:

La investigación tuvo uno de sus puntos de partida en Neptunia, cuando la Brigada Antidrogas comenzó a analizar movimientos vinculados a una boca de drogas denunciada meses atrás.

En ese contexto, se detectó la presencia reiterada de Jorge Fulco, un delincuente considerado de alto perfil, con antecedentes y vínculos con el narcotráfico y con la antigua barra brava de Peñarol.

Fulco solía concurrir acompañado por una persona que no lograba ser identificada, a quien los investigadores presumían como extranjero.

Para los equipos actuantes, Fulco podría haber cumplido el rol de nexo operativo entre Uruguay y directivas provenientes desde Brasil.

El seguimiento de sus desplazamientos condujo a los investigadores hasta la vivienda de la calle Colón, en Ciudad Vieja, y posteriormente a una casa ubicada en El Pinar (Canelones), donde residían ciudadanos brasileños.

Estos elementos permitieron solicitar órdenes de allanamiento, concretar nuevas detenciones e incautar evidencia que continúa siendo analizada por la Fiscalía y la Policía.

La “esmeralda perdida”: una línea que suma interrogantes:

En paralelo, la investigación incorporó un elemento adicional vinculado al contrabando de piedras preciosas, que, si bien no ha sido formalmente conectado al caso del túnel, es seguido con atención por los investigadores.

Según informaron los clegas del "Diario La R", en mayo del pasado año 2025, la Dirección Nacional de Aduanas incautó un cargamento declarado como latas de pintura naval que, de acuerdo a fuentes consultadas por ese medio, ocultaba esmeraldas valuadas en aproximadamente dos millones de dólares.

El envío había sido presentado como un insumo habitual del entorno portuario, lo que habría contribuido a evitar controles exhaustivos.

En el interior de los envases, las piedras preciosas estaban acondicionadas de forma tal que pudieran pasar inadvertidas ante inspecciones superficiales.

El rotulado como pintura marina —un recubrimiento anticorrosivo históricamente asociado al uso de plomo— habría servido para justificar el peso de los recipientes y reducir sospechas. Autoridades brasileñas indicaron que la Aduana uruguaya actuó sin conocimiento de la presencia de gemas y que el destino final del cargamento aún no ha sido determinado, lo que abre interrogantes sobre posibles desvíos dentro de la cadena logística.

Por el monto estimado, el decomiso se ubica entre los más relevantes en materia de contrabando de piedras preciosas registrados en Uruguay en los últimos años.

La investigación apunta ahora a establecer el origen de las esmeraldas, su destino y si estaban destinadas a exportación irregular, lavado de activos o circuitos informales de comercialización internacional.

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