ESTADOS UNIDOS
Pasión por volar (Air Force One): Trump imprime su estilo a nueva flota presidencial.
El Mandatario estadounidense trasladó su histórica relación con la aviación a los futuros aviones de la Casa Blanca, incorporando cambios de diseño, nuevos equipos y una visión personal que rompe con varias décadas de tradición.
La modernización del Air Force One se convirtió en uno de los proyectos más personales de Donald Trump durante su regreso a la Casa Blanca.
El Presidente de Estados Unidos participa activamente en la transformación de los futuros aviones presidenciales, una iniciativa que refleja una relación con la aviación construida mucho antes de su llegada a la política.
Ese vínculo tiene incluso un componente familiar. Su hermano mayor, Fred Trump Jr., soñaba con convertirse en piloto y llegó a volar para Trans World Airlines (TWA). Trump recordó en distintas ocasiones la pasión que tenía por los aviones y reconoció que su historia dejó una profunda huella en su vida.
A diferencia de otros mandatarios estadounidenses, Trump desarrolló gran parte de su carrera empresarial rodeado de aeronaves.
Desde la adquisición de una aerolínea comercial hasta la construcción de una flota privada de lujo, los aviones ocuparon un lugar central en su estrategia de negocios y en la proyección de su marca.
Actualmente, tres Boeing 747-800 están siendo adaptados para cumplir funciones presidenciales.
Entre ellos se encuentra una aeronave donada por el Gobierno de Qatar, presentada recientemente y sometida a modificaciones para acelerar su incorporación al servicio oficial mientras avanzan los trabajos sobre los futuros VC-25B.
Según la administración estadounidense, las reformas priorizaron los requerimientos operativos y de seguridad por encima de los aspectos estéticos, descartando cualquier reducción de estándares técnicos.
La decisión de aceptar el avión qatarí también generó cuestionamientos en sectores políticos de Estados Unidos. Algunos Legisladores republicanos expresaron dudas sobre los aspectos legales, de seguridad y éticos vinculados a la incorporación de la aeronave, especialmente ante la posibilidad de que posteriormente sea trasladada a la biblioteca presidencial de Trump.
La historia del actual Mandatario con la aviación se remonta a finales de la década de 1980, cuando adquirió el servicio Eastern Shuttle y lo transformó en Trump Shuttle.
La operación incluyó una flota de Boeing 727 que conectaba Nueva York, Washington y Boston, además de terminales aeroportuarias remodeladas bajo una imagen asociada al lujo.
El empresario buscó convertir aquella compañía en una extensión de su marca personal. Los aviones lucían únicamente el apellido "Trump" en sus fuselajes y ofrecían servicios diferenciados para el mercado corporativo.
Durante aquella etapa ocurrió uno de los episodios más recordados de la aerolínea. En agosto de 1989, un Boeing 727 debió aterrizar de emergencia en Boston tras una falla en el tren de aterrizaje delantero. Las 54 personas que viajaban a bordo sobrevivieron y solo se registraron heridas leves, un hecho que Trump calificó posteriormente como un desenlace extraordinario.
Sin embargo, la experiencia empresarial enfrentó obstáculos. La recesión económica de comienzos de los años noventa, el aumento del precio del combustible y el elevado endeudamiento terminaron afectando la viabilidad financiera del proyecto.
En 1992, la compañía pasó a manos de los acreedores y posteriormente fue adquirida por USAir.
La aviación también estuvo vinculada a episodios decisivos en la vida del actual Presidente. Uno de ellos ocurrió en octubre de 1989, cuando un helicóptero de la Organización Trump se estrelló cerca de Atlantic City, provocando la muerte de tres importantes ejecutivos de su grupo empresarial y de los dos pilotos que viajaban a bordo.
A pesar de esos antecedentes, el vínculo con las aeronaves nunca se interrumpió. Durante décadas utilizó una serie de aviones privados que se transformaron en un símbolo de su estilo empresarial.
Entre ellos sobresalieron un Boeing 727 adquirido en 1987, varios helicópteros ejecutivos, un Cessna Citation X de altas prestaciones y posteriormente un Boeing 757 personalizado.
Ese Boeing 757, conocido popularmente como "Trump Force One", fue equipado con detalles de lujo, acabados dorados, áreas privadas para reuniones y sistemas exclusivos de entretenimiento. La aeronave fue utilizada extensamente durante las campañas presidenciales de 2016 y 2024, convirtiéndose en una pieza clave de su imagen pública y de sus recorridas políticas por todo Estados Unidos.
En paralelo, la renovación del Air Force One avanza con retrasos acumulados desde hace varios años.
Los dos Boeing 747-800 seleccionados originalmente para reemplazar a los actuales VC-25A debían entrar en servicio en 2022, aunque ahora se espera que estén operativos recién en 2028.
Ante esa demora, la incorporación temporal del avión proveniente de Qatar busca cubrir las necesidades presidenciales mientras concluye el programa principal.
Uno de los cambios más notorios impulsados por Trump es el aspecto visual de las aeronaves. El Presidente decidió abandonar la clásica combinación celeste y blanca instaurada durante la administración de John F. Kennedy para adoptar un esquema inspirado en los colores de la bandera estadounidense.
La modificación generó debate en sectores políticos y aeronáuticos, especialmente por las similitudes con la imagen utilizada en algunos de los aviones privados del Mandatario.
Más allá de las discusiones sobre costos, plazos o estética, la transformación de la flota presidencial refleja una característica constante en la trayectoria de Trump: su interés por dejar una marca personal en los proyectos que considera emblemáticos.
En este caso, esa impronta quedó plasmada en los aviones que transportarán al Presidente de Estados Unidos durante los próximos años.