SALUD MENTAL
"Estoy bien": cómo la crianza influye en adultos que ocultan sus emociones.
La psicología explica por qué algunos niños "fáciles" crecen reprimiendo sus sentimientos y respondiendo con un automático "estoy bien", incluso cuando no lo están.
No siempre los niños considerados "fáciles" son así por naturaleza. A veces, su aparente tranquilidad es el resultado de haber aprendido a inhibir sus emociones para adaptarse a las expectativas familiares o sociales.
Según investigaciones recientes en psicología y socialización emocional, la forma en que los adultos cercanos responden a las emociones infantiles moldea profundamente la manera en que esos niños gestionarán sus propios sentimientos en la adultez.
Un estudio sobre socialización emocional reveló que quienes recordaban una falta de acompañamiento emocional durante su infancia mostraban menos habilidades para regular sus emociones y tendían a adoptar estrategias desadaptativas, como reprimir lo que sienten. Este patrón se vinculó con mayores niveles de ansiedad en la vida adulta.
La psicología del apego también aborda este fenómeno. Las figuras de apego disponibles y sensibles desde la infancia ayudan a construir una base segura para expresar vulnerabilidades.
Sin embargo, cuando esa disponibilidad es escasa, pueden surgir formas inseguras de apego, como el perfil evitativo, caracterizado por una "pseudoautonomía". Estas personas parecen autosuficientes, pero en realidad les cuesta pedir ayuda o mostrar debilidad.
El famoso "estoy bien" de algunos adultos no siempre refleja su estado real. En muchos casos, funciona como un mecanismo de supervivencia aprendido en la infancia: una forma de reducir conflictos, evitar ser una "carga" o simplemente seguir adelante sin detenerse a procesar lo que sienten.
Investigaciones sobre trauma infantil respaldan esta idea. Un estudio de 2024 encontró que quienes experimentaron adversidades en su niñez tienden a suprimir más sus emociones, tanto positivas como negativas, lo que afecta sus relaciones sociales.
Además, la alexitimia —la dificultad para identificar y describir emociones— aparece como un efecto común en adultos que sufrieron invalidación emocional o descuido durante su infancia.
Es importante derribar el mito de que los niños "sin problemas" están mejor. Al contrario, estudios recientes sobre el sobrecontrol infantil indican que perfiles muy contenidos y rígidos pueden estar más expuestos a síntomas de ansiedad y dificultades para relacionarse con otros.
El legado emocional de la infancia puede marcar profundamente la forma en que los adultos enfrentan sus emociones. Aquellos niños que aprendieron a ser "fáciles" para no incomodar, a menudo crecen reprimiendo sus sentimientos, respondiendo con un automático "estoy bien" incluso cuando no lo están.
Reconocer estas dinámicas es clave para fomentar entornos familiares y sociales donde las emociones sean validadas y acompañadas, permitiendo a cada individuo desarrollar una relación más saludable consigo mismo y con los demás.