Salud

Guías cardiológicas: Nuevos estándares para el control del colesterol y prevención de eventos cardíacos.

​La medicina estadounidense actualizó las recomendaciones para el manejo de lípidos en sangre con el objetivo de reducir la incidencia de infartos y accidentes cerebrovasculares (ACV). Estas directrices enfatizan la intervención farmacológica temprana y la implementación de una herramienta de cálculo de riesgo más precisa.

Un consorcio de diez asociaciones médicas, encabezado por el American College of Cardiology y la American Heart Association, presentó una hoja de ruta integral para el tratamiento de la dislipidemia.

El documento establece que la acumulación de depósitos de grasa en las arterias, conocida como enfermedad cardiovascular aterosclerótica (ASCVD), sigue siendo la principal causa de mortalidad global.

Ante esta realidad, los especialistas recomiendan que, si los cambios en el estilo de vida —como dieta saludable, actividad física y cese del tabaquismo— no logran estabilizar los niveles de lípidos, se debe iniciar una terapia farmacológica antes de lo que se prescribía hace una década.

​Para determinar el riesgo de un paciente a diez años, las nuevas guías incorporan la herramienta predictiva denominada PREVENT.

A diferencia de las evaluaciones previas, que tendían a sobreestimar el riesgo entre un 40 y un 50 por ciento, este sistema considera factores como la edad, la presión arterial, hábitos personales y diversos "potenciadores del riesgo", tales como antecedentes familiares de enfermedades cardíacas, diabetes, menopausia precoz o inflamaciones crónicas.

​En cuanto a los objetivos terapéuticos, la guía ratifica que niveles más bajos de colesterol LDL (colesterol "malo") ofrecen una protección superior.

Para personas con riesgo límite o intermedio, se fija un objetivo inferior a 100 mg/dl, mientras que para quienes presentan un riesgo alto, la meta es menor a 70 mg/dl.

En pacientes con ASCVD de muy alto riesgo, el límite se reduce a 55 mg/dl. El protocolo subraya que, si las estatinas no resultan suficientes, los profesionales deben considerar la adición de terapias alternativas, incluyendo ezetimiba, ácido bempedoico o anticuerpos monoclonales PCSK9.

La adopción de estas medidas busca transformar el manejo preventivo, permitiendo una intervención personalizada que reduzca la carga de enfermedades cardiovasculares a largo plazo.