Meteorología
Sombra de 2024 (Brasil): crece la alerta por temporales.
MetSul anticipa una extensa ola de inestabilidad asociada al episodio de El Niño 2026-2027, con riesgo de granizo, ráfagas destructivas, tormentas intensas y acumulados muy altos en Río Grande del Sur. Las últimas proyecciones también colocan bajo monitoreo a zonas de Uruguay, especialmente Artigas, Rivera y Cerro Largo.
El norte uruguayo y el sur de Brasil ingresan en una semana de especial atención meteorológica.
MetSul Meteorologia advirtió por un escenario de muy alto riesgo para Río Grande del Sur, con una ola de tormentas que podría prolongarse durante varios días y extender sus efectos hacia Uruguay, el noreste argentino y otras zonas del Cono Sur.
El fenómeno aparece asociado al primer gran episodio de tiempo severo del El Niño 2026-2027, que, según el observatorio, ya alcanzó intensidad fuerte en el Océano Pacífico.
Según detallaron los meteorólogos Luiz F. Nachtigall y Estael Sias en un informe de MetSul, no se trataría de un evento breve ni aislado.
La mayoría de los modelos analizados proyecta al menos cinco días con condiciones favorables para temporales fuertes o severos, aunque algunas salidas extienden el período de riesgo hasta una semana.
El cambio comenzaría a insinuarse el miércoles 15 de julio, con el ingreso de aire cálido en altura, y tomaría mayor cuerpo desde el jueves 16, cuando empezarían a formarse áreas de lluvia y tormenta sobre el noreste de Argentina, Uruguay y parte de Río Grande del Sur.
La clave del episodio estará en el choque entre masas de aire muy diferentes.
Después de un inicio de semana marcado por el frío, una masa excepcionalmente cálida para esta época del año avanzará sobre el centro y norte de Argentina, Uruguay, Paraguay y el sur de Brasil.
Ese aire más templado y húmedo aportará energía para el desarrollo de nubosidad profunda, con potencial de lluvias intensas, actividad eléctrica abundante, granizo y ráfagas fuertes.
MetSul también puso el foco en la presencia de una corriente de chorro en bajos niveles, un corredor de vientos intensos ubicado a unos 1.500 metros de altura.
De acuerdo con el análisis, ese flujo será inusualmente persistente y podría alcanzar entre 120 y 130 kilómetros por hora en altura, principalmente sobre Río Grande del Sul y el oeste de Santa Catarina y Paraná.
Esa configuración aumenta el riesgo de tormentas organizadas, superceldas, microexplosiones, granizo de tamaño considerable e incluso fenómenos tornádicos aislados.
El acumulado de lluvia es otro elemento sensible.
Las proyecciones de MetSul señalan registros de 100 a 200 milímetros en varios municipios gaúchos hasta mediados de la próxima semana, con zonas que podrían superar los 200 o 300 milímetros.
En ese contexto, el observatorio advierte por posibles crecidas de ríos, desbordes de arroyos, anegamientos urbanos y dificultades en áreas rurales, especialmente allí donde las tormentas descarguen grandes volúmenes en lapsos reducidos.
El antecedente de 2024 vuelve inevitable la comparación.
Entre abril y mayo de ese año, Río Grande del Sur sufrió una de las peores inundaciones de su historia reciente, con cerca de 2,4 millones de personas afectadas, 183 fallecidos, decenas de desaparecidos y daños extendidos en 478 municipios, según reportes de Naciones Unidas.
La catástrofe dejó barrios bajo agua, rutas cortadas, infraestructura dañada y una huella social que todavía condiciona la forma en que la región observa cada nuevo episodio de lluvia extrema.
La semejanza no implica que el escenario actual vaya a repetir aquella tragedia, pero sí obliga a mirar algunos puntos en común: varios días consecutivos de inestabilidad, acumulados elevados sobre una cuenca vulnerable y tormentas capaces de descargar mucha agua en poco tiempo.
En 2024, el desborde del sistema hidrológico no fue producto de una sola tormenta, sino de una sucesión de lluvias intensas sobre suelos saturados, ríos crecidos y ciudades con infraestructura sometida al límite.
AP consignó entonces que en algunas áreas cayeron más de 300 milímetros en menos de una semana, mientras el río Guaíba alcanzó niveles récord en Porto Alegre.
Esa memoria reciente vuelve más delicado el seguimiento actual.
Río Grande del Sur todavía arrastra heridas materiales, urbanas y emocionales de aquella inundación, que dejó a cientos de miles de personas desplazadas y expuso nuevas formas de vulnerabilidad social, territorial y ambiental.
Informes posteriores de la CIDH señalaron que más de dos tercios de los municipios del estado fueron afectados y que el desastre golpeó con especial dureza a comunidades rurales, indígenas, quilombolas y sectores con menor capacidad de protección.
La información difundida en las últimas horas por el especialista brasileño Igor Roik reforzó el monitoreo regional.
Roik advirtió en redes sociales por un “escenario de altísimo riesgo” sobre Río Grande del Sur, a partir de mapas del modelo europeo ECMWF que proyectan acumulados muy elevados entre el 12 y el 27 de julio.
En algunas zonas del estado brasileño, esas salidas marcan valores cercanos a los 500 milímetros, una cifra extrema para un período de dos semanas.
Para Uruguay, el mapa compartido por Roik señala posibles acumulados de 125 a 175 milímetros en sectores de Cerro Largo y Rivera, mientras que en el este de Artigas los valores podrían aproximarse a los 300 milímetros.
En una actualización posterior, el especialista sostuvo que el modelo europeo elevó el volumen previsto sobre Río Grande del Sur y que el modelo GFS, que hasta el día anterior aparecía más conservador, también comenzó a proyectar mucha lluvia en una zona amplia.
“Ojalá que esta proyección esté equivocada”, escribió, en una frase que resume la gravedad potencial del escenario.
El Instituto Uruguayo de Meteorología también mantiene señales de inestabilidad para el tramo final de la semana.
Inumet proyecta una probabilidad alta de lluvias entre el jueves 16 y el domingo 19 de julio en Cerro Largo, Rivera y Artigas.
En su actualización del lunes 13 al mediodía, el organismo ya marcaba para los días previos un cambio gradual de patrón, con vientos del norte y noreste, aumento de temperatura y cielo nuboso hacia el miércoles 15.
Por ahora, el episodio debe leerse como una proyección meteorológica sujeta a ajustes, no como una certeza cerrada.
Sin embargo, la coincidencia entre distintos modelos, la persistencia de la señal y la magnitud de los acumulados previstos justifican un seguimiento cercano, especialmente en departamentos fronterizos y zonas vulnerables a crecidas repentinas.
La experiencia de 2024 dejó una enseñanza clara para la región: cuando la lluvia se sostiene durante varios días sobre territorios sensibles, el problema deja de ser únicamente meteorológico y pasa a ser también hidrológico, urbano, sanitario y social.