SALUD MENTAL

Psic. Rubén González: “Es una incongruencia vivir en sociedad y a la vez ser individualistas”.

En su habitual columna de salud mental por "La Mañana en Cadena", González reflexionó sobre los altibajos de la vida, el aislamiento social, las adicciones contemporáneas y la urgencia de recuperar valores como la empatía, la solidaridad y la mirada verdadera al otro.

En una profunda intervención el psicólogo Rubén González abordó uno de los desafíos más urgentes del presente: cómo transitar los altibajos de la vida en una sociedad que predica la conexión, pero vive desde el individualismo extremo.

Todos tenemos momentos buenos y momentos malos”, comenzó el profesional. Cuando alguien dice ‘estoy bien’, también deberíamos preguntarle por qué lo está".

Y agregó: "Porque muchas veces, esas razones —salir a caminar, andar en bicicleta, encontrarse con amigos— son justamente las herramientas que necesitamos cuando estamos abajo”.

González destacó que aunque estas acciones no resuelven los problemas estructurales, sí permiten estabilizarnos emocionalmente y analizar la realidad con mayor claridad. 

El terapeuta hizo un fuerte llamado de atención: “Hoy, en pleno siglo XXI, aún hay personas que no pueden acceder a sus necesidades básicas. Seguimos sin garantizar derechos fundamentales como la vivienda digna, la salud o la educación para todos”.

Esta falla estructural genera brechas profundas, que se agravan cuando quien cae en una situación de vulnerabilidad se encuentra con puertas cerradas, indiferencia o desconfianza.

Para el experto, hay una contradicción central en nuestra forma de vivir: “Somos seres sociales por naturaleza, pero promovemos una cultura profundamente individualista; eso es una incongruencia".

"Queremos tenerlo todo, protegernos a cualquier costo, acumular, ganar, competir. Pero eso debilita los vínculos, mata la cooperación, anula la empatía”, añadió.

Frente a esta encrucijada, González propuso una salida concreta: “Si te piden dinero en la calle y no sabés si confiar, bajate del auto, entrá al kiosco y comprale algo para comer. No solo evitás el riesgo de financiar un consumo dañino, sino que además restablecés la humanidad del gesto. Estás diciendo: ‘te veo, te escucho, sé que existís’”.

Ese pequeño acto, dijo, es un modo de bajar del ego, salir del confort y reconocer al otro como semejante: “Porque cualquiera podría estar en esa situación. Nos puede tocar a cualquiera”, concluyó.

Para conocer mas sobre el tema escuche el siguiente audio informativo: