CONVIVENCIA IA
Polémica (límites artísticos e Inteligencia Artificial): Perros robóticos encadenados.
A doce meses de su primera difusión masiva, el material audiovisual de la instalación concebida por el artista japonés Takayuki Todo, vuelve a instalarse en la conversación pública y reactiva un debate que atraviesa al arte contemporáneo, la robótica y la ética tecnológica.
Cadena del Mar propone con la publicación del contenido a consideración de sus oyentes, lectores y seguidores, un punto de partida para un análisis crítico sobre las transformaciones culturales que acompañan el avance de la Inteligencia Artificial.
La pieza, titulada Dynamics of a Dog on a Chain (Dinámicas de un perro encadenado), fue presentada en el Toda Hall & Conference Tokyo junto a creaciones de más de 40 artistas.
La propuesta consiste en dos perros robóticos sujetos con cadenas.
Mientras uno permanece inmóvil, el otro —equipado con sensores capaces de detectar movimiento humano—, se abalanza repetidamente hacia el espectador, sin lograr alcanzarlo, en una secuencia mecánica que se repite de forma incesante.
La escena genera una tensión particular: el dispositivo parece agresivo, pero al mismo tiempo transmite una sensación de vulnerabilidad.
Esa dualidad —entre amenaza y fragilidad—, activa una respuesta emocional compleja.
Aunque se trata de máquinas, muchos observadores experimentan incomodidad, compasión o rechazo, evidenciando hasta qué punto proyectamos rasgos humanos sobre artefactos tecnológicos.
No es la primera vez que el creativo provoca reacciones intensas.
En trabajos anteriores exploró el fenómeno conocido como Valle Inquietante, teoría formulada por el ingeniero japonés Masahiro Mori, que describe la perturbación que surge cuando una creación artificial se aproxima demasiado a lo humano sin llegar a serlo por completo.
Esa franja de ambigüedad, donde la familiaridad se convierte en extrañeza, es el territorio conceptual en el que el artista suele moverse.
En esta ocasión no hay rasgos antropomórficos evidentes, pero sí se mantiene la interrogante de fondo: ¿en qué momento una máquina deja de ser percibida como objeto y comienza a despertar empatía o inquietud como si poseyera vida propia?
Los equipos utilizados corresponden a desarrollos de Unitree Robotics, empresa que forma parte de un sector tecnológico en plena expansión.
El antecedente más difundido en este campo es Boston Dynamics, cuyos modelos de perros robóticos comenzaron a popularizarse a mediados de la década del 2000 y actualmente cumplen funciones en ámbitos de seguridad, rescate y apoyo operativo en distintos países.
El propio Takayuki Todo ha señalado que su objetivo no es escandalizar por mero impacto, sino examinar la psicología del espectador.
Según ha explicado, resulta significativo analizar por qué determinadas personas perciben la instalación como abusiva, desagradable o perturbadora, ya que esa reacción revela la tendencia humana a atribuir conciencia o sufrimiento a entidades artificiales.
La reaparición del contenido en redes sociales demuestra que la discusión sigue vigente.
En un escenario donde la automatización avanza, los sistemas inteligentes se perfeccionan y la frontera entre lo orgánico y lo sintético se vuelve cada vez más difusa, propuestas como esta funcionan como catalizador de preguntas incómodas: ¿qué límites debería tener la tecnología?, ¿cómo influye la programación en nuestra percepción moral?, ¿y hasta qué punto estamos preparados para convivir con máquinas que simulan conductas propias de los seres vivos?
Más que una simple provocación estética, la obra se convierte así en un espejo de las tensiones contemporáneas, donde innovación y sensibilidad humana dialogan —no siempre de manera armoniosa—, en un tiempo marcado por la irrupción acelerada de la IA.