AMBIENTE

Confusión en Redes Sociales (Canelones): tiburones capturados no eran cazones y cumplen rol clave en Uruguay.

Un video grabado por pescadores artesanales generó repercusión en varios ámbitos al mostrar la captura de dos grandes tiburones identificados erróneamente como cazones. Especialistas determinaron que se trataba de pintarrojas, una especie fundamental para la reproducción, el equilibrio ecológico y la biodiversidad marina de nuestro país.

La viralización de un registro fílmico en una playa del departamento de Canelones abrió una discusión mucho más amplia que la captura de dos tiburones; tal cual surge de un detallado informe de la colega periodista Mara Brauchok para el Observador.

Lo que inicialmente fue presentado como un encuentro con supuestos "cazones" derivó en una advertencia de la comunidad científica sobre la importancia de reconocer correctamente a las especies que habitan las aguas uruguayas y la necesidad de fortalecer las medidas de conservación.

Las imágenes muestran a pescadores artesanales junto a dos ejemplares de casi dos metros de longitud mientras comentan el supuesto peligro de los animales.

Sin embargo, tras analizar el material para el Observador, el biólogo marino y doctor en oceanografía Andrés Milessi concluyó que los ejemplares no correspondían a cazones, sino a tiburones gatopardo o pintarroja (Notorynchus cepedianus).

Según explicó el especialista, la confusión es habitual porque popularmente suele utilizarse la palabra "cazón" para referirse a distintas especies de tiburones sin realizar distinciones.

Para los investigadores, esta generalización representa un obstáculo para la conservación, ya que invisibiliza la verdadera diversidad biológica presente en el Atlántico Sur.

Milessi recordó que en Uruguay existen más de cien especies entre tiburones y rayas, una riqueza natural que muchas veces pasa inadvertida debido a la utilización de términos genéricos que impiden comprender la complejidad de los ecosistemas marinos.

La correcta identificación de los ejemplares observados en Canelones modifica además la relevancia del episodio.

La pintarroja es una especie con marcados hábitos migratorios que pasa gran parte de su ciclo anual en el Sur de Argentina.

Actualmente, científicos de ambos países realizan seguimientos mediante dispositivos satelitales para conocer con mayor precisión sus desplazamientos oceánicos.

El investigador señaló que precisamente esta especie forma parte de estudios conjuntos desarrollados con colegas argentinos y recordó que durante el último año fueron detectados ejemplares previamente marcados, aportando información valiosa sobre sus recorridos y áreas de permanencia.

Los datos obtenidos hasta el momento muestran que Uruguay cumple un papel decisivo en la supervivencia de estos animales.

De acuerdo con Milessi, muchas hembras llegan a las aguas nacionales para reproducirse y parir, mientras que los ejemplares juveniles permanecen en la costa uruguaya durante al menos su primer año de vida.

La zona costera ofrece condiciones especialmente favorables para esa etapa del desarrollo.

La turbidez del agua funciona como un refugio natural frente a otros depredadores, al tiempo que la abundante biodiversidad disponible les proporciona alimento en momentos fundamentales de crecimiento.

La importancia de este vínculo quedó resumida en una frase del propio investigador: si estos tiburones tuvieran cédula de identidad, muchos serían uruguayos, porque nacen en estas aguas.

La presencia de pintarrojas en el litoral nacional cuenta además con evidencias cada vez más concretas. Recientemente fueron obtenidas imágenes inéditas de ejemplares juveniles en Punta Ballena, un hallazgo que refuerza la idea de que buena parte de la costa Este funciona como una verdadera guardería oceánica para la especie.

A este escenario se suma otro factor que preocupa a los científicos: el cambio climático.

Las alteraciones en la temperatura del agua modifican las dinámicas naturales de numerosas especies marinas y pueden influir en la frecuencia con la que estos grandes animales se acercan a la costa.

La situación adquiere especial relevancia debido a las características biológicas de la pintarroja.

Se trata de una especie de crecimiento lento y baja tasa reproductiva, condiciones que dificultan la recuperación de sus poblaciones cuando enfrenta presión pesquera o capturas accidentales.

Según advirtió Milessi, la realidad nacional resulta especialmente preocupante. Los registros científicos indican que la población de pintarrojas en Uruguay ha experimentado una disminución cercana al 80%, una cifra que enciende señales de alerta entre investigadores y especialistas en conservación marina.

La relevancia de estos tiburones trasciende su valor biológico individual:

Como superdepredadores ubicados en la cima de la cadena alimenticia, cumplen una función esencial en la regulación de los ecosistemas marinos.

Su presencia contribuye a mantener el equilibrio natural entre distintas especies y evita alteraciones que pueden propagarse a lo largo de toda la red trófica.

Los expertos advierten que la desaparición o reducción significativa de estos depredadores genera efectos en cascada que terminan afectando a otras poblaciones de peces e incluso a recursos pesqueros de importancia económica para numerosas familias vinculadas a la actividad artesanal.

Pese a este escenario, los investigadores sostienen que Uruguay continúa rezagado en materia regulatoria.

Mientras Argentina y Brasil han desarrollado distintas medidas orientadas a la protección de tiburones y rayas, persiste la preocupación por la ausencia de herramientas específicas de conservación en aguas uruguayas y por la necesidad de avanzar en acciones coordinadas a nivel regional.

La discusión también deja al descubierto una contradicción histórica.

Aunque Uruguay posee aproximadamente 176.000 kilómetros cuadrados de superficie terrestre, su soberanía marítima se extiende sobre cerca de 200.000 kilómetros cuadrados de océano, un territorio azul incluso mayor que el continental.

Sin embargo, especialistas consideran que la investigación científica, la fiscalización y las políticas de protección no han acompañado esa dimensión geográfica.

Esa brecha se refleja en uno de los principales compromisos ambientales asumidos por el país: alcanzar para 2030 que el 30% de la costa oceánica se encuentre bajo alguna categoría efectiva de protección.

Actualmente, según los datos mencionados por los investigadores, apenas alrededor del 1% cuenta con ese nivel de resguardo.

Lo que comenzó como un video viral compartido en redes sociales terminó revelando una realidad mucho más profunda:

Detrás de una identificación equivocada aparece una especie que encuentra en Uruguay un área crucial para reproducirse, crecer y asegurar su continuidad, al tiempo que expone los desafíos pendientes para la conservación de uno de los ecosistemas más valiosos y menos conocidos del país.

Audiovisual: Diario de Arena

Imágenes: Cadena del Mar ediciones.