ENGAÑOS
Comerciante de San Carlos: falsa transferencia y retiro de mercadería por supuesto chofer de Uber.
La titular de un local de indumentaria y accesorios deportivos ubicado sobre calle 18 de Julio, difundió el "paso a paso" de una venta coordinada por WhatsApp que, según afirmó, terminó en una estafa. La operación incluyó un comprobante bancario, productos entregados y un pago que nunca llegó a acreditarse.
Las ventas coordinadas por mensajería y los pagos mediante transferencia, volvieron a quedar bajo la lupa entre comerciantes carolinos, luego de que la responsable de un negocio expusiera públicamente una situación que asegura haber vivido durante una operación aparentemente habitual con un cliente.
La dueña del local, dedicado a la venta de indumentaria y accesorios deportivos sobre calle 18 de Julio, compartió un extenso descargo para advertir a otros emprendedores y reconstruir cómo se desarrolló la maniobra.
“Bueno gente, esta vez me tocó a mí ser estafada”, escribió al iniciar el relato.
El contacto, según narró, comenzó el pasado lunes 4 de mayo mediante una conversación “normal por WhatsApp”.
Del otro lado, una persona consultó por artículos vinculados al boxeo y al skate, entre ellos guantes, vendas y cascos.
Al día siguiente, la comerciante avisó que los productos ya estaban disponibles.
En ese intercambio, el supuesto comprador confirmó el pedido: “dos guantes de boxeo, cinco vendas y dos cascos de skate”.
El retiro quedó previsto para ayer, miércoles 6 de mayo, en el local.
En primera instancia, la persona indicó que pasaría personalmente antes del cierre.
La responsable del negocio señaló que su horario finalizaba a las 18.00 horas, aunque decidió aguardar algunos minutos más porque el comprador aseguró que llegaría sobre el cierre de la jornada.
Luego, la coordinación empezó a cambiar:
Primero, le plantearon enviar un cadete.
Más tarde, el supuesto cliente informó que había conseguido un conductor de Uber para retirar la compra.
“Bueno dale, hasta las 19 me puedo quedar”, respondió la titular del comercio, según el intercambio que ella misma compartió.
En medio de esa coordinación, el presunto comprador pidió los datos bancarios para realizar el pago.
Poco después, envió un comprobante de transferencia desde el Banco Santander hacia una cuenta Oca Blue por un total de $5.040.
Mientras la comerciante intentaba constatar el movimiento financiero, ingresó al local el hombre que presuntamente había sido enviado a buscar los artículos.
El dinero todavía no figuraba acreditado. Sin embargo, de acuerdo al testimonio difundido, el supuesto comprador insistía en que la operación ya estaba hecha y remarcaba que el conductor “le cobraba por minutos”.
“Decido confiar en la persona porque ya tenía el comprobante”, expresó la dueña.
También indicó que interpretó la demora como una posible consecuencia del horario bancario y del cierre de operaciones financieras. Con esa idea, terminó entregando los productos.
La sospecha:
La comerciante contó que intentó verificar la titularidad de la cuenta desde la que supuestamente se había realizado la transferencia y encontró inconsistencias con los datos aportados por el comprador.
“Él afirmaba que sí estaba a su nombre y que me iba a pasar foto de su cédula para que me quedara tranquila, lo cual nunca sucedió”, sostuvo.
La responsable del local agregó que el hombre que retiró la mercadería llegó en “un auto blanco”.
También señaló que vecinos de la zona comenzaron a revisar cámaras de seguridad para colaborar con la identificación del vehículo y de sus ocupantes.
En otro tramo del descargo, planteó la sospecha de que el supuesto conductor pudiera haber utilizado un inhibidor de frecuencia, aunque ese punto fue presentado como una percepción personal y no como un dato confirmado oficialmente.
El mensaje público estuvo atravesado por enojo, impotencia y preocupación por el impacto económico que estas situaciones generan.
“Cómo juegan con el trabajo de la gente”, escribió la denunciante.
En otro pasaje agregó: “Cada peso cuenta”, al referirse a la pérdida de mercadería y al esfuerzo que implica sostener un emprendimiento independiente.
La titular del negocio explicó que decidió dar a conocer lo ocurrido no sólo por la bronca del momento, sino también para alertar a otros comerciantes sobre este tipo de procedimientos.
“Espero que esto llegue a mucha gente”, expresó en el texto difundido.
Además, confirmó que realizó la denuncia policial correspondiente y pidió colaboración pública para intentar identificar a las personas involucradas.
La publicación generó repercusión entre vecinos, clientes y otros comerciantes, que comparten mensajes de apoyo y comentarios sobre experiencias similares vinculadas a comprobantes de transferencias que luego no se acreditan.
El caso vuelve a poner en alerta al comercio local frente a modalidades de fraude que combinan presión en tiempo real, coordinación remota, terceros que retiran productos y comprobantes bancarios enviados como respaldo de pagos aún no confirmados.