ESTILO DE VIDA

Yakutsk y Oymyakon: la vida cotidiana en el corazón más gélido de Siberia.

Los habitantes de las zonas más frías del planeta desafían temperaturas de 60 grados bajo cero con motores siempre encendidos y dietas extremas.

En la vasta región de Siberia, la ciudad de Yakutsk y el remoto pueblo de Oymyakon se disputan cada año los récords de las temperaturas más bajas en zonas habitadas.

En estos lugares, el invierno no es solo una estación, sino un desafío de supervivencia donde los termómetros caen habitualmente por debajo de los -50 °C, alcanzando extremos de -64 °C en los días más crudos.

​La adaptación al frío extremo ha generado costumbres que parecen de ciencia ficción para el resto del mundo.

Una de las más sorprendentes es la necesidad de mantener los motores de los autos encendidos durante horas, o incluso todo el día, para evitar que el combustible y los fluidos se congelen por completo.

Además, la construcción de los edificios se realiza sobre pilotes enterrados profundamente en el permafrost (suelo permanentemente congelado), ya que el calor interno de las casas podría derretir el terreno y provocar el colapso de las estructuras.

La vida bajo estas condiciones condiciona cada aspecto del día a día. Los residentes solo pueden permanecer en el exterior por periodos cortos, generalmente no más de 20 minutos, para evitar la congelación de la piel expuesta.

En cuanto a la alimentación, la imposibilidad de cultivar frutas o verduras debido al suelo congelado ha derivado en una dieta rica en proteínas y grasas, basada principalmente en carne de reno y pescado crudo congelado, alimentos esenciales para mantener el calor corporal.

​Curiosamente, a pesar del rigor del invierno, estas localidades experimentan una de las mayores amplitudes térmicas del planeta.

Durante el breve verano, las temperaturas pueden ascender hasta los 25 °C, transformando radicalmente el paisaje de hielo en una región de lagos y vegetación antes de que el invierno siberiano vuelva a reclamar su dominio.