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Eclipse Total (Hemisferio Norte): bodas, cruceros, fiestas, skaters y hasta un avión persiguiendo la sombra de la Luna.

Aunque desde Uruguay no pudo observarse, el acontecimiento astronómico de ayer miércoles 12 de agosto, generó mucho más que miradas al cielo. Cadena del Mar lo transmitió en vivo y directo. Hoy, narramos particularidades.

El eclipse total de Sol que atravesó distintas regiones del Hemisferio Norte dejó imágenes espectaculares y una singular colección de historias.

Con nuestro país fuera de la zona de visibilidad, hubo quienes recorrieron miles de kilómetros, navegaron hacia la trayectoria de la sombra lunar, abordaron vuelos especialmente preparados y hasta transformaron playas en pistas de baile para recibir la oscuridad en pleno día.

La totalidad alcanzó sectores del Norte de Rusia, Groenlandia, Islandia, España y una pequeña porción de Portugal, además de desplazarse sobre el océano Atlántico.

El fenómeno ocurre cuando la Luna se interpone entre la Tierra y el Sol y, desde una estrecha franja del planeta, oculta completamente el disco solar durante algunos minutos.

Ese desplazamiento explica por qué pudo apreciarse en determinadas regiones del Norte y no desde territorio uruguayo.

Un avión detrás de la sombra.

Una de las experiencias más singulares se desarrolló a unos 15 kilómetros de altura.

Un avión científico WB-57 utilizado por NASA salió, literalmente, a perseguir la sombra de la Luna.

Despegó desde Islandia y acompañó su trayectoria a unos 740 kilómetros por hora, mientras cámaras especializadas registraban la corona solar.

La maniobra permitió operar por encima de las nubes y extender hasta casi tres minutos el período disponible para estudiar la totalidad.

Cruceros rumbo a la oscuridad.

El espectáculo celeste también modificó rutas marítimas y movilizó a decenas de miles de viajeros.

Islandia recibió 31 cruceros con más de 50.000 pasajeros vinculados a la observación, en tanto diferentes embarcaciones buscaron posiciones privilegiadas en el Atlántico Norte. 

Entre ellas estuvo el Carnival Legend, protagonista del primer crucero dedicado a un eclipse solar organizado por Carnival Cruise Line.

Había partido el domingo 9 de agosto desde Dover, Inglaterra, para una travesía de 11 días concebida para coincidir con el paso de la sombra lunar.

Algunos viajes sumaron astronautas y veteranos de NASA como invitados, ofreciendo a los pasajeros la posibilidad de presenciar el espectáculo junto a personas que alguna vez contemplaron la Tierra desde el espacio.

Globos hacia el cielo.

En paralelo, científicos y estudiantes enviaron decenas de globos hacia las capas superiores de la atmósfera desde España e Islandia.

La finalidad fue analizar los cambios provocados por la repentina disminución de la radiación solar.

Algunos dispositivos incorporaron cámaras de 360 grados e instrumentos de medición para aprovechar aquellos escasos minutos.

Una playa convertida en pista de baile.

En Ibiza hubo una manera diferente de esperar el oscurecimiento.

La playa de S'Arenal, en Sant Antoni de Portmany, recibió una celebración de música electrónica concebida alrededor del eclipse, con artistas como Jamie Jones y Franky Rizardo.

Miles de personas también ocuparon costas y miradores de Ibiza y Formentera en busca de ubicaciones privilegiadas, para vivirlo bailando.

Casarse durante el eclipse.

En Inglaterra, Jerry y Jamie Bone organizaron su boda expresamente para ayer miércoles, después de más de un año de planificación.

Los invitados recibieron lentes especiales para seguir el evento durante la celebración.

Aunque allí el Sol quedó cubierto parcialmente, la coincidencia astronómica formó deliberadamente parte del casamiento.

Brian May: de la guitarra a la Astrofísica.

El histórico guitarrista de Queen, viajó a España y presenció el eclipse desde el Observatorio Astrofísico de Javalambre, en Teruel.

Su presencia tuvo una particularidad: May es además Doctor en Astrofísica y mantiene desde hace décadas una estrecha vinculación con la investigación y la divulgación científica.

Desde el aire.

La búsqueda de una ubicación privilegiada alcanzó incluso a la aviación comercial.

Se organizaron vuelos específicos para apreciar el eclipse por encima de las nubes y reducir el riesgo de que las condiciones meteorológicas impidieran verlo desde tierra.

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