INFANCIA Y TECNOLOGÍA
Control parental (América Latina): padres de impulsan acuerdos para retrasar el uso del celular en menores.
Inspirados en el libro La generación ansiosa, del psicólogo Jonathan Haidt, colectivos de familias en Argentina, México y otros países latinoamericanos promueven compromisos voluntarios para retrasar el acceso de los menores a teléfonos inteligentes y redes sociales, con el objetivo de proteger su salud mental y favorecer una infancia con menos pantallas.
Cada vez más madres y padres de América Latina están optando por una estrategia colectiva para enfrentar el uso precoz de teléfonos inteligentes entre niños y adolescentes.

A través de iniciativas como Pacto Parental, en Argentina, y Movimiento No Es Momento, en México, miles de familias se comprometen voluntariamente a no entregar un smartphone a sus hijos antes de los 14 años y a retrasar el acceso a las redes sociales hasta los 16.
Ambos movimientos toman como referencia las investigaciones del psicólogo estadounidense Jonathan Haidt, autor del libro La generación ansiosa, donde plantea que la expansión de los teléfonos inteligentes y las redes sociales coincide con un aumento de los problemas de salud mental entre adolescentes, como ansiedad, depresión, trastornos del sueño y dificultades de atención.
En Argentina, la iniciativa nació en Mendoza de la mano de Ignacio Castro, quien decidió impulsar un acuerdo entre padres tras observar cambios en la convivencia escolar y luego de leer la obra de Haidt.
Lo que comenzó con un grupo reducido de familias terminó expandiéndose rápidamente a otras provincias como Córdoba, Buenos Aires, Neuquén y Tucumán, además de despertar interés en Paraguay, Perú, Colombia y Puerto Rico.
El objetivo del denominado Pacto Parental es reducir la presión social que sienten muchos niños cuando son los únicos de su grupo que no poseen un teléfono inteligente.
Al asumir el compromiso de forma colectiva, las familias buscan que la decisión no recaiga únicamente sobre cada hogar, sino que sea compartida por toda la comunidad educativa.
Castro sostiene que, aunque retirar el celular puede generar resistencia inicial, muchas familias relatan cambios positivos al poco tiempo. Entre los testimonios recopilados por el movimiento aparecen mejoras en la comunicación familiar, mayor interacción entre compañeros de escuela y un incremento de actividades recreativas, deportivas y artísticas.
Una experiencia similar se desarrolla en México mediante el Movimiento No Es Momento, fundado en Monterrey en 2023. La organización ya suma más de 7.000 acuerdos firmados, alrededor de 4.200 familias participantes y unas 580 escuelas involucradas, según datos difundidos por el propio colectivo.
Las impulsoras explican que el mayor desafío es enfrentar la presión social que experimentan los menores cuando la mayoría de sus compañeros ya utiliza teléfonos inteligentes.

Por ello, promueven acuerdos a nivel escolar para que las familias actúen de manera coordinada y ningún niño quede aislado por no tener un dispositivo.
Además del compromiso familiar, el movimiento mexicano organiza encuentros con especialistas en salud digital, quienes advierten sobre posibles consecuencias del uso excesivo de pantallas durante la infancia, entre ellas problemas de ansiedad, dificultades en el desarrollo del lenguaje, alteraciones del sueño y afectaciones en la socialización.
Respecto al rol del Estado, existen distintas posturas.
Mientras algunos impulsores consideran que los cambios deben comenzar desde las familias y las escuelas, otros apoyan la implementación de regulaciones que limiten el acceso de menores a las redes sociales o restrinjan el uso de celulares en los centros educativos.
Más allá de las diferencias, ambos movimientos coinciden en un mismo objetivo: recuperar espacios de convivencia, juego y relaciones personales durante la infancia, retrasando el acceso a tecnologías que consideran cada vez más presentes en la vida cotidiana de los niños.