PRIMERA INFANCIA

Desarrollo Cerebral (pandemia): estudio detectó dificultades de atención en niños nacidos en época de coronavirus.

Una investigación desarrollada en el Reino Unido concluyó que, a los cuatro años, quienes atravesaron sus primeros meses de vida durante el confinamiento por covid-19 presentan mayores faltas de concentración, dificultades planificar tareas y autorregular su conducta. Los especialistas consideran que la reducción de las interacciones sociales durante esa etapa pudo haber condicionado funciones esenciales para el aprendizaje y la convivencia escolar. Extremo que surge de un artículo en "Archives of Disease in Childhood (ADC)", publicación especializada de pediatría.

Los primeros meses de vida constituyen una etapa clave para la maduración del cerebro.

Durante ese período, el contacto con diferentes personas y entornos favorece la adquisición de competencias cognitivas, sociales y emocionales que posteriormente resultan fundamentales para el aprendizaje y la adaptación.

Sin embargo, los bebés nacidos en Reino Unido durante el primer confinamiento por la pandemia crecieron en un contexto muy diferente.

Entre el 23 de marzo de 2020 y el 19 de julio de 2021, las restricciones sanitarias redujeron el contacto con familiares, personas desconocidas y otros niños fuera del hogar, limitando la diversidad de experiencias sociales.

Con esa generación dando ahora sus primeros pasos en la educación inicial, el estudio BICYCLE (Born In COVID Year - Core Lockdown Effects), coordinado por la Universidad City St George's de Londres y publicado en la revista científica Archives of Disease in Childhood, analizó las posibles consecuencias de aquel escenario.

¿Qué reveló la investigación?

El trabajo evaluó a 205 niños de cuatro años mediante pruebas estandarizadas de lenguaje y razonamiento no verbal.

Además, los padres completaron cuestionarios sobre la conducta, la función ejecutiva y el desarrollo motor de sus hijos.

Los resultados indican que los menores nacidos durante el confinamiento presentan niveles inferiores de función ejecutiva respecto a generaciones anteriores.

Esta capacidad comprende destrezas como planificar, resolver problemas, mantener la concentración, seguir instrucciones y adaptarse a nuevas situaciones.

"Los hallazgos sugieren que la escasa diversidad social en los primeros años de vida ha afectado a la función ejecutiva cotidiana", señalaron los investigadores.

En la vida diaria, esas diferencias pueden reflejarse en mayores dificultades para sostener la atención en una tarea, recordar indicaciones de padres o docentes, evitar distracciones, controlar impulsos o modificar una conducta tras recibir una corrección.

Uno de cada tres participantes fue clasificado con necesidades específicas relacionadas con la función ejecutiva, una proporción superior a la observada en investigaciones realizadas antes de la crisis sanitaria.

El análisis también determinó que no todas las áreas evolucionaron de la misma manera.

La comprensión del lenguaje se ubicó dentro de los niveles esperados e incluso por encima de registros históricos, un resultado que los especialistas atribuyen al mayor intercambio verbal dentro del núcleo familiar durante el período de restricciones.

En cambio, el lenguaje expresivo —la capacidad de comunicarse mediante palabras— mostró un rendimiento inferior al potencial cognitivo general de los menores.

Los autores vinculan esa diferencia con la menor interacción mantenida con otras personas fuera del hogar, como familiares, compañeros de juego o desconocidos.

Desafío para las escuelas

Respecto a la evolución física, la investigación concluyó que las habilidades motoras finas y gruesas permanecieron dentro de los parámetros esperados para la edad.

No obstante, al compararlas con el razonamiento no verbal de cada participante, tanto esas destrezas como el lenguaje expresivo quedaron por debajo de sus capacidades cognitivas generales.

Los investigadores aclaran que se trata de un estudio observacional y, por lo tanto, no permite establecer una relación directa de causa y efecto.

Además, advierten que las familias participantes presentaban, en promedio, un nivel educativo superior al de la población inglesa, un factor que pudo haber atenuado parte de los efectos negativos del confinamiento.

Aun así, sostienen que los resultados plantean un desafío para los centros educativos, ya que una proporción importante de los menores que vivieron sus primeros años durante la pandemia podría necesitar apoyos específicos para potenciar la autorregulación, la capacidad de concentración y la comunicación.

Por ese motivo, recomiendan implementar estrategias pedagógicas y herramientas de adaptación que acompañen su proceso de aprendizaje durante los primeros años de escolarización.

Fuente: "Archives of Disease in Childhood (ADC)".