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Calor extremo (Estados Unidos): una ciudad acostumbrada a los 45 grados creó un modelo para sobrevivir.

Las temperaturas extremas dejaron de ser un fenómeno excepcional y comenzaron a convertirse en una amenaza recurrente para millones de personas. Durante los últimos meses, distintas regiones de Europa y Estados Unidos registraron olas de calor históricas con miles de fallecimientos asociados a las altas temperaturas.

Las temperaturas extremas dejaron de ser un fenómeno excepcional y comenzaron a convertirse en una amenaza recurrente para millones de personas.

Durante los últimos meses, distintas regiones de Europa y Estados Unidos registraron olas de calor históricas con miles de fallecimientos asociados a las altas temperaturas.

En ese contexto, una ciudad acostumbrada a convivir con el calor extremo busca transformarse en un ejemplo para el resto del mundo: Phoenix, en Arizona.

Ubicada en el condado de Maricopa, una de las zonas más calurosas de Estados Unidos, Phoenix lleva años desarrollando estrategias para reducir el impacto de las temperaturas extremas sobre la población, especialmente entre los sectores más vulnerables.

Los especialistas señalan que una de las claves del éxito fue comprender que el calor no es solamente una cuestión climática, sino también un problema sanitario, social y de infraestructura.

UN RESPONSABLE EXCLUSIVO PARA EL CALOR.

En 2021, Phoenix se convirtió en la primera ciudad del mundo en designar oficialmente a una persona encargada de coordinar políticas relacionadas con el calor extremo.

La creación de este cargo permitió centralizar esfuerzos entre organismos públicos, servicios de emergencia y organizaciones sociales para responder antes de que las temperaturas alcanzaran niveles peligrosos.

"Si no es responsabilidad de nadie, nadie se ocupará de ello", explicó Ladd Keith, director de la Iniciativa de Resiliencia frente al Calor de la Universidad de Arizona.

El objetivo es que las ciudades dejen de reaccionar únicamente cuando ocurre una emergencia y comiencen a planificar para un escenario donde las temperaturas extremas serán cada vez más frecuentes.

CENTROS DE REFRIGERACIÓN Y AYUDA A LOS MÁS VULNERABLES.

Una de las principales medidas implementadas en Maricopa fue ampliar el acceso a espacios refrigerados para quienes no cuentan con aire acondicionado o viven en situación de vulnerabilidad.

Estos centros permiten que las personas puedan escapar de las temperaturas extremas durante las horas más peligrosas del día. Algunos incluso funcionan durante las 24 horas.

Además, el condado desarrolló programas para reparar o reemplazar equipos de aire acondicionado en hogares de personas que cumplen determinados requisitos.

Los resultados comenzaron a observarse: luego de alcanzar un récord de 645 muertes relacionadas con el calor en 2023, la cifra descendió a 405 en 2025.

Los expertos consideran que las políticas públicas tuvieron un papel importante en esa reducción, aunque advierten que la tendencia puede cambiar nuevamente debido al aumento de las temperaturas.

EL GRAN PROBLEMA: LAS NOCHES CADA VEZ MÁS CALIENTES.

Los científicos explican que uno de los factores más peligrosos del calor actual es que las temperaturas nocturnas ya no descienden como antes.

El cuerpo humano necesita noches más frescas para recuperarse del estrés térmico acumulado durante el día.

Cuando esa recuperación no ocurre, aumenta el riesgo de enfermedades y fallecimientos.

Jennifer Marlon, investigadora de la Universidad de Yale, señaló que el calor actual no es comparable al de décadas anteriores porque las temperaturas permanecen elevadas durante más tiempo. 

UN MODELO PARA OTRAS CIUDADES.

Los especialistas consideran que muchas regiones del mundo podrían aplicar estrategias similares, incluso aquellas que históricamente no estuvieron preparadas para temperaturas extremas.

Entre las medidas recomendadas aparecen la creación de responsables específicos para gestionar el calor, la instalación de centros de refrigeración, campañas de comunicación y una mejor planificación urbana.

Pero los expertos advierten que también es necesario cambiar la percepción social del problema.

El calor extremo ya no debe considerarse un episodio aislado del verano, sino una condición permanente que requiere preparación.

"Tenemos que dejar de planificar en función de las olas de calor históricas y empezar a planificar en función del calor que vamos a sufrir en los próximos cinco a diez años", sostuvo Keith.