CIENCIA
Animales (estudio): la personalidad también evoluciona.
Investigaciones recientes concluyen que la conducta de numerosas especies responde a una combinación de factores genéticos, experiencias tempranas y el entorno, y que esos rasgos pueden mantenerse o modificarse a lo largo de la vida.
Durante años, la ciencia evitó abordar de forma sistemática las diferencias de comportamiento entre individuos de una misma especie.
Sin embargo, los expertos respaldan que los animales desarrollan personalidades propias y persistentes, moldeadas tanto por la herencia como por las vivencias y el ambiente.
Especialistas señalan que las experiencias de los primeros años de vida tienen un impacto duradero. Las interacciones con padres y hermanos, el paso por refugios o situaciones de maltrato pueden dejar huellas que condicionan la conducta durante toda la existencia, un fenómeno que también se observa en especies silvestres.
La genética también desempeña un papel importante, aunque no determina completamente la personalidad.
Estudios indican que explica alrededor del 35% de los rasgos conductuales, mientras que el resto depende de factores ambientales, biológicos y de las experiencias acumuladas. Los experimentos con animales incluso permiten medir con mayor precisión esa interacción entre herencia y entorno.
Los investigadores sostienen además que la personalidad no se manifiesta de igual manera en todas las especies.
Los comportamientos más relevantes dependen de los desafíos evolutivos y del hábitat de cada animal, por lo que un loro, un pez, una ballena o una termita desarrollan rasgos adaptados a necesidades diferentes.
Aunque muchos de esos patrones se mantienen estables desde la juventud hasta la adultez, nuevas experiencias, cambios sociales o problemas de salud pueden modificar algunos aspectos del comportamiento.
Ensayos realizados con peces espinosos, por ejemplo, comprobaron que los individuos que asumen riesgos tienden a repetir esa conducta con el paso del tiempo.
Para los científicos, el reconocimiento de la personalidad animal representa un cambio de paradigma.
Después de décadas de resistencia dentro de la comunidad académica, la evidencia confirma que los animales poseen diferencias individuales comparables, en muchos aspectos, a las observadas en los seres humanos.