ESPACIO

Hito espacial: Misión Artemis II restablece comunicaciones tras rodear la cara oculta de la Luna.

Los astronautas estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover y Christina Koch, junto al canadiense Jeremy Hansen, retomaron este lunes el contacto con el centro de control en la Tierra luego de 40 minutos de silencio absoluto. La nave Orión completó con éxito su paso por el lado oscuro del satélite, alcanzando la mayor distancia desde nuestro planeta jamás registrada por una tripulación humana.

La Administración Nacional de Aeronáutica y el Espacio (NASA) confirmó que la cápsula Orión recuperó la señal de radio a las 20:30 horas, tras superar el bloqueo físico que representó la masa lunar para las ondas de comunicación.

Este periodo de aislamiento programado, característico de las trayectorias que sobrevuelan la cara oculta, fue descrito por el piloto Victor Glover como un momento de profunda conexión emocional con la Tierra antes de quedar a ciegas.

Durante el sobrevuelo, los cuatro tripulantes no solo rompieron el récord de distancia establecido por la misión Apolo 13, sino que también presenciaron un eclipse solar total de 53 minutos, fenómeno que resultó invisible para los observadores en la superficie terrestre.

En medio de la rigurosidad técnica, el comandante Reid Wiseman protagonizó un emotivo homenaje al bautizar simbólicamente un cráter brillante con el nombre de "Carroll", en honor a su esposa fallecida en 2020.

El anuncio fue realizado por el especialista Jeremy Hansen mientras la nave se encontraba en su punto de máxima proximidad, permitiendo que las hijas del astronauta recibieran el tributo desde el Centro Espacial Johnson en Houston.

A pesar del éxito científico, la convivencia a bordo enfrentó desafíos logísticos, ya que el sistema de recolección de orina, valuado en 23 millones de dólares, presentó averías que obligaron a la tripulación a utilizar urinarios de contingencia por instrucción directa de la base.

Desde la ventana de la Orión, la astronauta Christina Koch relató la impactante visual de observar la Luna y la Tierra en un mismo encuadre, destacando el brillo superior de nuestro planeta a pesar de su tamaño reducido en la distancia.

El período de observación se extendió por siete horas, permitiendo a los expertos analizar la corona solar y documentar impactos de meteoroides en la superficie lunar.

Con este sobrevuelo completado, la NASA consolida los datos necesarios para el próximo gran objetivo de la humanidad: concretar un alunizaje tripulado proyectado para el año 2028, marcando el retorno definitivo al suelo selenita tras más de medio siglo.

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