COMBUSTIBLE
Dióxido de Carbono (transformación): generación de combustible aportando a la economía circular.
Una empresa fundada por dos ingenieros suecos presentó un dispositivo del tamaño de una heladera que produce gasolina sintética utilizando dióxido de carbono capturado del aire, agua y electricidad de origen renovable. La tecnología busca reducir las emisiones del transporte sin reemplazar los actuales motores de combustión.
La transición hacia combustibles más limpios dio un nuevo paso con el desarrollo de una máquina capaz de fabricar gasolina sintética utilizando únicamente aire, agua y electricidad renovable.
El equipo fue diseñado por la startup Aircela, creada por los ingenieros suecos Mia y Eric Dahlgren, y propone una forma descentralizada de producir combustible sin recurrir al petróleo.

El dispositivo, de dimensiones similares a las de una heladera doméstica, integra en una sola unidad todo el proceso necesario para obtener gasolina compatible con los vehículos actuales.
La propuesta apunta a disminuir las emisiones de dióxido de carbono sin exigir modificaciones en los motores ni en la infraestructura de abastecimiento existente.
El funcionamiento se basa en tres etapas.
Primero, el equipo captura dióxido de carbono directamente de la atmósfera mediante un sistema de absorción química.
Luego utiliza electricidad proveniente de fuentes renovables para separar el hidrógeno y el oxígeno del agua mediante electrólisis.
Finalmente, el hidrógeno se combina con el CO₂ capturado para producir metanol, que posteriormente se transforma en gasolina sintética mediante un proceso catalítico.
Según la empresa, cada unidad puede producir alrededor de 3,6 litros de combustible por día y almacenar hasta 64 litros.

Además, captura aproximadamente diez kilogramos diarios de dióxido de carbono del ambiente.
Los desarrolladores destacan que el combustible obtenido posee características similares a una gasolina premium de 95 octanos, no contiene azufre, etanol ni metales pesados y puede utilizarse en automóviles convencionales sin necesidad de realizar adaptaciones mecánicas.
Uno de los principales beneficios del sistema es que el dióxido de carbono liberado durante la combustión corresponde al mismo que previamente fue extraído del aire para fabricar el combustible, generando un ciclo de carbono prácticamente neutro siempre que la electricidad utilizada provenga de fuentes renovables.
Sin embargo, la tecnología aún enfrenta importantes desafíos.
Actualmente se requieren cerca de 20 kilovatios hora de electricidad para producir un litro de gasolina sintética, un consumo energético superior a la energía que luego entrega ese combustible durante su utilización.
Por ese motivo, los especialistas consideran que, por ahora, su aplicación resulta más conveniente en lugares donde exista abundante energía solar o eólica disponible.
La empresa prevé comercializar las primeras unidades en Estados Unidos hacia finales de 2026 con un precio estimado de entre 14.000 y 18.500 euros.
Inicialmente estarán destinadas a comunidades aisladas, establecimientos rurales, instalaciones industriales, bases científicas y otros sitios donde el acceso a combustibles convencionales resulta costoso o complejo.
El desarrollo también coincide con la estrategia de la Unión Europea, que permitirá la comercialización de nuevos vehículos con motores de combustión después de 2035 siempre que funcionen exclusivamente con combustibles sintéticos neutros en carbono.
Aunque todavía debe mejorar su eficiencia y reducir costos, esta tecnología aparece como una alternativa para disminuir la dependencia del petróleo y complementar el avance de los vehículos eléctricos en la transición hacia un transporte con menores emisiones contaminantes.
