Tecnología

De la huerta al cielo: los restos de tomate podrían impulsar aviones con combustible sostenible.

Un consorcio científico europeo avanza en un proyecto que transforma residuos del cultivo de tomates en combustible para aviación, una innovadora solución sustentable que podría reducir emisiones y aprovechar desechos agrícolas.

Un grupo de investigadores europeos ha puesto en marcha un ambicioso proyecto para convertir los restos del procesamiento de tomates —incluidas hojas, tallos, semillas, pieles y frutos deteriorados— en combustible de aviación sostenible, una alternativa renovable que podría disminuir significativamente las emisiones de dióxido de carbono del transporte aéreo, informó el equipo periodístico internacional de Cadena del Mar.

Bajo la coordinación de la Universidad Tecnológica de Graz (TU Graz), la iniciativa denominada ToFuel pretende desarrollar un proceso de biorrefinería sin residuos, neutro en emisiones de CO₂ y económicamente competitivo. El proyecto, respaldado por la Unión Europea, tiene previsto funcionar durante cuatro años y su inicio oficial está programado para el 1° de enero de 2026. 

El enorme volumen de biomasa residual que genera la industria del tomate —producto de que esta hortaliza es la segunda más consumida del mundo después de la papa— se ha identificado como un recurso con potencial energético. En la Unión Europea, con una cosecha anual de unos 17 millones de toneladas, se estima que los residuos podrían cubrir cerca del 3 % de la demanda de combustibles de aviación sostenibles previstos para 2030. 

Para transformar estos residuos en un biocombustible viable, los científicos están explorando dos tecnologías avanzadas. La primera, extrusión, somete la biomasa a presión y calor para facilitar su descomposición y posterior fermentación por microorganismos que generan lípidos, base para el combustible. La segunda, llamada licuefacción hidrotérmica, convierte la materia vegetal en bioaceite y biocarbón bajo altas temperaturas y presiones, que luego se purifican para ser refinados en combustible que cumpla los estándares internacionales. 

Los productos derivados de este proceso no se limitan al combustible: también se prevé generar subproductos valiosos como fertilizantes, alimento para animales y aceites nutricionales, potenciando así una economía circular que revaloriza residuos agrícolas tradicionalmente descartados. 

El consorcio internacional, que reúne once socios de siete países europeos, combina instituciones académicas y empresas del sector alimentario y tecnológico para cubrir toda la cadena de valor, desde la obtención de materias primas hasta la refinación final del combustible. 

Expertos señalan que iniciativas como ToFuel podrían marcar un hito en los esfuerzos por descarbonizar la aviación comercial, un sector que actualmente lucha por reducir su huella ambiental, y que al mismo tiempo ofrecen nuevas oportunidades económicas para la industria agrícola y de biocombustibles.