RESIDUO PELIGROSO
Acumulador compulsivo (España): un hombre fue condenado por tener 30 toneladas de baterías de litio en su casa.
La Justicia española confirmó una pena de 18 meses de prisión para un hombre que almacenó durante casi dos años miles de baterías y acumuladores de ion-litio en una vivienda de Segovia. El material estaba guardado sin autorización, con riesgo de incendios y contaminación.
Lo que comenzó como una actividad de almacenamiento terminó convirtiéndose en un grave problema ambiental y de seguridad.
Un hombre fue condenado en España tras acumular cerca de 31 toneladas de baterías de ion-litio en una vivienda y distintas dependencias de una finca en Otero de Herreros, Segovia.
El Tribunal Superior de Justicia de Castilla y León confirmó la pena impuesta por la Audiencia Provincial de Segovia: 18 meses de prisión, una multa de 2.340 euros y 20 meses de inhabilitación para realizar actividades vinculadas con residuos peligrosos.
Según la investigación, el acusado reunió baterías, pilas y acumuladores descartados por terceros entre agosto de 2021 y julio de 2023, almacenándolos sin las condiciones de seguridad exigidas.
El caso tomó impulso cuando las autoridades interceptaron un palé de unos 650 kilos de baterías de litio enviado por el propio hombre a través de una empresa de paquetería.
El posterior registro de la propiedad reveló una cantidad mucho mayor: 30.998 kilos de residuos brutos, equivalentes a 29.573 kilos netos una vez acondicionado el material para su correcta gestión.
El acusado alegó que algunas baterías aún funcionaban y que pretendía utilizarlas para crear un sistema de autoconsumo con energía solar.
Sin embargo, la Justicia determinó que, desde el momento en que sus anteriores propietarios se desprendieron de ellas, debían considerarse residuos y gestionarse conforme a la normativa.
El riesgo principal estaba asociado a las características de las baterías de ion-litio.
Golpes, cortocircuitos, daños o un almacenamiento incorrecto pueden provocar fuga térmica, un proceso de sobrecalentamiento capaz de desencadenar incendios difíciles de controlar y propagarse entre numerosas celdas.
La acumulación de toneladas de estos materiales aumentaba además el riesgo de contaminación.
Para retirarlos fue necesaria una empresa especializada y vehículos habilitados para transportar mercancías peligrosas, lo que confirmó que no se trataba de un simple almacenamiento doméstico.
El caso cobra relevancia por el creciente uso de estas baterías en teléfonos, computadoras, bicicletas eléctricas, vehículos y sistemas de almacenamiento energético.
Su reutilización y reciclaje permiten recuperar materiales valiosos, pero requieren instalaciones especializadas y estrictos protocolos de seguridad.
La sentencia deja así una advertencia: almacenar grandes cantidades de baterías fuera de los circuitos autorizados puede convertir objetos aparentemente reutilizables en residuos peligrosos con importantes riesgos ambientales y de incendio.