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La nueva clave contra la tuberculosis: controlar dónde va el aire contaminado.

El trabajo del MIT plantea una nueva mirada sobre la prevención de enfermedades respiratorias: más que pensar solamente en la cantidad de aire renovado, es necesario conocer las corrientes que se generan dentro de cada ambiente.

La enfermedad grave que afecta a los pulmones continúa entre las más infecciosas del mundo y, según el MIT, provocó alrededor de 1,23 millones de fallecimientos en 2025.

Una investigación del MIT y UT Southwestern analizó cómo el movimiento del aire influye en la transmisión.

La bacteria debe salir de una persona infectada, mantenerse suspendida en partículas, desplazarse por el ambiente y finalmente ser inhalada por otra persona.

Los modelos y experimentos mostraron que la geometría del espacio, las entradas y salidas de aire, las fugas y las corrientes generadas por el propio cuerpo pueden modificar el recorrido de los aerosoles.

El hallazgo plantea que no basta con aumentar la ventilación: también importa diseñarla para evitar que el aire potencialmente contaminado llegue directamente a la zona respiratoria de otras personas.

El principio puede aplicarse en hospitales, laboratorios, escuelas y oficinas.

La investigación también advierte que pequeñas diferencias en los sistemas de ventilación pueden alterar resultados de laboratorio.

La conclusión central es que, frente a enfermedades transmitidas por el aire, importa tanto cuánto aire circula como hacia dónde lo hace y qué partículas transporta.