CUESTIONAMIENTOS
María José Santoro: “A los adultos mayores les dan una vivienda, pero después quedan en el olvido”.
La sobrina de una residente del complejo El Viejo Molino denunció demoras en la reparación de un calefón, dificultades de accesibilidad por obras inconclusas y cuestionó la falta de seguimiento social a personas mayores que viven en el lugar.
Una denuncia pública volvió a poner el foco sobre las condiciones de algunos complejos habitacionales destinados a jubilados y pensionistas del Banco de Previsión Social (BPS).
María José Santoro relató en Cadena del Mar una serie de situaciones que, según afirmó, afectan a su tía Raquel, de 85 años, residente del complejo El Viejo Molino de Maldonado y paciente oncológica, así como a otros adultos mayores que viven en ese predio.
La mujer explicó que su familiar fue intervenida quirúrgicamente de urgencia en junio y, tras recibir el alta médica, regresó a su apartamento con la necesidad de continuar una recuperación que incluía cuidados especiales. Sin embargo, aseguró que el calefón de la vivienda dejó de funcionar y, pese a que el desperfecto fue comunicado de inmediato, la solución se extendió durante varias semanas.
“Una persona recién operada y de 85 años no podía permanecer sin agua caliente”, sostuvo Santoro, quien señaló que finalmente la familia decidió asumir el costo de la reparación ante la demora del trámite administrativo.
CUESTIONAMIENTOS AL PROCEDIMIENTO
Según relató, técnicos vinculados al servicio concurrieron en distintas oportunidades para inspeccionar el artefacto y tomar fotografías. Días después, indicó, se les informó que el calefón debía ser retirado para ser evaluado en Montevideo antes de definir si correspondía repararlo o sustituirlo.
La familia rechazó esa posibilidad al considerar que dejar nuevamente sin agua caliente a la adulta mayor implicaba un riesgo para su estado de salud, especialmente por el tratamiento que continúa recibiendo.
Santoro añadió que posteriormente un funcionario se presentó en el apartamento cuando su tía se encontraba sola y, de acuerdo con su versión, le hizo firmar un documento mediante el cual constaría el rechazo a la reparación propuesta.
“Mi tía estaba acostada, recién levantándose, y firmó sin leer el contenido. Entendemos que esas cosas no deberían ocurrir con personas en situación de vulnerabilidad”, manifestó.
OBRAS Y ACCESIBILIDAD
Durante la entrevista también advirtió sobre el estado de las áreas comunes del complejo. Explicó que desde hace varios meses se ejecutan trabajos de sustitución de cañerías que dejaron sectores con escombros, desniveles y pasarelas provisorias.
A su entender, esas condiciones representan un riesgo para residentes que utilizan sillas de ruedas, andadores o bastones para desplazarse.
“Hay personas que viven solas, con problemas de movilidad y recursos muy limitados. Son obras necesarias, pero deberían ejecutarse contemplando la seguridad de quienes habitan allí”, expresó.
PEDIDO DE MAYOR ACOMPAÑAMIENTO
La entrevistada sostuvo que el programa de viviendas subsidiadas constituye una herramienta valiosa para brindar soluciones habitacionales a jubilados y pensionistas, aunque consideró que debería complementarse con un mayor seguimiento social y una respuesta más ágil ante los problemas cotidianos.
En ese sentido, afirmó que muchos residentes atraviesan situaciones de soledad, dificultades económicas o problemas de salud y reclamó la presencia periódica de trabajadores sociales que puedan evaluar las necesidades de quienes viven en el complejo.
Durante su intervención también señaló que trasladó la situación al Edil Eduardo Elinger, a quien atribuyó una presencia frecuente en el lugar y gestiones para intentar canalizar distintos planteos de los residentes.