EXPERIENCIA MIGRANTE
YouTuber ucraniano en Uruguay (Piriápolis): “Nunca imaginamos que construir una casa implicara tantos obstáculos”.
Renat Sheikhov relató el recorrido que atravesó junto a su familia tras adquirir un terreno cerca del balneario: garantías, servicios básicos, permisos, honorarios profesionales, desniveles del predio y costos inesperados marcaron el inicio del proyecto.
El sueño de levantar una casa propia cerca de Piriápolis comenzó para Renat Sheikhov y su familia con una mezcla de entusiasmo, sorpresa y trámites que no estaban en sus planes.
El creador de contenidos ucraniano, radicado en Uruguay, contó que después de comprar un terreno a unos 10 minutos del centro de la ciudad balnearia descubrieron que el inicio de la obra iba a exigir bastante más que elegir materiales y contratar constructores.
El primer paso fue delimitar oficialmente el predio. Esa etapa, que imaginaban más lenta, se resolvió con rapidez: los agrimensores llegaron al lugar, marcaron los límites y pocos días después enviaron la documentación correspondiente. A partir de allí comenzó el verdadero recorrido administrativo.
La conexión eléctrica fue uno de los primeros obstáculos.
Según relató Sheikhov, al gestionar el servicio se encontraron con una exigencia inesperada: como no tenían más de un año de antigüedad como clientes, debían dejar una garantía cercana a los mil dólares o presentar a una persona que actuara como respaldo.
“Tuvimos suerte: conocíamos a alguien que cumplía con esos requisitos y aceptó ayudarnos. Estamos muy agradecidos por su apoyo”, expresó.
Superada esa instancia, aparecieron nuevos gastos.
La instalación del poste, el tablero eléctrico y la puesta a tierra implicó otro desembolso importante, al que luego se sumaron tasas adicionales.
Para la familia, el presupuesto empezaba a moverse antes incluso de ver maquinaria trabajando sobre el terreno.
El trámite del agua también trajo demoras y costos. En OSE les informaron que la conexión rondaría los 900 dólares y que la espera sería de aproximadamente un mes, aunque podían financiar el pago en cuotas.
Esa pausa obligó a reorganizar los tiempos y aprovechar el período de espera para avanzar con el diseño de la vivienda.
“La obra ni siquiera había arrancado y la plata ya se iba como agua entre los dedos”, resumió.
El proyecto arquitectónico abrió otro capítulo.
Aunque ya contaban con un diseño tomado de internet, necesitaban adaptarlo a la normativa uruguaya.
Allí descubrieron que los honorarios podían variar de forma considerable: algunos presupuestos comenzaban en 8.000 dólares y otro profesional de Montevideo les llegó a pedir 12.000 por esa tarea.
Después de varias consultas, un vecino les acercó una alternativa más accesible: una arquitecta de otra localidad que aceptó trabajar por 4.000 dólares y sin imponerles un equipo de obra propio.
Sin embargo, más adelante surgió un nuevo inconveniente, ya que la profesional no tenía habilitación sanitaria, por lo que debieron incorporar a otro técnico para completar los requisitos.
Con los papeles finalmente presentados, la búsqueda de constructores volvió a poner el proyecto bajo presión.
Al inspeccionar el terreno, detectaron un desnivel pronunciado, de casi dos metros en algunos puntos respecto al nivel de la calle.
Esa condición obligó a descartar soluciones costosas, como el relleno con balastro o una cimentación corrida, y a optar por una estructura sostenida sobre columnas con una losa de hormigón.
El primer presupuesto para ejecutar la estructura, las paredes y el techo quedó fuera del alcance familiar.
La decepción fue grande, pero continuaron buscando hasta encontrar a dos constructores, Iván y Alejandro, cuya propuesta se ajustó mejor al dinero disponible. Con esa decisión tomada, tramitaron los permisos ante BPS y comenzaron las tareas preliminares.
La llegada de la excavadora marcó el inicio visible de la obra. El terreno fue despejado y luego se preparó el encofrado para los cimientos.
A los pocos días, un temporal de fuerte intensidad obligó a frenar los trabajos, pero la interrupción fue breve y el avance pudo retomarse.
Semanas después llegó uno de los momentos más esperados: el vertido del hormigón.
Con el camión mezclador y la bomba ya en el lugar, la familia vio por primera vez una transformación concreta en el predio que habían comprado.
“Fue un espectáculo impresionante”, recordó Sheikhov.
Tras retirar el encofrado, continuaron acompañando el proceso de cerca, incluso regando el hormigón durante jornadas de mucho calor para favorecer su resistencia.
Para Renat, la experiencia dejó una enseñanza clara: construir una vivienda no empieza con las paredes, sino con una larga cadena de decisiones, permisos, costos y ajustes que pueden cambiar por completo la planificación inicial.