INVASORES MARINOS
Estrecho de Ormuz (Irán y Omán): buques varados podrían propagar especies invasoras a escala mundial.
Un estudio internacional advirtió que la permanencia de cientos de embarcaciones inmóviles durante meses en el golfo Pérsico favoreció la acumulación de organismos marinos sobre sus cascos. Cuando retomen la navegación, podrían transportar especies invasoras hacia distintos continentes, con consecuencias ambientales y económicas.
El prolongado cierre del estrecho de Ormuz no solo afecta al comercio marítimo internacional, sino que también podría desencadenar una importante crisis ambiental.

Un grupo internacional de científicos publicó un estudio en la revista Biological Invasions, en el que advierte que los miles de buques inmovilizados durante meses en el golfo Pérsico y el golfo de Omán podrían convertirse en un mecanismo de dispersión masiva de especies marinas invasoras una vez que reanuden sus rutas comerciales.
Los investigadores estiman que alrededor de 1.500 embarcaciones permanecen detenidas en el golfo Pérsico, a las que se suman varios cientos más en el golfo de Omán.
El riesgo de la bioincrustación.

Durante largos períodos de inactividad, los cascos de los barcos son colonizados por bacterias, algas, percebes, mejillones, gusanos marinos y otros organismos que se adhieren a las superficies sumergidas.
Este proceso, conocido como bioincrustación o biofouling, puede desarrollarse rápidamente cuando una embarcación permanece detenida.
Según los especialistas, la situación actual constituye un escenario sin precedentes por la cantidad de barcos afectados y el tiempo que llevan inmóviles.
Además, el momento en que ocurrió el cierre del estrecho coincidió con el aumento de la temperatura del agua previo al verano, una época en la que muchas especies marinas incrementan su reproducción y liberan grandes cantidades de larvas.
Riesgos para los ecosistemas.
Cuando los buques vuelvan a navegar, estos organismos podrían establecerse en nuevos puertos alrededor del mundo, desplazando especies autóctonas, alterando ecosistemas y generando pérdidas económicas para la pesca, la acuicultura y diversas actividades costeras.

Los científicos también advierten que algunas especies invasoras podrían transportar parásitos o microorganismos resistentes a temperaturas elevadas, incrementando los riesgos asociados al cambio climático.
Entre los puertos considerados más expuestos figuran Yeda (Arabia Saudita), Bombay (India), Colombo (Sri Lanka), Singapur, Alejandría (Egipto), El Pireo (Grecia), Algeciras (España) y Róterdam (Países Bajos), debido a la intensa conexión comercial con la región.
Impacto sobre los propios buques.
La acumulación de organismos marinos también perjudica el funcionamiento de las embarcaciones.
La presencia de percebes, algas y otros invertebrados aumenta la resistencia al avance del barco, obligando a consumir más combustible.

Según el estudio, una simple película biológica puede incrementar el consumo entre un 2% y un 5%, mientras que una fuerte bioincrustación podría elevarlo hasta un 25%.
La importancia de una respuesta internacional.
Los investigadores consideran que limpiar completamente los miles de barcos antes de que abandonen la región será extremadamente difícil por cuestiones logísticas y operativas.
Por ello, proponen que exista una coordinación internacional para inspeccionar y limpiar las embarcaciones en los puertos de destino, utilizando tecnologías que permitan retirar los organismos sin liberarlos nuevamente al agua.
