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Crisis migratoria (Venezuela): crece el riesgo de fuga de talentos.

Un estudio estima que el 4,48% de la población adulta venezolana todavía tiene deseos de abandonar el país. Cerca de 250.000 personas ya tendrían un plan concreto para hacerlo durante los próximos 12 meses, con un nivel educativo superior al promedio nacional.

La intención de emigrar continúa siendo una realidad en Venezuela pese a la mejora de las expectativas económicas registrada durante 2026.

Un estudio de ANOVA Policy Research estima que 889.702 adultos venezolanos, equivalentes al 4,48% de la población adulta, manifiestan deseos de emigrar.

El dato adquiere especial relevancia porque casi tres de cada diez personas que quieren abandonar el país ya cuentan con un plan concreto para hacerlo.

En términos absolutos, unas 249.268 personas estarían preparando su salida durante los próximos 12 meses.

El fenómeno genera preocupación por su posible impacto sobre el mercado laboral y la recuperación económica venezolana.

El perfil de quienes planean emigrar muestra, además, un nivel de formación superior al promedio de la población.

Las personas que tienen un proyecto concreto de emigración registran, en promedio, 12,05 años de educación, frente a los 10,49 años correspondientes al promedio nacional.

Esto significa que una nueva ola migratoria podría afectar de manera desproporcionada al capital humano disponible dentro del país.

El informe estima que, si todas las personas que actualmente tienen deseos de emigrar finalmente abandonaran Venezuela, el país perdería aproximadamente 8,75 millones de años de educación acumulados, equivalente al 5,05% de su capital humano.

En un escenario más inmediato, limitado a quienes ya tienen planes concretos para emigrar, la pérdida sería de unos 2,61 millones de años de educación, equivalente al 1,51% del acervo educativo.

El fenómeno se produce después de un período de fuerte deterioro del mercado laboral venezolano.

Entre 2015 y 2021, la crisis económica provocó una reducción significativa de la fuerza laboral y una salida especialmente importante de trabajadores calificados.

Durante ese período, Venezuela perdió millones de años de escolaridad y experiencia laboral acumulada.

La cantidad de trabajadores con educación superior también se redujo de forma considerable, debilitando las capacidades productivas necesarias para una eventual recuperación.

Ahora, pese a una mejora de las expectativas económicas, la intención de emigrar continúa presente.

El porcentaje actual es inferior al registrado en 2025, cuando alcanzaba el 4,98% de la población adulta, pero la reducción todavía no resulta suficiente para eliminar el riesgo de una nueva pérdida de trabajadores y profesionales.

Las posibilidades concretas de emigrar también están relacionadas con las redes familiares.

Entre quienes desean salir del país y tienen familiares en el exterior, la proporción que cuenta con un plan definido es significativamente mayor que entre quienes no tienen familiares fuera de Venezuela.

El estudio también advierte sobre las características del empleo.

Para una parte de los trabajadores, los ingresos obtenidos dentro del país no representan una garantía suficiente de estabilidad económica y pueden incluso facilitar la preparación logística de una eventual salida.

El desafío para Venezuela no se limita entonces a evitar una nueva ola migratoria, sino a generar condiciones capaces de retener profesionales, mejorar los salarios, crear empleos productivos y atraer nuevamente a parte de la diáspora.

La recuperación económica, según el análisis, dependerá en buena medida de que el país pueda transformar las mejores expectativas en oportunidades concretas.

De lo contrario, la salida continua de personas en edad laboral y con mayor nivel educativo podría convertirse en uno de los principales obstáculos para reconstruir su capacidad productiva.