INFORME MÉDICO
Antidepresivos y peso: por qué algunos fármacos pueden influir en el cuerpo
Algunos antidepresivos pueden favorecer el aumento de peso, pero su impacto varía en cada persona. Expertos explican cómo influyen estos fármacos en el organismo y qué factores considerar para minimizar sus efectos.
El tratamiento con antidepresivos es una herramienta clave para combatir la depresión, pero ciertos medicamentos pueden tener efectos secundarios, entre ellos el aumento de peso. Si bien no todas las personas experimentan esta situación, existen fármacos más propensos a generar cambios en el metabolismo y el apetito.
Entre los antidepresivos que podrían favorecer el aumento de peso se encuentran:
Antidepresivos tricíclicos como amitriptilina, nortriptilina, imipramina y doxepina.
Inhibidores de la monoaminooxidasa como la fenelzina.
Paroxetina, un inhibidor selectivo de la recaptación de serotonina.
Mirtazapina, un antidepresivo atípico asociado con cambios en el peso corporal.
El aumento de peso durante un tratamiento antidepresivo no siempre está vinculado directamente al fármaco. Factores como la mejora del estado de ánimo y la recuperación del apetito pueden influir en la ingesta de alimentos. Asimismo, el envejecimiento y el sedentarismo pueden contribuir al cambio en el peso corporal.
Si una persona experimenta un aumento de peso significativo, es fundamental consultar con un profesional de la salud. En algunos casos, ajustar la dosis, cambiar de medicamento o complementar con hábitos saludables puede marcar la diferencia. Adoptar una dieta equilibrada y mantener actividad física regular pueden ayudar a controlar los efectos secundarios de los antidepresivos.
La elección del antidepresivo adecuado debe considerar no solo su eficacia para tratar la depresión, sino también sus posibles efectos secundarios. Es recomendable evaluar el historial familiar, los síntomas específicos, la presencia de otras enfermedades y la posible interacción con otros medicamentos.
Aunque los antidepresivos no curan la depresión, su uso controlado y supervisado puede mejorar significativamente la calidad de vida de quienes los necesitan. Trabajar en conjunto con un médico permitirá encontrar la mejor alternativa para cada caso, priorizando tanto la salud mental como el bienestar físico.