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Yayoi Kusama: falleció a los 97 años la artista que convirtió los lunares en un fenómeno mundial.

La creadora de las emblemáticas “Salas de Espejos Infinitos” murió en Tokio. Su consagración llegó después de una infancia traumática, problemas de salud mental, discriminación y prolongados períodos de anonimato, en una vida atravesada tanto por la adversidad como por una extraordinaria capacidad creativa.

Yayoi Kusama falleció a los 97 años y dejó una trayectoria de más de siete décadas, durante las cuales transformó vivencias profundamente personales en un lenguaje visual que terminó conquistando museos, galerías y espacios públicos alrededor del planeta.

Nacida el 22 de marzo de 1929 en Matsumoto, Japón, creció en un entorno familiar complejo y abusivo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, siendo todavía muy joven, trabajó en una fábrica militar cosiendo paracaídas destinados al Ejército Imperial japonés.

Desde la infancia experimentó además vívidas alucinaciones pobladas de puntos, flores y patrones repetitivos.

Aquellas visiones, inicialmente asociadas a momentos de padecimiento, terminaron incorporándose a sus creaciones y dieron origen a algunos de los elementos que décadas más tarde harían inconfundible su estilo.

Su recorrido tampoco fue sencillo en el ambiente artístico.

Como mujer asiática que buscaba abrirse camino en circuitos predominantemente occidentales, enfrentó discriminación, dificultades económicas y años de escasa notoriedad.

Su posterior consagración adquirió una dimensión particular frente a los obstáculos personales y profesionales que debió superar.

Tras una breve formación en pintura tradicional “nihonga” en Kioto, comenzó a explorar otros lenguajes, con especial interés por la abstracción y los patrones reiterativos.

De esa búsqueda surgirían, entre otras expresiones, sus célebres “Redes Infinitas”.

Un intercambio epistolar con la artista estadounidense Georgia O’Keeffe contribuyó a impulsar una decisión determinante en su carrera.

En 1957 abandonó Japón y viajó a Estados Unidos; luego de una primera etapa en Seattle, se instaló en Nueva York, en pleno auge del pop art.

En esa ciudad amplió considerablemente los límites de su trabajo.

Además de pinturas y esculturas, incursionó en instalaciones, literatura, cine y performances.

Durante la década de 1960 adquirió notoriedad por sus “happenings”, intervenciones públicas y manifestaciones antibelicistas, desde las cuales abordó también asuntos relacionados con la igualdad de género y los derechos de las personas homosexuales.

Aunque compartió aquella escena con figuras como Andy Warhol y Donald Judd, durante años permaneció relativamente al margen de los grandes espacios de reconocimiento.

Su propuesta despertaba atención e incluso ejercía influencia sobre otros creadores, pero la aceptación plena demoraría varias décadas.

Una de sus acciones más provocadoras ocurrió en 1968, cuando dirigió una carta abierta al entonces Presidente estadounidense Richard Nixon y le formuló una singular propuesta de carácter sexual a cambio de poner fin a la guerra de Vietnam.

A comienzos de los años 70 regresó a su país y paulatinamente se apartó de la vida pública.

En 1977 ingresó voluntariamente en un hospital psiquiátrico de Tokio, donde continuó residiendo mientras sostenía una intensa rutina creativa en un estudio cercano.

Luego de más de una década alejada de los principales focos culturales, hacia finales de los años 80 comenzó una importante revalorización de su legado.

Una retrospectiva realizada en Nueva York en 1989 contribuyó decisivamente a devolver sus trabajos a la consideración del público occidental.

Otro punto de inflexión llegó en 1993, cuando representó oficialmente a Japón en la Bienal de Venecia.

La participación encerraba una historia singular: 27 años antes había irrumpido extraoficialmente en ese mismo encuentro con 1.500 esferas espejadas desplegadas frente al Pabellón Italiano, que intentó vender a USD 2 cada una hasta que intervinieron las autoridades.

La creciente valoración de su trayectoria tuvo también su correlato en el mercado.

En mayo de 2022, “Sin título (Redes)” alcanzó casi USD 10,5 millones en una subasta.

Durante 2023, sus piezas comercializadas en diferentes plazas internacionales sumaron aproximadamente USD 190,5 millones.

Las calabazas monumentales y, especialmente, las “Salas de Espejos Infinitos” acercaron su universo a millones de visitantes. Mediante espejos, luces y formas reiteradas, estas instalaciones generan espacios inmersivos que parecen extenderse sin límites y terminaron convertidas en uno de los símbolos más populares de su carrera.

Mientras varios de sus contemporáneos de la escena neoyorquina perdieron presencia cultural con el paso del tiempo, Kusama recorrió el camino inverso: su popularidad continuó creciendo durante sus últimos años y alcanzó a generaciones muy posteriores a la suya.

Su influencia trascendió ampliamente los ámbitos tradicionales de exhibición. Las colaboraciones con Louis Vuitton, el documental “Kusama: Infinity” y la apertura en 2017 de un museo dedicado a su obra en Tokio ampliaron todavía más el alcance de su figura.

La noticia de su fallecimiento se dio a conocer públicamente hace pocas horas, aunque el deceso se había producido el pasado 14 de agosto en un hospital de Tokio.

La creadora se mantuvo activa y continuó pintando prácticamente hasta el final de su vida.

Tras conocerse su muerte, el galerista David Zwirner la definió como “la artista viva más famosa del mundo”.

Los lunares que alguna vez formaron parte de sus visiones infantiles terminaron convertidos en una identidad universal.

Después de atravesar adversidades personales, problemas de salud mental y largos años lejos de la consagración, Yayoi Kusama consiguió transformar parte de aquellas experiencias en un lenguaje propio y dejó una huella singular en la historia del arte contemporáneo.

Imágenes: Getty + Folgar M.