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Falleció Enrique Bacigalupo: referente universal del Derecho Penal.
El jurista hispano-argentino falleció este jueves 16 de julio en Madrid, a los 88 años. Magistrado del Tribunal Supremo de España durante casi un cuarto de siglo, docente, investigador y autor de obras de referencia, su influencia atravesó universidades, tribunales y generaciones enteras de penalistas.
El jurista Enrique Bacigalupo Zapater, una de las voces más influyentes del Derecho Penal contemporáneo en el espacio iberoamericano, falleció este jueves 16 de julio en Madrid a los 88 años.
Su muerte provocó una profunda conmoción en ámbitos judiciales y académicos, donde era reconocido tanto por la solidez de su pensamiento como por una vocación docente que mantuvo prácticamente hasta el final de su vida.
Nacido en Buenos Aires en 1938, desarrolló una trayectoria que enlazó Argentina, Alemania y España. Se graduó en Derecho en la Universidad de Buenos Aires en 1960 y obtuvo allí el Doctorado en Derecho y Ciencias Sociales en 1970.
Años después volvió a doctorarse en la Universidad Complutense de Madrid, ante las dificultades administrativas para validar su formación previa.
Su vida profesional estuvo marcada tempranamente por la convulsión política argentina. Fue profesor de Derecho Penal en la UBA y se desempeñó como Procurador del Tesoro de la Nación entre 1973 y 1974.
La persecución de la organización parapolicial Triple A y el clima de violencia de aquellos años lo obligaron a abandonar el país. Primero recaló en Alemania, donde enseñó en la Universidad de Bonn, y más tarde se instaló definitivamente en España.
DEL EXILIO A LA CÚSPIDE JUDICIAL ESPAÑOLA
Ya radicado en Madrid, Bacigalupo combinó el trabajo académico con funciones de alta responsabilidad institucional.
Fue letrado del Tribunal Constitucional, catedrático de Derecho Penal y, desde 1987, miembro de la Sala Segunda del Tribunal Supremo de España, dedicada a los asuntos penales.
Permaneció en ese órgano hasta 2011.
Durante sus 24 años en el máximo tribunal intervino en expedientes de enorme repercusión pública. Entre ellos se encontraron el proceso por el envenenamiento masivo con aceite de colza, el caso Filesa, investigaciones vinculadas con los GAL y el denominado caso Sogecable. Su paso por la magistratura coincidió con una etapa de consolidación democrática y profunda transformación del sistema penal español.
Más allá de la notoriedad de aquellas causas, su contribución principal estuvo en la incorporación de una mirada rigurosa sobre la teoría del delito, la culpabilidad, la imputación, el dolo, la tentativa, la autoría y los límites constitucionales del poder punitivo.
Bacigalupo defendía una concepción humanista del Derecho Penal y advertía sobre su expansión como herramienta de respuesta frente a conflictos sociales. Su obra insistió en que el castigo estatal debía permanecer sometido a garantías, principios de legalidad y controles propios de un Estado de Derecho.
UNA OBRA QUE CRUZÓ FRONTERAS
Su producción académica se convirtió en material de consulta habitual en facultades y tribunales de América Latina y Europa. Entre sus libros más conocidos se encuentran Derecho Penal. Parte General, Lineamientos de la teoría del delito, El debido proceso penal, La renovación de la dogmática penal y trabajos posteriores vinculados con responsabilidad empresarial y compliance.
La base bibliográfica reúne numerosos artículos suyos sobre casación penal, igualdad ante la ley, prescripción, delitos económicos, jurisprudencia, seguridad jurídica y Derecho Penal europeo, una amplitud temática que refleja la dimensión de su producción intelectual.
Su pensamiento tuvo un papel relevante en la recepción y adaptación de la dogmática penal alemana en España y América Latina. Esa labor no consistió únicamente en trasladar conceptos, sino en discutirlos y adecuarlos a marcos constitucionales y realidades jurídicas diferentes.
MAESTRO HASTA SUS ÚLTIMAS SEMANAS
Quienes compartieron seminarios y actividades con Bacigalupo resaltaron, tras conocerse su fallecimiento, que continuó enseñando hasta pocas semanas antes de morir.
Durante décadas dirigió espacios de formación en Madrid y construyó una extensa red de discípulos, colegas y especialistas que reconocían en él una referencia intelectual.
Su estilo docente era exigente, pero abierto a la discusión. Más que imponer conclusiones, promovía el análisis de los fundamentos, la confrontación de argumentos y el estudio permanente de la jurisprudencia.
Ese magisterio quedó simbolizado en el libro homenaje Dogmática y Ley Penal, publicado en 2004 con trabajos de numerosos juristas, una señal del alcance que su pensamiento había adquirido mucho antes del cierre de su carrera.
RECONOCIMIENTOS Y REGRESO AL EJERCICIO PROFESIONAL
Bacigalupo recibió distinciones académicas en distintos países. Entre ellas, doctorados honoris causa otorgados por universidades de Perú y Argentina. La Universidad de Buenos Aires, donde inició su formación y su docencia, también lo reconoció como uno de sus juristas destacados.
Tras dejar el Tribunal Supremo continuó vinculado al Derecho desde la actividad profesional. En esa etapa participó en defensas de alto perfil público, entre ellas la del futbolista Lionel Messi y su padre en una causa por fraude fiscal en España.
Su regreso al ejercicio privado no significó un alejamiento de la enseñanza. Por el contrario, mantuvo conferencias, publicaciones y seminarios, reafirmando una identidad construida entre los tribunales y las aulas.
UN LEGADO PARA LA JUSTICIA Y LA ACADEMIA
La muerte de Enrique Bacigalupo cierra una de las trayectorias más relevantes del Derecho Penal iberoamericano de las últimas décadas.
Su historia personal quedó atravesada por el exilio, la reconstrucción profesional y la llegada a una de las máximas responsabilidades judiciales de España.
Permanecen sus sentencias, sus libros y una escuela formada a lo largo de más de medio siglo.
Su legado continuará presente en la discusión sobre hasta dónde puede llegar el poder de castigar, cuáles deben ser sus límites y de qué manera el Derecho Penal puede convivir con la libertad, la dignidad humana y las garantías democráticas.