SOLIDARIDAD
Legado que continúa (Maldonado): la Asociación Dr. Enrique Pérez Morad celebró sus primeros 10 años.
La tradicional Cena Anual colmó la Escuela Superior de Alta Gastronomía de UTU, en la Parada 12 de la Mansa en Punta del Este, durante una celebración que reunió una década de compromiso comunitario, memoria y acompañamiento. El encuentro incluyó un homenaje musical y renovó el llamado a fortalecer el diagnóstico, la adherencia terapéutica y el abordaje libre de prejuicios.
La Asociación Civil Dr. Enrique Pérez Morad celebró su Cena Anual Solidaria en la Escuela Superior de Alta Gastronomía Dr. Pedro Figari de UTU, ubicada en la Parada 12 de Playa Mansa, en Punta del Este.
La convocatoria estuvo enmarcada en el Día Nacional de Respuesta al VIH, que Uruguay conmemora cada 29 de julio, y adquirió este año un significado especial al coincidir con los primeros 10 años de trayectoria de la institución.
En diálogo con Cadena del Mar, la Dra. Mary Araújo destacó la respuesta de socios, amigos y colaboradores, que volvió a superar las previsiones de los organizadores.
“Estuvimos desbordados de amigos y de socios, como todos los años. Lo hicimos ahí para tener un lugar más grande y resulta que también nos desbordó nuevamente; quedó lista de espera”, relató.
La convocatoria, explicó, volvió a reunir expresiones provenientes de distintos ámbitos de la comunidad, desde vínculos familiares y profesionales hasta referentes sociales y políticos, en una noche concebida fundamentalmente como espacio de encuentro.
“Es un honor para nosotros. Hay representación de todos los niveles de nuestra sociedad en cada Cena Anual”, valoró.
UN HOMENAJE MUSICAL CARGADO DE MEMORIA
Uno de los momentos más emotivos de la jornada llegó con la presentación de una composición inédita dedicada al Dr. Enrique Pérez Morad.
Araújo destacó que el cantante y amigo José de León presentó públicamente una canción escrita, musicalizada e interpretada especialmente en memoria del médico, como una deuda afectiva que mantenía con quien había compartido numerosos momentos personales y familiares.
“Él decía que le debía ese regalo a su amigo”, recordó Araújo, quien describió la velada como una instancia atravesada por el cariño de quienes continúan vinculados a la obra que dejó Pérez Morad.
La organización fue constituida en 2016, un año después del fallecimiento del reconocido médico internista e infectólogo.
Surgió principalmente por iniciativa de pacientes, colegas y amigos que buscaron prolongar una tarea marcada por la solidaridad, la orientación sanitaria y el acompañamiento frente a situaciones de vulnerabilidad.
En mayo de este año, la Junta Departamental de Maldonado reconoció formalmente esa década de labor social y comunitaria.
UNA RED HUMANA QUE ATRAVESÓ DIEZ AÑOS
Aquella distinción realizada en el Legislativo Departamental permitió dimensionar la amplitud de los vínculos que fueron sosteniendo el proyecto desde sus comienzos.
La Comisión Directiva estuvo representada entonces por su Presidenta, Inés Fernández; la Vicepresidenta, Mary Araújo; la Secretaria, Aracely Soba; y la Tesorera, Silvia Barragán.
También acompañaron autoridades nacionales y departamentales, antiguos pacientes, profesionales de la salud, docentes, amigos y familiares.
Durante aquel homenaje, Araújo reservó un agradecimiento especial para quienes permanecieron cerca de la institución en distintas etapas.
Entre ellos mencionó a la familia del fallecido Dr. Moisés Salgado Moreira, representada por su viuda e hijas; a la familia Sanabria Barrios; a profesionales que colaboran de manera honoraria; a la Dra. Graciela López; y al Edil Javier Ramírez, impulsor del reconocimiento legislativo.
También estuvo presente la familia Pérez Araújo, junto a numerosos fundadores y allegados.
La institución amplió progresivamente su radio de acción. A partir de una fuerte raíz vinculada a infectología y VIH, incorporó tareas de orientación sanitaria, apoyo comunitario, acompañamiento a personas que atraviesan procesos de recuperación de adicciones, acciones vinculadas a salud mental y un banco solidario que facilita sillas de ruedas y otros implementos ortopédicos.
EL DESAFÍO YA NO ES SOLO MÉDICO
La Cena Anual también volvió a colocar sobre la mesa el sentido original de la fecha.
Para Araújo, los avances científicos modificaron profundamente el pronóstico de quienes reciben un diagnóstico positivo y acceden de manera adecuada al tratamiento.
La asignatura pendiente, sostuvo, continúa estando en las barreras culturales que alejan a muchas personas de los controles y de la continuidad terapéutica.
“El VIH se transmite, pero se puede vivir una vida larga y saludable. La ciencia avanzó muchísimo y hoy se considera una enfermedad crónica”, explicó.
Su planteo coincide con la información epidemiológica más reciente del Ministerio de Salud Pública. El organismo estima que alrededor de 17.000 personas viven con VIH en Uruguay y que 16.118 conocen su diagnóstico. Durante 2025 fueron notificados 739 nuevos casos en el territorio nacional.
Maldonado registró 62 nuevos diagnósticos durante ese período, con una tasa de 28,60 cada 100.000 habitantes, ubicándose entre los departamentos con mayor incidencia del país junto con Artigas, Salto, Flores y Montevideo.
El reporte oficial también señala que la vía sexual representó el 99,68% de las notificaciones con información disponible en 2025. A diciembre de ese año había 13.033 personas bajo tratamiento antirretroviral y 10.883 habían alcanzado una carga viral indetectable.
El MSP recuerda que una persona que mantiene esa condición gracias al tratamiento no transmite el virus por vía sexual, principio sintetizado como “Indetectable = Intransmisible”.
“Lo que no hemos resuelto como sociedad es no tener estigmas, no condenar, no juzgar. Tenemos que comprender para que las personas concurran, hagan su tratamiento, no tengan prejuicios y tengan adhesión”, remarcó Araújo.
La conmemoración nacional del 29 de julio recuerda la fecha en la que, en 1983, fue diagnosticado el primer caso de VIH en Uruguay.
Más de cuatro décadas después, el acceso temprano al test, la continuidad de los controles y la eliminación de la discriminación permanecen entre los componentes centrales de la respuesta sanitaria.