EXCLUSIVO
Santi Borches (OVO Night Club): “Fue la experiencia más linda que me tocó vivir”.
El exrelacionista público de Enjoy Punta del Este recordó cómo nació el proyecto que transformó la noche del principal punto turístico del país, destacó el trabajo silencioso de quienes estuvieron detrás de cada celebración y compartió la emoción de despedir, después de 13 años, un espacio que dejó una huella imborrable en varias generaciones.
El cierre definitivo de OVO Night Club no fue solamente el final de una discoteca: también significó la despedida de una etapa clave en la historia reciente de la noche de Punta del Este.
Durante 13 años, el espacio ubicado en Enjoy Punta del Este reunió fiestas, artistas, turistas, clientes habituales, trabajadores y generaciones que lo transformaron en una referencia ineludible del entretenimiento regional.
Para Santiago Borches Bertani, ex RRPP de Enjoy Punta del Este e integrante del equipo de OVO, la última noche tuvo una carga emocional difícil de explicar. No se trataba únicamente de apagar las luces de un boliche, sino de cerrar una historia construida entre madrugadas, vínculos, esfuerzo y pertenencia.
“Fueron sentimientos encontrados, sobre todo el sábado. Entrar y ver que ya no vamos a tener ese lugar fue difícil. Ahí tenía compañía, tenía amigos. Compartimos 13 años de cosas juntos. Se cerró un ciclo y hay que vivir con ello”, expresó en una extensa entrevista con Cadena del Mar.
La relación de Borches con el complejo comenzó mucho antes de OVO. Hace 24 años ingresó al hotel y, con el paso del tiempo, su experiencia en la noche de Punta del Este lo llevó a integrarse a un proyecto que buscaba abrir un nuevo capítulo dentro del entonces Hotel Conrad.
El inicio, según recordó, tuvo algo de intuición, confianza y conversación mano a mano. Una reunión con Javier Azcurra en el Supermercado Devoto terminó siendo el punto de partida de una historia que marcaría más de una década.
“Una tarde Javi me llamó para juntarnos. Tuvimos una reunión, mano a mano, y empezamos a hablar sobre de qué manera yo podía formar parte de OVO y en qué podía ayudar. Yo le expliqué que no venía tanto de la música electrónica, sino de boliches más vinculados al cachengue. Ahí empezamos a intercambiar ideas”, relató.
El desafío no era menor. Había que construir una propuesta nocturna dentro de un hotel casino, cuidar el perfil del lugar y, al mismo tiempo, derribar cierta distancia que parte del público local sentía frente al complejo.
“Sabíamos que no era lo mismo un boliche en Punta del Este que una discoteca dentro del Conrad. Teníamos jugadores, clientes del casino y otro tipo de público. Había que cuidar el lugar, pero también hacerle entender a la gente de Maldonado, Punta del Este y Montevideo que podía venir, disfrutar y sentirse parte”, señaló.
Esa fue, precisamente, una de las primeras tareas de Borches: acercar OVO al público del departamento, a los jóvenes de distintas localidades y también a quienes miraban el lugar con cierta lejanía.
“Mucha gente decía: ‘¿Qué voy a ir a un boliche en el Conrad, con lo caro que deben ser los tragos o las entradas?’. Desde ahí traté de sumar, por los años que tenía en la noche de Punta del Este. La idea era mostrar que se podía ir, que era para disfrutar, que era un lugar abierto, pero con algo distinto”, explicó.
El primer gran punto de inflexión llegó con el Pachangón, una fiesta que nació casi como una apuesta y terminó convertida en símbolo. El equipo tuvo poco más de una semana para trabajarla, convocar público y darle forma a una propuesta diferente dentro de una discoteca que, en aquel momento, todavía buscaba consolidar su identidad.
“Todo pasó muy rápido. Cuando surgió el primer Pachangón tuvimos poco más de una semana para organizarlo. Yo en esa época no vendía tanto por redes sociales como se hace ahora. Lo hacía más desde mi forma de ser, tratando de sumar amigos, gente del departamento, de Montevideo, de Piriápolis y de Pan de Azúcar”, recordó.
La expectativa inicial era moderada. La realidad terminó superando cualquier cálculo.
“Pensábamos en una fiesta de 700 u 800 personas. Pero cuando llegó ese sábado fue una locura. Mirábamos hacia afuera, me acuerdo de la limusina abajo, y la gente seguía llegando. Fue un éxito”, afirmó.
Con el tiempo, OVO encontró una fórmula propia. No fue únicamente una pista, un escenario o una sucesión de eventos. Su crecimiento se apoyó en un trabajo colectivo que muchas veces quedaba fuera de la mirada del público, pero que resultaba indispensable para que cada noche funcionara.
Borches insiste en ese punto: la fiesta que se veía desde afuera era apenas la parte visible de un engranaje mucho más grande.
“La gente escuchaba la música, observaba las luces y la fiesta, pero detrás había un enorme trabajo de muchas áreas del Hotel. Para mí era fundamental que no se involucraran solamente marketing - relaciones públicas. También estaban producción de contenido, steward, amas de llaves, áreas públicas y muchos sectores más. Todos empujaban, todos hablaban de OVO y ayudaban a que creciera”, destacó.
Ese espíritu de integración, aseguró, fue una de las claves que permitió sostener el proyecto durante tantos años.
“Se trabajaba a pulmón. Cualquier cosa que pedíamos, una luz, una idea, un cambio, se conversaba. Siempre estábamos pensando qué podíamos hacer para recibir mejor a la gente, para darle otro entretenimiento al hotel y al casino”, sostuvo.
El equipo estableció una dinámica propia, marcada por la confianza, la creatividad y la necesidad de reinventarse. En ese proceso aparecen nombres que Borches menciona con afecto: Rodrigo Arango, Javier Azcurra, Javier Daqua, Matías Carreño, Juancho Gutiérrez y tantos trabajadores que, desde distintos lugares, empujaron el crecimiento de OVO.
“Podíamos tener desacuerdos, como pasa en todos lados, pero siempre se sostuvo un grupo humano muy lindo. La unión que había era brutal”, subrayó.
La llegada de artistas internacionales y DJs de primer nivel terminó de consolidar el prestigio del boliche. Para quienes trabajaban desde adentro, aquellas noches exigían otra escala de producción: pedidos técnicos, luces, fuegos fríos, coordinación precisa y una atención especial a cada detalle.
“Cuando venía Bob Sinclar u otros DJs internacionales, era algo que no podías creer. Había que adaptar cosas, ver luces, fuegos fríos, pedidos de producción. Era muy lindo vivirlo desde adentro”, rememoró.
Sin embargo, al momento de elegir una imagen entre tantas madrugadas, Borches no se queda con la noche más grande ni con el nombre más famoso. Vuelve al origen.
“Si cierro los ojos, se me viene el primer Pachangón. Me acuerdo de la decoración que había hecho Mati Carreño. Era algo distinto. Había que hacerle entender a la gente que iba a fiestas electrónicas que esa noche se iba a encontrar con música movida, con reggaetón, con otro clima”, indicó.
A partir de allí, OVO amplió su propuesta e incorporó formatos que antes parecían difíciles de imaginar dentro de ese espacio. Grupos como Los Fatales, Dáme 5 y Márama, entre otros, pasaron a formar parte de una programación que supo combinar electrónica, música popular, fiestas temáticas y entretenimiento de alto impacto.
“Empezamos a sumar grupos de música, cosas que antes no se pensaban. Se hicieron y fueron un éxito. Fueron 13 años de muchas noches fuertes, salvo la pandemia y una etapa posterior en la que se optó por no abrir todos los sábados por los costos. OVO siempre tuvo una respuesta enorme”, valoró.
La despedida, en cambio, tuvo otro pulso. No fue una noche más. El público lo sabía, el equipo también. Las mesas se agotaron rápidamente y el clima interno estuvo atravesado por una mezcla de celebración y tristeza.
“La última noche fue muy especial desde temprano. Desde relaciones públicas siempre entregábamos QR de cortesía. Esta vez hubo mucho respeto. La gente sabía que era la despedida. Las mesas se vendieron enseguida, no duraron ni dos días”, contó.
Antes de que la fiesta terminara, hubo palabras, abrazos y emociones compartidas entre quienes habían construido esa historia desde adentro.
“Javi Azcurra y Javier Daqua estaban emocionados. Después me abracé con Juancho. Nosotros somos todos muy amigos, tenemos una relación grande de amistad”, manifestó.
En esa memoria también aparecen quienes sostuvieron la noche desde lugares menos visibles, pero igual de decisivos.
“No me gusta nombrar porque siempre podés olvidarte de alguien, pero quiero mencionar a Wilder, de seguridad. También fue parte. Éramos todos una sola persona. Abríamos, cerrábamos, nos apoyábamos y, cuando había un problema, lo resolvíamos entre todos. Eso también fue OVO”, expresó.
La última madrugada tuvo para Borches un límite íntimo. No esperó al cierre final. Prefirió retirarse antes de que la emoción lo desbordara.
“No te voy a mentir: a las 04:00 horas me fui. No era el alcohol ni nada de eso. Era un tema de sentimientos encontrados. Sabía que después iban a venir fotos, abrazos y saludos, y preferí irme tranquilo. Me fui contento de haber cumplido y de haber respetado lo que OVO significaba para mí”, confesó.
Esa noche también le dejó una imagen familiar que resume, quizá mejor que cualquier cifra, el paso del tiempo. Cuando comenzó en OVO, su hijo era un niño. En la despedida, lo acompañó como adulto joven.
“Mi hijo tenía 7 años cuando empecé en OVO y en la última noche me acompañó con 20. Ahí entendí todo el tiempo que había pasado. Fue un momento muy especial”, dijo.
Para Borches, el legado de OVO excede largamente el calendario de fiestas o la lista de artistas que pasaron por su cabina. Lo que quedó, sostiene, es una marca emocional asociada a Punta del Este, a sus veranos y a una forma de vivir la noche.
“Yo pienso que OVO va a ser la discoteca más importante que hubo en Punta del Este y en la región. Es como cuando hablás de fútbol y decís Uruguay, y aparece Suárez. Si hablás de la noche, vas a hablar siempre de OVO”, afirmó.
El ex RRPP reconoce la importancia de otros boliches y clubes que también dejaron huella, pero entiende que OVO logró algo diferente: instalarse en el lenguaje, en las costumbres y en la memoria compartida.
“La gente misma lo hizo grande. Había canciones que hablaban de ir a festejar a OVO, stickers, frases como ‘hoy es noche de Ovito’. Se formaron parejas, se separaron parejas, nacieron criaturas y cambiaron generaciones”, resumió.
La idea de que los más jóvenes ya no puedan vivir esa experiencia le provoca una mezcla de nostalgia y gratitud. OVO cerró sus puertas, pero no desaparece de las historias de quienes lo disfrutaron, lo trabajaron o lo eligieron como punto de encuentro.
“Siento una mezcla de gracia y tristeza porque quienes hoy empiezan a salir ya no van a poder vivir lo que fue OVO. Para mí, fue la discoteca más importante que tuvo Punta del Este y, me animaría a decir, la región”, expresó.
Al imaginar qué diría OVO si pudiera hablarles a todos los que pasaron por su pista, Borches eligió una palabra simple, pero cargada de sentido.
“Gracias”, respondió.
Y enseguida completó:
“Gracias por la confianza y gracias por disfrutarlo”.