arrasando
"La Asistenta": el triunfo del cine provocador en Neftlix.
Con una mezcla calculada de morbo, sangre, desnudos y autoparodia, La asistenta, la nueva película de Paul Feig (director de Cazafantasmas, 2016), se presenta como uno de los fenómenos cinematográficos más ambiguos —y adictivos— del año.
Basada en la novela homónima de Freida McFadden (2022), un éxito editorial de aeropuerto, "La Asistenta" explota todos los tópicos del thriller doméstico barato, para luego burlarse de ellos con descaro.
Y lo logra: no solo entretiene, sino que desafía al espectador a preguntarse: ¿es esta una de las peores películas de los últimos tiempos? ¿O precisamente por eso es una de las mejores?
Un artefacto posmoderno con corazón pop
Desde los primeros minutos, la cinta genera incomodidad. Tanto que varios críticos abandonaron la sala durante la proyección de prensa. Entre el estupor y la vergüenza ajena, parecía imposible redimir tanto exceso: diálogos grotescos, escenarios minimalistas hasta lo ridículo, personajes arquetípicos y una puesta en escena que coquetea con el softcore.
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Pero ahí está la trampa: todo es intencional.
Paul Feig sabe exactamente qué tiene entre manos. No busca hacer una obra maestra del séptimo arte, sino una sátira hiperrealista: como esos thrillers psicológicos en donde todo gira en torno a mujeres bellas, relaciones tóxicas, secretos oscuros y planos lentos de tacones sobre mármol.
Sydney Sweeney: la estrella que desnuda más que su cuerpo
El centro del fenómeno es Sydney Sweeney, quien encarna a Millie Calloway, una joven aparentemente frágil que acepta trabajar como asistenta en casa de una pareja aparentemente perfecta. Pero detrás de cada sonrisa hay una mentira, y tras cada escena de desnudo, una declaración de intenciones.
Sweeney ha convertido su imagen pública en un acto político del cuerpo: el desnudo ya no es exhibicionismo, sino herramienta narrativa. Aquí, sus escenas no seducen; interrogan.
¿Estamos viendo a una víctima o a una estratega? ¿A una mujer manipulada o a una manipuladora?
Junto a ella, Amanda Seyfried brilla como Nina Winchester, la esposa ciclotímica cuya fachada de perfección se resquebraja con cada ataque de ira. Su marido, interpretado por Brandon Sklenar, es la caricatura del hombre rico y musculoso.
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Una casa llena de clichés (por diseño)
Todo en La asistenta está pensado para parecer falso: los ventanales enormes, las paredes vacías con cuadros de decoración barata, los shorts ajustados, el jardinero con aire amenazante.
El mensaje entre las grietas
Bajo capas de exageración, La asistenta plantea una pregunta real: ¿hasta dónde estamos dispuestos a fingir normalidad en una relación tóxica? Sus protagonistas no son humanos creíbles, sino arquetipos: la asistenta, la esposa loca, el marido narcisista, el jardinero peligroso. Y justamente así, funcionan mejor.
¿Una obra maestra? No.
¿Una de las películas más interesantes del año? Absolutamente.