ACCESO A LAS COSAS
Esteban Cabrera (PN): “Los jóvenes tenemos cara de pobres”; señaló ejemplificando en base a estadísticas.
El Edil nacionalista puso el foco en las dificultades económicas que atraviesa una parte de la población de menor edad, especialmente para acceder a vivienda, alimentación, servicios y transporte. Advirtió que la frustración derivada de no cubrir necesidades básicas también debe incorporarse a la discusión sobre salud mental.
El edil Esteban Cabrera planteó ante la Junta Departamental de Maldonado la necesidad de observar la realidad de la juventud a partir de datos sobre empleo, ingresos y costo de vida, con especial atención a las consecuencias que las dificultades materiales pueden generar en la vida cotidiana.
Antes de su intervención, el representante del Partido Nacional explicó a Cadena del Mar que buscó apartarse de las percepciones construidas únicamente desde los círculos personales y analizar cifras que permitieran conocer con mayor amplitud qué ocurre entre las personas de 14 a 24 años, franja utilizada por el Instituto Nacional de Estadística (INE) para determinados indicadores del mercado laboral.
“Quería tener conocimiento de los números reales, porque a veces nos movemos en algún círculo donde estamos un poco sesgados. Quise saber qué está pasando con asuntos como vivienda y trabajo, y cómo eso también afecta a la salud mental”, explicó.
Entre los datos que tomó como referencia, wl nacionalista citó informes del Instituto Cuesta Duarte sobre trabajadores con ingresos sumergidos.
Durante la entrevista mencionó una estimación de aproximadamente 512.000 ocupados que perciben menos de $ 25.000 líquidos mensuales, considerando una jornada equivalente a 40 horas semanales.
Dentro de ese escenario, hizo especial énfasis en la incidencia que los bajos salarios tienen entre los menores de 25 años.
“Entre esos trabajadores, cuando miramos a los jóvenes, el 52% no llega a los $ 25.000. Básicamente estamos diciendo que los jóvenes tenemos cara de pobres”, afirmó.
Ante la contundencia de la expresión, Cabrera aclaró inmediatamente que no pretendía utilizarla de manera estigmatizante, sino describir las dificultades que, a su entender, afronta una parte importante de esa generación para sostenerse económicamente.
“No lo digo de forma estigmatizante. Lo que pasa es que no llegamos a fin de mes, está complicadísimo. Obviamente, con 20 o 22 años uno no pretende cobrar un salario exorbitante, pero por lo menos debería acceder a un salario digno”, sostuvo.
El dirigente señaló que la problemática no puede atribuirse a una única causa.
Mencionó el nivel de crecimiento económico, las oportunidades laborales, la formación y las diferencias que existen entre Montevideo, Maldonado y otros puntos del interior.
Incluso con estudios terciarios, afirmó, obtener una remuneración que permita alcanzar rápidamente una autonomía económica continúa siendo complejo.
El curul utilizó su propia experiencia como docente de la educación pública y la de personas de su entorno para ilustrar esa realidad.
“Maldonado tiene una ventaja por el turismo, el consumo y la inversión. En verano los más jóvenes tenemos posibilidades de trabajar, pero en otros departamentos, donde hay poca inversión privada, es muchísimo más difícil”, indicó.
Sin presentar al departamento como una excepción a los problemas nacionales, consideró que el dinamismo económico local genera oportunidades que no siempre se reproducen con la misma intensidad en otras zonas del país.
SALARIO, VIVIENDA Y FRUSTRACIÓN
Hacia el final del intercambio, el legislador departamental profundizó en la relación que pretende establecer entre las condiciones económicas y el bienestar emocional.
Señaló que el debate sobre salud mental suele concentrarse en sus manifestaciones más visibles, pero entiende necesario analizar también factores cotidianos capaces de generar presión sostenida.
En ese punto mencionó otra franja de ingresos, comprendida entre $ 25.000 y $ 35.000 mensuales, en la que, según las cifras que manejó para preparar su exposición, se encuentra aproximadamente un 26% de los jóvenes considerados en el análisis.
“No son los salarios más sumergidos, es cierto, pero seamos serios: no alcanza para nada”, afirmó.
Cabrera enumeró las dificultades que pueden surgir cuando esos recursos deben cubrir simultáneamente alquiler, alimentación, energía eléctrica, agua y transporte.
“Hay gurises que no llegan a pagarse un alquiler para una vivienda digna, les cuesta pagar la luz, el agua, conseguir alimentos o trasladarse. Todo eso genera frustración”, expresó.
Para el Edil, esa acumulación de obstáculos merece formar parte de una mirada más amplia sobre el bienestar emocional de las nuevas generaciones, evitando reducir el debate únicamente a sus consecuencias.
“Quería hablar de asuntos que a veces no son tan visibles y que pegan fuerte. Cuando no se puede acceder durante mucho tiempo a cosas básicas, esa frustración termina afectando a la persona”, concluyó.