GENERACIONES
Natalidad (Uruguay): 11% de las mujeres jóvenes y 8% de los hombres no tienen ni proyectan tener hijos.
Casi 40% de quienes iniciaron o completaron estudios universitarios todavía no tiene hijos y pretende postergar la maternidad o paternidad. El fenómeno trasciende el retraso en la edad para formar una familia y abre nuevas interrogantes sobre los cambios generacionales en nuestro país; tal cual surge del informe realizado por nuestro colega periodista Tomer Urwicz para El Observador.
Una tendencia que durante los últimos años era interpretada principalmente como un aplazamiento de la maternidad y la paternidad comienza a mostrar una dimensión diferente en Uruguay: entre los sectores de menor edad existe un grupo que no solamente demora la decisión, sino que directamente descarta la descendencia de sus planes futuros.
Los datos corresponden a una encuesta desarrollada por El Observador junto a académicos de la Universidad de la República (UDELAR), con participación de la Unidad de Métodos y Acceso a Datos (UMAD) de la Facultad de Ciencias Sociales y del docente de Estadística Juan Pablo Ferreira.
Entre las mujeres de 18 a 24 años, 11% respondió que no tiene hijos y tampoco piensa tenerlos más adelante. En los hombres de la misma franja etaria, la proporción alcanza 8%.
El investigador Fernando Filgueira, uno de los coordinadores de la UMAD, considera que los hallazgos deben analizarse con cautela y profundizarse mediante nuevos estudios.
Sin embargo, entiende que permiten plantear como hipótesis una transformación sociológica que ya no estaría circunscripta exclusivamente a las mujeres; tal cual surge del informe realizado por nuestro colega periodista Tomer Urwicz para El Observador.
El especialista señaló que la tendencia a retrasar la llegada de los hijos también aparece entre los varones y recurrió a una expresión deliberadamente gráfica para describir lo observado: planteó la posibilidad de una “huelga de vientres y de penes con intenciones reproductivas”.
El escenario adquiere otra perspectiva al observar el comportamiento reciente de la natalidad.
En 2013, las uruguayas tenían su primer hijo, en promedio, a los 24 años.
A su vez, más de la mitad de la caída de los nacimientos registrada después de 2016 se explica por la disminución de los embarazos adolescentes y juveniles.
Hasta hace relativamente poco tiempo, tener descendencia —o al menos imaginarla como parte del futuro— constituía una pauta ampliamente extendida.
Los nuevos datos introducen otra interrogante: si una parte de las generaciones actuales está dejando de considerar la maternidad o paternidad dentro de su proyecto de vida, en lugar de limitarse a trasladarla hacia edades posteriores.
Filgueira explicó que anteriormente las interpretaciones se concentraban principalmente en las mujeres, debido a las consecuencias que la maternidad puede generar sobre las trayectorias laborales y educativas, además de la mayor carga histórica de tareas domésticas y cuidados no remunerados.
El panorama permite contemplar una realidad más amplia.
Entre las posibles explicaciones aparece que las parejas suelen tener hoy edades más próximas entre sí que en otras épocas y que los hombres han comenzado a asumir mayores corresponsabilidades vinculadas a la crianza y al funcionamiento familiar, obligaciones que anteriormente recaían de manera predominante sobre las mujeres.
El sociólogo, quien retornó a su función en el Fondo de Población de las Naciones Unidas tras haber trabajado en la encuesta, remarcó que todavía existen numerosos aspectos por comprender.
También advirtió sobre los riesgos de abordar la discusión desde posiciones apocalípticas o ideologizadas que puedan vulnerar derechos y reivindicó la evidencia como elemento central para interpretar esta realidad.
Si las preferencias detectadas se mantienen con el paso del tiempo, las nuevas generaciones podrían llegar al final de su etapa reproductiva con una proporción de mujeres sin hijos superior a la observada actualmente entre quienes se encuentran próximas a culminar ese período.
Las causas relacionadas con la reducción de la natalidad, de todos modos, son diversas.
Cuando se consultó por qué en Uruguay se tienen menos hijos, casi dos tercios de los participantes señalaron la falta de recursos económicos.
La interpretación de esa respuesta cambia al considerar la formación alcanzada.
Especialistas del Programa de Población sostienen que las experiencias internacionales basadas exclusivamente en incentivos económicos por hijo no han conseguido resultados satisfactorios.
Los países que obtuvieron mejores desempeños apostaron, en cambio, por generar condiciones que permitan formar la familia deseada en el momento elegido, mediante políticas de cuidados, licencias y educación.
El proceso responde asimismo a transformaciones sociales de largo plazo.
Décadas atrás, la descendencia podía constituir un componente de la supervivencia económica familiar, especialmente en contextos donde los hijos continuaban trabajando las tierras y desarrollando las actividades productivas de sus antecesores.
Ese modelo fue perdiendo peso a medida que avanzaron las tecnologías, aumentó la productividad y las nuevas generaciones buscaron superar las condiciones de vida de quienes las precedieron.
Paralelamente, la incorporación de las mujeres al mercado laboral y a la educación superior fortaleció otras aspiraciones personales, mientras disminuyó la influencia de determinadas normas sociales y religiosas asociadas históricamente a las familias numerosas.
Estas transformaciones contribuyen a explicar por qué una importante cantidad de países ha experimentado una reducción en el número de hijos y un desplazamiento hacia edades posteriores del primer nacimiento.
En Uruguay también incidió la disminución de embarazos no deseados o no planificados entre adolescentes y jóvenes en situaciones de mayor vulnerabilidad.
La educación sexual y el acceso a anticonceptivos de larga duración aparecen entre los factores relacionados con ese descenso.
La formación académica continúa marcando diferencias.
Cerca de 40% de quienes comenzaron o completaron estudios universitarios no tiene hijos y pretende aplazar su llegada.
Entre aquellos que alcanzaron Primaria completa como máximo nivel educativo, esa proporción desciende a 16%.
La investigación integra un sistema de monitoreo de la opinión pública desarrollado por El Observador, la UMAD de la Facultad de Ciencias Sociales de la UDELAR y Juan Pablo Ferreira.
El proyecto emplea encuestas anónimas y no probabilísticas que permiten realizar inferencias mediante modelos alternativos.
De acuerdo con sus responsables, la información obtenida se destina exclusivamente a fines académicos y periodísticos, sin recibir respaldo de empresas ni de actores políticos.
La iniciativa procura innovar en la aplicación de nuevos modelos de investigación social, contribuir a la generación de conocimiento y elaborar contenidos periodísticos independientes.
La muestra utilizada para este relevamiento quedó conformada por 3.325 personas que participaron de manera voluntaria.
Imagen ilustrativa: Cadena del Mar