Salud infantil

Obesidad infantil (IMC): un nuevo criterio podría cambiar el diagnóstico.

Una investigación internacional sobre más de 786.000 personas plantea reducir el peso del índice de masa corporal como único indicador y poner el foco en las consecuencias que el exceso de grasa tiene sobre la salud de cada niño y adolescente.

Un estudio realizado por investigadores del Instituto de Investigación Infantil Murdoch, en Australia, puso en discusión uno de los criterios más utilizados para diagnosticar la obesidad: el índice de masa corporal, conocido como IMC.

La investigación, publicada en eClinicalMedicine, analizó información de 786.557 personas de siete países y comparó los diagnósticos obtenidos mediante los parámetros tradicionales con una nueva definición propuesta por la Comisión Lancet.

El nuevo enfoque plantea diferenciar entre obesidad clínica y obesidad preclínica. La primera se establecería cuando existe un exceso de grasa corporal acompañado de alteraciones o problemas concretos en el funcionamiento de órganos, tejidos o actividades cotidianas. La segunda describiría a personas que presentan un exceso de grasa pero todavía no manifiestan esas complicaciones.

En el caso de niños y adolescentes, las diferencias son especialmente importantes. De acuerdo con el estudio, la aplicación de los nuevos criterios ubicaría la obesidad clínica entre el 2,1% y el 4,9% de los menores analizados, mientras que los criterios convencionales basados en el IMC considerarían obesos a entre el 7% y el 10,8%.

Esto significa que el nuevo sistema podría reducir aproximadamente a la mitad la cantidad de menores considerados clínicamente obesos, al exigir evidencia de que el exceso de grasa ya está afectando su salud.

Los investigadores advierten, sin embargo, que esto no significa que los niños que dejarían de ser clasificados como obesos no tengan riesgos. La categoría de obesidad preclínica busca precisamente identificar a quienes presentan un mayor riesgo de desarrollar enfermedades en el futuro y requieren seguimiento y prevención.

La discusión también pone en evidencia una limitación conocida del IMC: el indicador relaciona peso y altura, pero no permite determinar por sí solo cuánto de ese peso corresponde a grasa ni cuál es su impacto sobre el organismo. La Comisión Lancet sostiene que el diagnóstico debe incorporar información sobre la distribución de la grasa y sus efectos sobre los órganos y tejidos.

Para la infancia y la adolescencia, la detección temprana resulta particularmente relevante. La obesidad puede mantenerse durante la vida adulta y aumentar el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2, enfermedades cardiovasculares, hipertensión y otras patologías crónicas. La Organización Mundial de la Salud estima que en 2024 unos 170 millones de niños y adolescentes de entre 5 y 19 años vivían con obesidad.

El nuevo criterio todavía requiere más investigación antes de convertirse en un estándar universal. Los propios autores señalaron que las bases de datos utilizadas no contaban con información completa sobre todos los parámetros necesarios para aplicar la nueva definición.

La propuesta, por lo tanto, no implica simplemente cambiar un número en una tabla de crecimiento. Plantea una modificación más profunda: pasar de considerar únicamente cuánto pesa un niño en relación con su altura a evaluar cómo ese exceso de grasa está afectando —o podría afectar— su salud.