RECLAMO
Vecina de Tio Tom (Maldonado): “Somos más de 200 afectados y no podemos circular por las calles; el agua está estancada desde noviembre y nunca termina de drenar”.
Silvina Suárez relató en La Mañana en Cadena que el agua permanece estancada desde noviembre, faltan luminarias y varios accesos a la playa resultan inaccesibles para adultos mayores, personas con discapacidad y familias con niños.
Más de 200 vecinos de Tio Tom reclaman una intervención integral ante el deterioro de la red vial, la acumulación prolongada de agua, la ausencia de desagües adecuados, las deficiencias del alumbrado público y las dificultades para acceder a la playa.
Silvina Suárez, nacida y criada en la zona, describió este martes 28 de julio en La Mañana en Cadena una realidad que, según sostuvo, condiciona la vida cotidiana de numerosas familias.
La residente señaló que uno de los puntos más comprometidos se encuentra en calle Golfo San Jorge y sus intersecciones, donde un pozo de grandes dimensiones permanece cubierto de agua desde noviembre de 2025. La superficie anegada ocupa buena parte de la calzada y obliga a peatones y conductores a buscar recorridos alternativos.
“Somos más de 200 personas afectadas. No podemos caminar con normalidad, sacar la basura ni atravesar algunas esquinas sin ingresar en el césped de otros terrenos. Para pasar en vehículo, en determinados momentos, prácticamente se necesita una camioneta 4x4”, afirmó.
El problema repercute especialmente sobre adultos mayores, personas con movilidad reducida, familias con bebés y jóvenes que utilizan bicicletas para desplazarse. Suárez relató que su padre presenta una discapacidad y que, en la misma cuadra, reside una persona que utiliza silla de ruedas.
“Las condiciones actuales impiden transitar con seguridad. Tampoco se puede avanzar con los carritos de los niños ni con bicicletas, porque las calles próximas a la costa están cubiertas de pozos y barro”, explicó.
AGUA ACUMULADA Y DESAGÜES INSUFICIENTES
La vecina sostuvo que el nivel desciende parcialmente cuando disminuyen las precipitaciones, aunque nunca llega a desaparecer por completo durante esta época del año. El paso constante de los vehículos transforma el terreno en una superficie fangosa y agrava el deterioro.
“El agua está allí desde noviembre y nunca termina de drenar. A veces baja un poco, pero continúa alcanzando la parte inferior de los automóviles. Cuando llegamos a nuestras casas, los vehículos quedan cubiertos de barro”, relató.
Suárez aseguró que incluso sufrió desperfectos en los frenos de su automóvil después de circular reiteradamente por los sectores afectados. La profundidad de algunos charcos y la falta de visibilidad sobre el estado del pavimento aumentan, según advirtió, el riesgo de daños y maniobras imprevistas.
La última intervención importante que recuerda en ese sector ocurrió en agosto de 2023, cuando se colocó balasto y se construyeron canaletas frente a varias viviendas. Sin embargo, afirmó que los trabajos no corrigieron el origen de la problemática.
“Las canaletas quedaron sin una salida efectiva. Se llenan, el agua se deteriora y aparecen mosquitos, insectos, ranas y todo tipo de animales. Como no existen pluviales adecuados, termina desbordando nuevamente hacia la vía pública”, señaló.
GESTIONES QUE COMENZARON EN 2018
Los vecinos aseguran haber presentado numerosos planteos ante la Intendencia de Maldonado, tanto de manera presencial como mediante comunicaciones telefónicas.
Entre los antecedentes mencionados por Suárez figuran expedientes iniciados en 2018 por el estado de las arterias y las carencias del alumbrado.
La entrevistada recordó, además, reclamos identificados con los números 01231 y 01232, cuyos resultados, según indicó, no se tradujeron en soluciones permanentes.
“Fuimos personalmente varias veces y también realizamos llamados. Muchos trabajamos durante todo el día y no siempre podemos concurrir dentro del horario de atención, pero los planteos fueron hechos y están documentados”, expresó.
A pesar de la continuidad de las gestiones, la residente afirmó que la única respuesta visible fue la intervención ejecutada en 2023, cuyos efectos resultaron limitados frente a un problema que reaparece con cada período de lluvias.
OSCURIDAD Y PREOCUPACIÓN POR LA SEGURIDAD
La falta de luminarias constituye otro de los ejes del planteo. Durante el invierno, quienes salen temprano hacia sus empleos deben recorrer tramos completamente oscuros para llegar a las paradas del transporte colectivo.
“Salimos con botas y linternas porque todavía no amaneció y no se ve prácticamente nada. Caminar así genera miedo e inseguridad”, manifestó.
Ante la ausencia de iluminación suficiente, algunos propietarios instalaron focos en sus viviendas. No obstante, Suárez advirtió que los dispositivos colocados en sitios accesibles también quedan expuestos a hurtos.
En paralelo, numerosas familias incorporaron sistemas particulares de videovigilancia para observar los movimientos en el entorno de sus propiedades.
“Casi todos terminamos colocando cámaras. En los últimos tiempos comenzaron a desaparecer objetos y no tuvimos otra alternativa que asumir nosotros mismos esa inversión”, sostuvo.
Si bien no se han registrado ingresos de agua al interior de las viviendas, la entrevistada explicó que ello responde principalmente a la elevación natural de varios terrenos y a la presencia de taludes.
“En algunas propiedades el agua llega hasta la primera parte del predio. Las casas de la esquina no se inundan porque están ubicadas a mayor altura; de lo contrario, la situación sería mucho más grave”, advirtió.
BARRERAS PARA LLEGAR A LA PLAYA
Las dificultades también alcanzan los accesos costeros. De acuerdo con la versión aportada a Cadena del Mar, tres bajadas próximas al barrio presentan obstáculos que impiden su utilización por personas con discapacidad, adultos mayores o familias que concurren con niños pequeños.
Dos de los ingresos atraviesan directamente la duna, mientras que el acceso cercano al puesto de guardavidas cuenta con una pasarela corta y escalones deteriorados.
“Hay escalones rotos, no existe una baranda y después aparece una duna de grandes dimensiones. No hay una rampa que permita ingresar con una silla de ruedas ni condiciones apropiadas para una persona mayor”, describió.
La bajada considerada más accesible se encuentra a seis o siete cuadras, lo que obliga a muchas familias a desplazarse en automóvil.
Suárez agregó que ese punto no cuenta con presencia permanente de guardavidas, circunstancia que incrementa la preocupación entre los habitantes.
Su padre, según relató, solicitó en diferentes oportunidades la instalación de una pasarela que facilitara el acceso de personas con dificultades motrices, pero hasta ahora el planteo no obtuvo una respuesta concreta.
ORGANIZACIÓN Y REGISTRO DE CADA EPISODIO
La comunidad mantiene un grupo de comunicación permanente en el que comparte fotografías, videos y alertas sobre el estado de los caminos.
Cuando se anuncian precipitaciones intensas, los propios residentes informan cuáles son las esquinas que quedaron bloqueadas o presentan mayores riesgos.
“Nos avisamos entre nosotros porque sabemos que hay lugares por los que directamente no podremos pasar. Con lluvias fuertes, la situación puede empeorar en pocas horas”, explicó Suárez.
El planteo reúne carencias viales, ambientales, lumínicas y de accesibilidad que, según los vecinos, se arrastran desde hace varios años.