CERO EN CONVIVENCIA
Perros sueltos (Maldonado): ataques a majadas preocupan a los productores rurales.
La expansión de las chacras de fin de semana plantea nuevos desafíos para quienes trabajan en el campo. Animales domésticos que permanecen sin supervisión ingresan a predios vecinos, atacan ovejas y corderos y ocasionan pérdidas económicas.
La presencia de perros sueltos en las zonas rurales de Maldonado genera una preocupación que trasciende la tenencia irresponsable de mascotas.
Para quienes se dedican a la producción ovina, un animal que deambula sin control puede convertirse, en cuestión de horas, en una amenaza directa para sus majadas.
La situación está vinculada, entre otros factores, al crecimiento de las denominadas chacras de fin de semana y de pequeñas propiedades adquiridas por personas que mantienen su residencia habitual en áreas urbanas.
El problema aparece cuando algunos propietarios llevan perros a esos predios, los dejan circular libremente y luego regresan a la ciudad sin asegurar una supervisión permanente. Esa práctica desconoce las particularidades del entorno y los riesgos que supone para los establecimientos vecinos.
En medio de esa convivencia quedan los campos productivos y sus animales.
Los perros pueden atravesar alambrados, recorrer grandes distancias e ingresar a otras propiedades. Una vez allí, el instinto de persecución puede llevarlos a correr y atacar ovejas, incluso cuando no tengan antecedentes de comportamiento agresivo.
Uno de los casos más recientes ocurrió en la zona de Camino Los Ceibos. Cadena del Mar se comunicó con el productor Walter Martín Viera, quien relató lo sucedido en dos campos de su propiedad.
Según explicó, los predios se encuentran separados por aproximadamente dos kilómetros y, en una misma noche, los perros ingresaron a ambos y provocaron la muerte de varias ovejas y corderos recién nacidos.
El episodio vuelve a poner sobre la mesa una dificultad que los productores conocen desde hace tiempo, pero que adquiere nuevas características con la expansión de viviendas y chacras de descanso en áreas tradicionalmente vinculadas a la actividad agropecuaria.
Dejar un perro sin control en el medio rural implica riesgos específicos. Puede desplazarse cientos de metros o varios kilómetros, cruzar distintos predios y llegar a establecimientos con majadas, aves de corral u otros animales de producción.
En Uruguay, el artículo 125 del Código Rural, aprobado por la Ley N.º 10.024, contempla expresamente determinadas situaciones relacionadas con perros ajenos dentro de los establecimientos.
La disposición reconoce a los propietarios u ocupantes el derecho a matar perros ajenos que encuentren en sus poblaciones o cerca de sus ganados cuando no acompañen ni sigan a sus dueños. También incluye los casos en que, aun acompañándolos, se separen para hacer daño o mezclarse con el ganado y molestarlo.
El mismo artículo establece que los daños y perjuicios ocasionados por los perros deberán ser indemnizados por sus dueños, con una determinación del importe conforme al procedimiento previsto en el artículo 47.
Las consecuencias de estos ataques no se limitan a la pérdida inmediata de ejemplares. Las ovejas pueden sufrir heridas, abortos, estrés y otras alteraciones que repercuten posteriormente en la producción.
En el caso relatado por Viera, el impacto fue especialmente significativo porque también afectó a corderos recién nacidos, en una etapa particularmente sensible del ciclo productivo ovino.
Durante el contacto con nuestra emisora, el productor puso el foco en otra circunstancia que, según señaló, se repite en diferentes puntos del departamento: propietarios que desconocen las características de la vida rural y las consecuencias de dejar a sus mascotas sin vigilancia.
A ello se suma una dificultad concreta para determinar responsabilidades. Cuando un perro es encontrado atacando una majada, identificar a su dueño no siempre resulta sencillo. Puede provenir de una propiedad cercana y regresar después, mientras la persona responsable desconoce durante horas o días dónde estuvo.
Para quien trabaja en el campo, sin embargo, el perjuicio es tangible: animales muertos, ejemplares heridos, pérdida de corderos y costos que se agregan al esfuerzo cotidiano de sostener una explotación ovina.
Esta realidad plantea una discusión sobre la convivencia entre el crecimiento residencial en el medio rural y las actividades que históricamente se desarrollan en esas zonas.
Maldonado atraviesa desde hace años un proceso de expansión de pequeñas propiedades, chacras de descanso y emprendimientos alejados de los centros urbanos. Así, comparten territorio quienes buscan un espacio de recreación y quienes tienen allí su lugar de trabajo y sustento.
Lo sucedido en los establecimientos de Walter Martín Viera constituye una advertencia sobre un problema que puede agravarse si no existe mayor conciencia acerca de la responsabilidad de tener animales domésticos en ese contexto.
En el campo, las consecuencias de que un perro cruce un alambrado pueden extenderse mucho más allá del ingreso a una propiedad ajena. La persecución de una majada durante horas puede transformar una noche en pérdidas que comprometan meses o incluso años de trabajo.
La preocupación de los productores apunta a prevenir nuevos episodios y transmitir un mensaje a quienes se instalan en estas áreas: tener una chacra también implica asumir las responsabilidades de convivir con un entorno productivo.