FAUNA MARINA
Francisca (Piriápolis): la ciudad celebró el primer año de su vecina más especial.
El cumpleaños de la elefanta marina convocó hoy domingo 11 de octubre a recordar una historia que movilizó a vecinos y voluntarios. El encuentro tuvo lugar en la Playa Accesible, donde el cariño por el animal estuvo acompañado de un mensaje de respeto a la vida silvestre.
Piriápolis celebró hoy domingo 11 de octubre el primer aniversario del nacimiento de Francisca.
La actividad se desarrolló en la Playa Accesible, sobre la rambla de los Argentinos y Atanasio Sierra, con una convocatoria que comenzó a las 11.00 horas.
“Francisca vino a nuestras costas y nos enseñó la importancia de cuidar, respetar y amar la vida silvestre”, expresaba la invitación.
Ese fue el espíritu del festejo dedicado a la cría que la comunidad adoptó simbólicamente como una vecina más.
Su nacimiento, el 11 de octubre de 2025, marcó un acontecimiento excepcional: fue el primero documentado de un elefante marino en las costas uruguayas.
La presencia de su madre, Alma, y el desarrollo de la pequeña despertaron interés y motivaron un seguimiento coordinado entre organismos públicos, especialistas y organizaciones de protección de fauna.
Los voluntarios tuvieron un papel importante durante aquellos meses, acompañando su permanencia en la playa y promoviendo una convivencia respetuosa con quienes se acercaban a observarla.
Entre ellos estuvo Mónica Boni Pastorino, quien posteriormente escribió “Alma y Francisca. Un milagro de amor”.
El libro recogió aquella experiencia y el vínculo que se generó alrededor de ambas, llevando la historia de la costa a las páginas.
El seguimiento continuó después de sus primeras incursiones en el mar.
En agosto de este año, Richard Tesore, referente de SOS Fauna Marina, confirmó a Cadena del Mar que Francisca había sido identificada en el puerto de Punta del Este y se encontraba en buen estado.
La noticia representó una satisfacción para quienes habían colaborado en su protección.
Un año después de aquel nacimiento, el encuentro en Piriápolis recuperó ese lazo comunitario y el mensaje que acompañó su historia desde el comienzo: querer a un animal silvestre también implica respetar su espacio y permitirle vivir en libertad.