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Violencia sin precedentes (Francia): más de 1.200 detenidos, edificios incendiados y el Presidente promete castigos.

Una multitudinaria movilización contra el encarecimiento de la vida y las deficiencias de los servicios públicos terminó con saqueos, importantes destrozos y 150 efectivos de seguridad heridos. El Gobierno atribuye parte de los incidentes a sectores de extrema izquierda, mientras la oposición cuestiona la actuación policial.

Francia vivió hoy sábado 17 de octubre una jornada de profunda tensión social.

Cientos de miles de personas salieron a las calles de distintas ciudades del país europeo, en medio de manifestaciones que, en varios puntos, terminaron con enfrentamientos, incendios y cuantiosos daños materiales.

El Presidente Emmanuel Macron condenó los hechos y advirtió que quienes participaron en los actos vandálicos deberán responder ante la Justicia. Aunque reconoció el derecho a manifestarse, sostuvo que ninguna reivindicación puede justificar la destrucción de bienes públicos o privados.

El conflicto se intensificó a partir del malestar estudiantil por las condiciones de enseñanza, tal cual había adelantado Cadena del Mar (106.5 F.M.) oportunamente.

Según el Ministerio del Interior francés, unas 550.000 personas participaron en las movilizaciones, mientras que los organizadores estimaron una concurrencia superior a 800.000.

La mayoría de las concentraciones transcurrió pacíficamente, aunque determinados grupos protagonizaron episodios de extrema gravedad.

Uno de los sucesos más impactantes ocurrió en Limoges, ciudad del centro de Francia, donde individuos encapuchados ingresaron al Ayuntamiento y provocaron un incendio que destruyó buena parte del edificio, inaugurado en 1883.

Las llamas ocasionaron el derrumbe del techo sobre los pisos inferiores y comprometieron seriamente su estructura histórica.

En París, varios vehículos fueron incendiados y numerosos comercios resultaron saqueados, mientras los enfrentamientos callejeros obligaron a desplegar importantes operativos de seguridad.

También se registraron destrozos en dependencias oficiales y espacios públicos de Marsella, Lyon, Burdeos y otras localidades.

El Primer Ministro Sébastien Lecornu confirmó que las detenciones superaron las 1.200 personas y que 150 policías y gendarmes sufrieron lesiones.

Al referirse a la intensidad de los ataques, consideró prácticamente milagroso que las consecuencias personales no fueran todavía más graves.

Por su parte, el Ministro de Justicia, Gérald Darmanin, reclamó una respuesta judicial firme e instruyó a las Fiscalías para que solicitaran prisión preventiva en los casos de agresiones contra funcionarios policiales, bomberos e instalaciones estatales.

La crisis también profundizó las diferencias políticas.

El Ejecutivo señaló a grupos de ultraizquierda y a individuos que aprovecharon las marchas para cometer delitos.

Desde la oposición, Jean-Luc Mélenchon, referente de La Francia Insumisa, cuestionó los procedimientos policiales y responsabilizó al Gobierno por el deterioro del clima social.

Entre los hechos que generan especial preocupación figura el de un adolescente de 17 años que perdió una mano en Saint-Étienne, en circunstancias relacionadas con una granada utilizada durante los operativos.

El caso permanece bajo investigación para determinar cómo se produjo la lesión.

Las movilizaciones también contaron con la participación de integrantes de los denominados chalecos amarillos, movimiento surgido en 2018 como reacción al incremento de los combustibles y que posteriormente amplió sus demandas económicas y sociales.

Con las elecciones presidenciales de 2027 en el horizonte, los acontecimientos incrementan la tensión institucional.

Noticia en desarrollo.

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