CELESTIAL Y TERRENAL

Papa León XIV (Barcelona): "Perdonar significa no dejar que el odio sea dueño de nuestro corazón".

Durante una exposición realizada en la iglesia de San Agustín, en España, el Sumo Pontífice compartió una reflexión sobre el perdón y su impacto en la vida cotidiana. El mensaje combina una mirada espiritual con enseñanzas aplicables a los desafíos humanos de cada día. El pasado 12 de junio concluyó el viaje apostólico y su mensaje continúa recorriendo el mundo.

En una época atravesada por tensiones, heridas personales y debates sobre valores, el Papa León XIV formuló en España una reflexión sencilla en su formulación, pero profunda en su alcance: perdonar no supone negar el daño recibido ni permitir que una situación injusta continúe.

Durante una de sus intervenciones en Barcelona, el Pontífice enunció: "Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien ni dejar que alguien siga haciendo daño. No significa olvidar por la fuerza como si nada hubiera pasado. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón".

La enseñanza se aleja de una visión ingenua o voluntarista. Por el contrario, plantea el perdón como una decisión interior que busca impedir que el resentimiento domine la vida de una persona.

Desde esa perspectiva, León XIV vinculó el perdón con la posibilidad de recuperar la paz y sanar heridas profundas.

"Jesús nos pide perdonar porque es la única manera de experimentar la paz de Dios y de sanar heridas, heridas espirituales. Cuando perdonamos, imitamos el ejemplo de Jesús que perdonó a quienes lo crucificaban", fundamentó.

Para los creyentes, el mensaje conserva además una dimensión espiritual central: la disposición a perdonar al prójimo aparece vinculada al perdón que cada persona espera recibir de Dios.

"Nuestra disposición para perdonar es condición para el perdón que recibimos de Dios", afirmó.

Más allá de la fe que cada lector profese, lo pronunciado en Iglesia de San Agustín invita a repensar el perdón como una forma de liberación interior.

No borra el pasado ni minimiza el daño padecido, pero propone evitar que el odio y el rencor se transformen en el eje de la vida cotidiana.

El pasado 12 de junio concluyó el viaje apostólico y su mensaje continúa recorriendo el mundo.