ATMÓSFERA

Huracanes (Atlántico): octubre comienza sin ninguno por una combinación poco habitual.

El Niño, la fuerte cizalladura del viento y el ingreso de polvo sahariano están dificultando la formación de sistemas más intensos, pese a que las aguas se mantienen cálidas.

La temporada ciclónica del Atlántico llegó a octubre con una particularidad poco frecuente: aunque ya se formaron tormentas tropicales, ninguna alcanzó todavía la categoría de huracán, que requiere vientos sostenidos de al menos 118 kilómetros por hora.

El escenario llama especialmente la atención porque las temperaturas del océano permanecen elevadas, una condición que normalmente favorece el desarrollo de estos fenómenos. Sin embargo, varios factores atmosféricos están contrarrestando ese efecto.

Uno de los principales es El Niño, que modifica la circulación y favorece una mayor cizalladura vertical del viento. Este cambio de velocidad y dirección entre distintas capas de la atmósfera dificulta que las tormentas mantengan una estructura organizada y puedan intensificarse.

A ello se suman frecuentes incursiones de aire seco y polvo procedente del Sahara, que desde mayo han atravesado sectores donde suelen desarrollarse los ciclones tropicales, reduciendo todavía más las condiciones favorables para su fortalecimiento.

La ausencia de huracanes hasta ahora no significa que el riesgo haya terminado. La temporada se extiende hasta el 30 de noviembre y una disminución temporal de la cizalladura u otros cambios atmosféricos podrían abrir durante octubre períodos favorables para nuevas formaciones.

El contraste se observa en el Pacífico oriental, donde durante las últimas semanas se desarrollaron sistemas de mayor intensidad, entre ellos el huracán Polo, mientras otras tormentas provocaron lluvias y fuerte oleaje en zonas costeras de México.

Si el Atlántico concluyera 2026 sin registrar ningún huracán, se trataría de una situación extremadamente poco frecuente, con antecedentes históricos en 1907 y 1914, épocas en las que las capacidades de observación meteorológica eran considerablemente menores que las actuales.